Presidente Trump, le escribo con respeto, consciente de que no me va a leer. Camelia la Texana —de San Antonio— protagoniza un corrido famoso de Los Tigres del Norte, incluido en su álbum Contrabando y traición. Ella, era una mujer fuerte, apasionada, leal e independiente.
El autor del corrido, Ángel González, nació en un pueblo, Basúchil, que refleja el carácter rebelde e indómito de Camelia… y de toda la sociedad mexicana, que ningún extranjero volverá a dominar. Ubicado en la zona montañosa de Chihuahua, en 1649 fue fundado con el nombre de Villa de Aguilar como un fuerte militar para proteger misiones jesuitas.
Tres años después, el asentamiento fue destruido durante el levantamiento rarámuri encabezado por Teporaca, quien se rebeló, harto de graves injusticias cometidas por los colonizadores españoles, como la explotación laboral, inclusive la esclavitud y el despojo de tierras. Una versión en pequeño de la valiente Numancia, que jamás se rindió ante las legiones romanas.
El indomable Teporaca —como los dirigentes numantinos— decidió que la libertad de su pueblo no era negociable y unificó a las comunidades de la región para ir al combate. Los soldados españoles fueron derrotados y la Villa de Aguilar, destruida.
Una de las tantas ejemplares rebeliones mexicanas anteriores a la lucha que finalmente nos dio la independencia, que defenderemos con todo frente a quien sea que la ponga en riesgo.
Cuando el líder rarámuri fue capturado en 1653 y ejecutado por los españoles, se convirtió en símbolo de la resistencia indígena. El nuestro es un pueblo dispuesto a todo, inclusive a la inmolación, antes de soportar el dominio extranjero. Es bueno que usted lo sepa, presidente Donald Trump. Aunque creo que lo sabe: se lo recuerda casi a diario la presidenta Claudia Sheinbaum.
Por cierto, es una pena que eso lo olvide la comentocracia que arde en deseos de que EEUU “ponga orden” en México —no cualquier orden, sino el viejo orden, el del PRI y del PAN—. Se frustrarán todavía más.
La prensa mexicana lo que quiere es ver en la cúpula del poder en nuestro país a una Delcy Rodríguez, venezolana indigna que entregó las riquezas naturales de Venezuela a la potencia de Norteamérica. Eso jamás ocurrirá en México. El espíritu de Teporaca lo impedirá.
Volvamos a la historia de Camelia la Texana. Nacida en San Antonio, criada entre dos idiomas y dos culturas. Estadounidense por nacimiento, orgullosamente mexicana, de religión guadalupana y texana por accidente geográfico.
Hay millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos. ¿Recuerda usted el número, presidente Trump? En 2024 había casi 39 millones de personas de origen mexicano viviendo en su país. Algunas sufren hoy persecuciones y resisten. Su ejemplo inspira a toda nuestra nación.
¿No cree, presidente Trump, que llegó la hora de rectificar su política migratoria… y, si no fuera demasiado pedir, también su visión sobre el negocio del narco?
De migración hablaremos otro día. Hoy el tema es el narcotráfico como negocio. Porque es un negocio, sobre todo en Estados Unidos.
Camelia la Texana en algún momento conoció a Emilio Varela. La pareja estaba en Tijuana. Allí cargaron marihuana en las llantas de un coche. No la vendieron en México porque el gran negocio se da en EEUU.
Cruzaron la frontera y siguieron hacia Los Ángeles. En Hollywood entregaron la mercancía y recibieron dólares. Les pagó algún gringo emprendedor que iba a multiplicar su inversión.
La historia de Camelia sintetiza el negocio del narcotráfico. El corrido contiene, en unos pocos versos, algo que suele perderse en sus discursos, presidente Trump: que una mercancía no se convierte en un gran negocio solo porque alguien la produzca; se convierte en un gran negocio cuando hay quien la compra, la financia, lava el dinero si hablamos de actividades ilícitas y, como la producción ilegal se realiza en un país distinto al del consumidor final, arma a ejércitos de sicarios para proteger ese negocio, aunque ello implique matar a demasiada gente en la nación vecina.
Presidente Trump, usted propone acabar violentamente con todas las Camelias y todos los Emilios. No es la solución. Si mañana desaparecieran, les sustituirían otras personas.
Cuando se golpea duramente a un cártel, con fuerza militar mexicana o secuestrando —lo han hecho agentes de EEUU— a un narco de primer nivel, como el Mayo Zambada, llega otro proveedor, pero después de un baño de sangre que puede durar años, porque en la parte criminal del negocio de las drogas los cambios en la alta gerencia se dan a sangre y fuego.
En el negocio de las drogas el proveedor es sustituible, mientras que el mercado —en este caso, el estadounidense— es insustituible. Es así porque hay millones de gringos y gringas con adicciones.
Usted, presidente Trump, es un hombre de negocios. No necesito explicarle cómo funciona un mercado. Si hay compradores, habrá vendedores. Si hay mucho dinero, habrá competidores. Y si además el producto está prohibido, los márgenes son todavía mayores —y la competencia extraordinariamente violenta; pero no en su país, sino en el nuestro—.
El negocio de las drogas no comienza ni termina con los cárteles mexicanos. Estos son solo una parte de la cadena. Antes de México fue Colombia. Y si mañana desaparecieran las mafias mexicanas, otras ocuparían el espacio que dejaran. Pero Estados Unidos conservaría intacta y hasta creciente su demanda.
Presidente Trump, usted ha hablado de la necesidad de que China castigue con la pena de muerte a quienes fabriquen y trafiquen fentanilo. Pero, ¿eso acabaría con el negocio? No lo creo.
Por cierto, presidente Trump, ninguna de las sustancias ilícitas que circulan en el mercado estadounidense nació en México. Nuestro país solo aportó el nombre globalmente conocido —marihuana— de una droga que ya ni ilegal es en buena parte de Estados Unidos. Los estupefacientes más duros surgieron en la medicina y la industria farmacéutica de países desarrollados.
La cocaína procede de la hoja de coca, originaria de Sudamérica, pero en Europa y EEUU se desarrolló como producto médico y comercial. La Coca-Cola, creada en 1886, estuvo asociada con el uso de extracto de hoja de coca.
La heroína fue sintetizada en Inglaterra a partir de la morfina —aislada en Alemania— y Bayer, empresa alemana, la lanzó como medicamento en 1898. El fentanilo fue sintetizado en Bélgica en 1959. Y la metanfetamina surgió en Japón en 1893. Donde creció rápidamente la adicción a estas sustancias fue en Estados Unidos.
La cocaína y los opiáceos, presidente Trump, formaron parte durante décadas de la medicina y del comercio estadounidense legales. El opio, en su país, se importó con todas las de la ley durante más de un siglo.
Se prohibieron, sí, pero esto no acabó con la demanda: hizo más rentable el negocio ilegal. Así funciona la economía criminal, presidente Trump. El mercado más grande del mundo, el estadounidense, genera enormes incentivos para producir, financiar, transportar y distribuir drogas ilegales.
México ocupa hoy una parte de la cadena, menor en importancia en comparación con el mercado de EEUU. Pero la sociedad mexicana sufre muchísimo más la violencia asociada a la ilegalidad.
Es una maquila de sangre: una parte de la sociedad mexicana termina pagando con vidas la actividad económica cuyo mercado consumidor y las grandes ganancias se encuentran al otro lado de la frontera.
Usted, presidente Trump, no presenta completo el diagnóstico. En sus discursos sugiere que la cadena de las drogas ilegales comienza en México. Es falso. La cadena es mucho más antigua, mucho más grande y mucho más internacional. Y su pieza fundamental es el enorme mercado estadounidense.
Presidente Donald Trump, la presidenta Claudia Sheinbaum, después de escucharlo en su discurso en las Naciones Unidas, dijo que ella también podría decir: “Es muy difícil vivir junto a un país con alto consumo de drogas y producción de armas”. Pero explicó que no lo diría de esa manera porque existe amistad entre México y Estados Unidos. Usted había dicho algo similar, aunque a la inversa, lo que no podemos considerar un gesto amistoso.
Lo cierto es que resulta muy difícil para México vivir junto al más grande mercado de drogas, donde se producen tantas armas que llegan a las organizaciones criminales mexicanas.
Y vaya que resulta complicado para México combatir eficazmente a las mafias del narco si el vecino nada hace para impedir el lavado de recursos que las vuelve ricas y poderosas.
Hablemos de negocios. Mientras existan compradores en Estados Unidos, alguien intentará llevarles la mercancía ilegal. ¿De cuántos compradores estamos hablando? En 2024, 73.6 millones de estadounidenses de 12 años de edad o más consumieron durante ese año alguna droga ilícita: 64.2 millones marihuana, 4.3 millones cocaína, 2.4 millones metanfetamina y 556 mil heroína; 816 mil personas declararon haber consumido fentanilo indebidamente.
Es una enorme base de consumidores. Es el gigantesco mercado de su país, presidente Trump. ¿No cree que es hora de admitirlo y trabajar para eliminar la parte más grande del problema?




