Las lluvias intensas, como sabemos quienes nos movemos por la Región Metropolitana, pueden transformar una calle en un río en cuestión de minutos. Una tormenta eléctrica puede descargar granizo sobre un barrio mientras otro, a pocos kilómetros, permanece prácticamente seco.

Los tornados, como ocurrió recientemente en Estación Central, pueden formarse y desplazarse tan rápidamente que los sistemas tradicionales de pronóstico tienen dificultades para identificar el lugar exacto donde se producirán.

Para observar estos fenómenos existe una tecnología que lleva décadas formando parte de los servicios meteorológicos de numerosos países: el radar meteorológico.

Qué es un radar meteorológico

A diferencia de una estación convencional, que registra las condiciones del tiempo en un punto determinado, o de un satélite que observa las nubes desde el espacio, el radar permite examinar lo que ocurre dentro de una tormenta, localizar las precipitaciones, estudiar su intensidad y seguir su desplazamiento.

Qué es un radar meteorológico y por qué es clave para anticipar lluvias, tormentas y tornados. Foto: Referencial.

“Un radar meteorológico emite ondas de radio que rebotan en las gotas de lluvia, el granizo y otras partículas. Esto permite detectar dónde están las precipitaciones, su intensidad y cómo se desplazan, ayudando a monitorear y anticipar fenómenos meteorológicos severos”, explica a La Tercera Raúl Cordero, climatólogo y académico de la Usach.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) considera estos instrumentos una herramienta fundamental de observación atmosférica, ya que pueden obtener información tridimensional de las precipitaciones, con resoluciones espaciales de unos pocos kilómetros cuadrados o mejores, y actualizar las mediciones en intervalos de apenas algunos minutos.

Esta capacidad resulta importante cuando una tormenta evoluciona rápidamente y el pronóstico general, elaborado con varias horas de anticipación, necesita complementarse con observaciones recientes.

Edgardo Sepúlveda, investigador e ingeniero físico de la Usach, resume la función de estos radares en simple: permiten observar dónde están las nubes, qué contienen y cómo se mueven.

Con esa información, se puede estimar dónde está lloviendo, a qué distancia y cuánto falta para que la lluvia llegue a un lugar determinado. Además, gracias a una tecnología llamada efecto Doppler, algunos radares pueden medir cómo se mueve el viento y detectar señales de fenómenos como turbulencias o circulaciones de aire asociadas a nubes que podrían generar tornados.

Los países que utilizan estos radares para los pronósticos, tienen una mejor precisión.

Y es que como los radares observan estos cambios de manera continua, permiten hacer pronósticos de muy corto plazo, de hasta tres horas. Así, es posible estimar en cuántos minutos comenzará a llover en una zona y cuánto tiempo podrían durar las precipitaciones.

Una tormenta vista desde un radar. Fuente: NOAA

Cómo funciona un radar meteorológico

Un radar meteorológico es un instrumento de teledetección que utiliza ondas electromagnéticas para localizar y analizar partículas presentes en la atmósfera, principalmente gotas de lluvia, cristales de hielo, copos de nieve y granizo.

Su nombre proviene del acrónimo inglés Radio Detection and Ranging, que significa detección y medición de distancias mediante ondas de radio.

Según Cordero, “permiten observar la evolución de las tormentas casi en tiempo real y emitir alertas con mayor anticipación. En eventos severos, puede marcar una diferencia importante, aunque no garantiza evitar los daños”.

Dice el experto que para detectar tornados, se requieren radares con capacidades específicas y una interpretación especializada. Además, no todos los radares permiten identificarlos con la misma eficacia.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) explica que, midiendo el tiempo que tarda un pulso en viajar hasta un objeto y regresar, el radar calcula su distancia. Al conocer también la dirección hacia la cual apunta la antena, puede localizar espacialmente.

La antena suele estar protegida por una estructura esférica llamada radomo, diseñada para resguardarla del viento y las precipitaciones sin impedir el paso de las ondas de radio.

El principio de funcionamiento es relativamente sencillo: una antena emite pulsos de energía que viajan por la atmósfera a la velocidad de la luz. Cuando esas ondas encuentran gotas de agua u otras partículas, una fracción de su energía se dispersa y regresa hacia el radar.

El instrumento registra las características de esa señal de retorno, conocida como eco, y utiliza procedimientos matemáticos para determinar dónde se encuentran las partículas y qué propiedades tienen.

Qué es un radar meteorológico y por qué es clave para anticipar lluvias, tormentas y tornados. Foto: Referencial.

En muchos sistemas, la antena gira horizontalmente y modifica su inclinación para explorar diferentes alturas. En lugar de obtener solamente una imagen plana, el radar realiza sucesivos barridos que permiten reconstruir un volumen de la atmósfera.

Esto significa que los meteorólogos pueden analizar cómo se distribuye una tormenta tanto horizontal como verticalmente, identificar núcleos de precipitación intensa y examinar los cambios que experimenta su estructura.

“Los radares son vitales para sistemas de alerta en el corto plazo, suficiente para alertar sobre aluviones con horas de anticipación”, asegura Sepúlveda.

Si bien los modelos atmosféricos actuales pueden anticipar una tormenta en los próximos días y hasta una semana, el radar avisa dentro de unas horas dónde y en qué preciso instante comenzará a llover y por cuánto tiempo.

“Es vital para disminuir la exposición ante potenciales aluviones e inundaciones”.

Cómo funcionan los radares meteorológicos de Sint Maarten, en el Caribe

En la parte neerlandesa de la isla Sint Maarten, en el Caribe, existe una instalación meteorológica especialmente interesante: un radar Doppler de doble polarización, ubicado en Saint Peters Hill, que fue inaugurado en 2024.

El equipo forma parte de un proyecto de cooperación entre el Gobierno de Sint Maarten y la administración de Saint-Martin, la parte francesa de la isla. Su objetivo es vigilar las precipitaciones, las tormentas tropicales y los huracanes, y mejorar las alertas meteorológicas para ambas partes de la isla y los territorios vecinos.

Qué tecnología utiliza

La Tercera pudo ver de cerca el proyecto, que utiliza un equipo WRM200, un radar Doppler de doble polarización de la empresa finlandesa Vaisala. Se trata de un sistema que utiliza ondas de radio de banda C y un transmisor de microondas para detectar precipitaciones y medir su movimiento.

Su funcionamiento combina tres capacidades:

  • Reflectividad: permite localizar las precipitaciones y estimar su intensidad.
  • Efecto Doppler: mide la velocidad radial de las partículas, es decir, su movimiento hacia el radar o en dirección contraria. Esto ayuda a analizar la circulación dentro de las tormentas.
  • Doble polarización: transmite y recibe señales con orientaciones horizontal y vertical, lo que permite distinguir mejor entre lluvia, granizo y otros tipos de partículas, además de mejorar las estimaciones de precipitación.

El proyecto de Saint Peters Hill permite detectar lluvias a distancias de hasta 300 kilómetros, y determinados fenómenos meteorológicos hasta 450 kilómetros.

Qué es un radar meteorológico y por qué es clave para anticipar lluvias, tormentas y tornados

Esto significa que, si una tormenta o un frente de lluvia fuerte se forma en el mar a 200 kilómetros de la isla, el radar no tiene que esperar a que las nubes estén encima para advertirlo.

Puede “ver” esa tormenta formándose y avanzando a cientos de kilómetros de distancia, lo que permite calcular con horas de anticipación a qué hora exacta comenzará a llover, qué tan intensa será la lluvia y dar alertas tempranas a la población.

Cómo se utiliza para vigilar huracanes

La ubicación del radar tiene una ventaja geográfica: permite observar grandes extensiones marítimas próximas a las Antillas Menores.

Cuando una tormenta tropical o un huracán se aproxima al área de cobertura, los especialistas pueden examinar la estructura de sus bandas de lluvia, localizar los sectores de precipitación intensa y estudiar determinados patrones de circulación atmosférica.

Météo-France explicó en julio de 2025 que los radares contribuyen especialmente a localizar con precisión el centro de un ciclón durante su aproximación final. También confirmó que su red de vigilancia antillana se beneficia del radar situado en Saint-Martin, además de los equipos de Guadalupe, Martinica y Barbados.

Eso no significa que el radar de Sint Maarten pueda pronosticar por sí solo la trayectoria futura de un huracán. Esa tarea requiere modelos numéricos, satélites y otras observaciones. Su aporte más importante consiste en ofrecer información reciente y detallada cuando el sistema se aproxima a la región.

Como ocurrió el año pasado, cuando dos eventos meteorológicos probaron la efectividad del radar meteorológico. El 15 de agosto, cuando el huracán Erin se aproximaba a las Antillas Menores, el Departamento Meteorológico de Sint Maarten mantenía vigente una vigilancia por tormenta tropical.

Ante la amenaza, el Gobierno dispuso el cierre de todas las oficinas públicas desde el mediodía, para permitir que los funcionarios protegieran sus viviendas y familias. También recomendó asegurar objetos exteriores, limpiar canales de drenaje, almacenar alimentos y agua, evitar desplazamientos innecesarios y mantenerse alejados de las playas.

Las autoridades advirtieron sobre la posibilidad de inundaciones repentinas, deslizamientos y vientos peligrosos. Météo-France documentó posteriormente que Erin alcanzó la categoría 5 y pasó al norte de las islas el 16 de agosto, dejando aproximadamente 60 milímetros de lluvia en Saint-Martin, pero con efectos relativamente moderados.

Qué es un radar meteorológico y por qué es clave para anticipar lluvias, tormentas y tornados

Un segundo caso ofrece una secuencia todavía más clara de decisiones preventivas.

El 9 de octubre, el Departamento Meteorológico de Sint Maarten anunció una vigilancia por inundaciones y una alerta por condiciones marítimas peligrosas ante la aproximación de la tormenta tropical Jerry.

Se anticipaban precipitaciones de entre 50 y 100 milímetros, aproximadamente, con riesgo de inundaciones repentinas y desprendimientos de rocas.

Ese mismo día, el primer ministro Luc Mercelina ordenó cerrar las oficinas públicas no esenciales durante el viernes 10 de octubre, después de consultar al Departamento Meteorológico y a la Oficina de Gestión de Desastres. Los servicios de emergencia permanecieron operativos.

La tormenta terminó pasando a más de 100 kilómetros de las islas del norte. Météo-France informó que gran parte de las tormentas eléctricas se desplazaron sobre el mar, mientras Saint-Martin recibió alrededor de 20 milímetros de lluvia.

El proyecto fue concebido como una infraestructura compartida entre el Departamento Meteorológico de Sint Maarten y Météo-France, con el propósito de fortalecer las observaciones y coordinar avisos meteorológicos en inglés y francés.

La inversión alcanzó los 2,3 millones de euros.

Cordero explica que, dependiendo de su tecnología, alcance e infraestructura asociada, un radar meteorológico puede costar “desde cientos de miles hasta varios millones de dólares”.

“Para Chile, sería una inversión estratégica para fortalecer las alertas tempranas, reducir riesgos para la población y mejorar la gestión de emergencias”, dice el experto.

El investigador Sepúlveda coincide: tener un radar es un instrumento básico en países con una alta frecuencia de tormentas y tornados, y aunque en Chile ambos ocurren con menor frecuencia e intensidad, siguen siendo esenciales para disminuir el impacto de eventos como los que pasaron la última semana.

“Hay radares de varios tipos si quieres mejorar la detección a largo alcance o dar prioridad a la resolución en el corto alcance, con valores desde decenas de miles de dólares hasta millones en los casos de las antenas más grandes”.

Qué es un radar meteorológico y por qué es clave para anticipar lluvias, tormentas y tornados. Foto: Andrés Pérez.

Qué demuestra esta experiencia para Chile

La experiencia de Sint Maarten es un antecedente particularmente útil para discutir la instalación de radares meteorológicos en Chile: demuestra que una infraestructura de observación puede ser desarrollada y financiada mediante cooperación entre distintas administraciones y servicios meteorológicos.

Hay, sin embargo, diferencias importantes. Sint Maarten es una isla pequeña, rodeada de mar, donde un radar emplazado en altura puede observar amplios sectores oceánicos. Por su lado, Chile posee una geografía extensa y montañosa, que requiere estudiar cuidadosamente las ubicaciones de los radares y sus zonas de cobertura.

El caso también permite distinguir entre instalar un instrumento y construir un servicio permanente de vigilancia meteorológica. Para aprovechar sus observaciones se necesita transmisión de datos, mantenimiento, especialistas capaces de interpretarlos y protocolos que conviertan esa información en alertas oportunas.

En el caso de Chile, Sepúlveda asegura que los radares no solo ayudarían con el pronóstico, sino también con la investigación meteorológica. Y es que hay fenómenos, como los tornados, que todavía no han sido explorados a detalle en Chile.

Sobre dónde ubicarlos, el especialista dice que “los radares son clave a lo largo de todo el país”. Pero “pueden darse prioridades ante un plan de implementación. En el norte, el invierno altiplánico puede traer sistemas y cumulonimbus dignos de monitoreo y estudio, y que en ciertas ocasiones resultan en cierres de caminos y pasos en zonas montañosas”.

Por otra parte, utilizar radares en la zona centro-norte y centro serían “clave para evitar el impacto de inundaciones, pero en la zona centro-sur serían clave para la investigación de tornados”.

“Fortalecerían además el capital humano y el desarrollo de meteorólogos en esta área. Literalmente, abres otro campo de investigación necesario en el país. A eso hay que sumarle que estos instrumentos deben encontrarse en altura para evitar los obstáculos de la topografía, lo que agrega un desafío más a su instalación”.