Un teléfono celular cabe en la palma de una mano, pero en su interior reúne una pequeña colección de la tabla periódica. El litio permite almacenar energía; el silicio es fundamental para los semiconductores; el cobre, el oro y la plata están presentes en circuitos y conexiones; el indio se utiliza en las pantallas, y elementos como el neodimio permiten fabricar pequeños y potentes imanes.

Incluso el vidrio depende de elementos que normalmente no asociamos con un teléfono. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), compuestos de potasio intervienen en el proceso de fortalecimiento químico de las pantallas.

Antes de convertirse en una batería, un chip o una pantalla, estos materiales deben ser localizados, extraídos, separados y procesados.

Para el doctor Jorge Antonio Ascencio Gutiérrez, profesor e investigador del Tecnológico de Monterrey, ahí se encuentra una parte invisible de la tecnología: no basta con disponer de los elementos; también es necesario saber transformarlos.

“Si no aprendemos a procesar las tierras raras, el litio y los materiales que podemos extraer, alguien más les dará valor agregado y nos los venderá mucho más caros”, explica el experto en ciencia de materiales, nanotecnología y sustentabilidad.

Tener el mineral no significa tener la tecnología

El litio ha adquirido importancia por su capacidad para almacenar energía, mientras que las tierras raras poseen propiedades eléctricas, magnéticas y ópticas que se aprovechan en distintos componentes tecnológicos.

Ascencio insiste en distinguir entre extraer una materia prima y dominar los procesos para transformarla. China, explica, construyó una posición relevante en la industria de las tierras raras no solamente por su actividad minera, sino también por su capacidad para procesarlas y convertirlas en insumos tecnológicos.

Para México, considera, el reto es evitar que la cadena productiva termine con la extracción, una situación que, en su opinión, se ha repetido desde la conquista con la explotación del oro.

“Si nosotros no aprendemos a vender el conocimiento del proceso, vamos a seguir ‘migajeando’ en la economía mundial”, afirma.

Litio, cobre, silicio y tierras raras están detrás de los componentes que hacen posible tu celular y su tecnología. Imagen: creada con IA

Litio y potasio bajo suelo mexicano

El problema puede observarse en Zacatecas y San Luis Potosí. Desde 2009 se difundió la existencia de depósitos de litio y potasio en el semidesierto que comparten ambos estados. Hoy existen estimaciones más precisas, aunque esto no significa que esos recursos estén siendo explotados comercialmente.

La canadiense Silver Valley Metals, propietaria del proyecto Mexi-Can, reporta un complejo de salares de 4 mil 59 hectáreas entre ambos estados. De acuerdo con la compañía, estudios realizados bajo el estándar canadiense NI 43-101 estiman un recurso mineral inferido de 120 millones de toneladas de material, con concentraciones promedio de 4.6% de potasio y 380 partes por millón de litio.

Esto equivale, según la empresa, a 12.3 millones de toneladas de sulfato de potasio y 243 mil toneladas de carbonato de litio equivalente. Sin embargo, un recurso inferido es una estimación geológica y no una reserva cuya explotación comercial esté demostrada. En 2025, la empresa anunció el reinicio de sus actividades de exploración.

Mientras los celulares dependen de baterías de ion-litio, México todavía no aparece como productor minero comercial de este elemento en las estadísticas del USGS. La información disponible hasta marzo de 2026 no registra producción de litio en el país, aunque calcula recursos mexicanos de alrededor de 1.7 millones de toneladas.

Además, desde 2022 la legislación mexicana reservó al Estado la exploración, explotación, beneficio y aprovechamiento del litio, y se creó el organismo público Litio para México (LitioMx).

Producir conocimiento

Para Ascencio, antes de pensar únicamente en abrir minas es necesario determinar qué recursos existen y, paralelamente, desarrollar tecnología para procesarlos en México.

El investigador propone conectar universidades, empresas, inversionistas y productores para construir cadenas en las que el conocimiento termine convertido en productos comercializables. México quizá no pueda competir de inmediato con los principales fabricantes de semiconductores, explica, pero sí podría desarrollar materiales precursores y componentes de mayor valor que la materia prima.

“Debemos hacer una buena investigación para saber qué hay realmente antes de hacer minería, pero, en paralelo, deberíamos evaluar las condiciones para ser competitivos en la transformación”, sostiene Ascencio Gutiérrez, investigador integrante del SNII nivel III.

Detrás de la pantalla que tocamos y de la batería que recargamos existe una larga cadena de extracción, ciencia y tecnología. El desafío no consiste solamente en saber qué elementos tenemos bajo nuestros pies, sino qué somos capaces de hacer con ellos.

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