Durante décadas, hablar de fetiches en México ha oscilado entre el susurro culposo y la estigmatización médica. Sin embargo, los datos recientes demuestran que el deseo en el país es tan diverso como cotidiano.
Un estudio elaborado de manera conjunta entre el Instituto Mexicano de Sexología (Immesex) y la plataforma Joyclub reveló información inédita tras consultar a más de 7,000 personas de entre 18 y 89 años en toda la República Mexicana.
Lejos de tratarse de conductas marginales, casi el 98% de los participantes reportó sentir algún grado de excitación ante estímulos corporales específicos, objetos o situaciones particulares.
En el mapa erótico del mexicano, los labios, los besos, la boca y las nalgas ocupan los primeros lugares. Le siguen el uso de juguetes sexuales, las dinámicas de poder o rol (BDSM) y la estimulación auditiva, como los gemidos o la respiración. Curiosamente, preferencias con alta popularidad en redes —como el erotismo hacia los pies— se ubicaron en posiciones secundarias en el ranking general.
¿Los fetiches son considerados una enfermedad o patología?
Históricamente, la medicina tradicional encasilló cualquier variante del sexo penetrativo y reproductivo dentro de la categoría de las enfermedades. Para desafiar esta mirada conservadora, diversas voces del arte y la educación buscan normalizar el deseo cotidiano:
Hay prácticas sexuales que entendemos como parafilias y otras como normales; si es sexo penetrativo reproductivo está perfecto, pero si hablamos de otras cosas roza lo patológico. Para mí ha sido muy sanador encontrar una forma nueva de entender esto", comentó Gaby Tapia artista, comediante, investigadora y periodista mexicana.
La sexología moderna diferencia claramente entre un interés fetichista y una parafilia clínica. Esta última solo se diagnostica cuando el estímulo es indispensable y exclusivo para lograr el placer, o cuando genera un malestar significativo e involucra la falta de consentimiento.
En la encuesta, únicamente el 7.6% de los participantes señaló que sus fetiches son el elemento único e indispensable para su vida erótica. Al respecto, Paulina Millán, Sexóloga y Directora de Investigación del Immesex, enfatiza:
La sexología moderna diferencia claramente entre un interés fetichista y una parafilia clínica. Esta última solo se diagnostica cuando el estímulo es indispensable y exclusivo para lograr el placer, o cuando genera un malestar significativo e involucra la falta de consentimiento".
¿Cómo hablar de fetiches y fantasías con la pareja?
La comunicación honesta continúa siendo el mayor reto en la vida en pareja. Aunque nueve de cada diez personas con intereses fetichistas afirman haberlo compartido con su compañero o compañera, muchas confiesan sentir temor al rechazo o a sufrir vergüenza por prejuicios o tabúes sobre la salud sexual y el cuerpo.
Frente a esta necesidad de hablar sin tabúes, surge la perspectiva de abordar temas complejos a través de la comedia o el arte:
"Muchos temas de educación sexual tienen que ver con la prevención, pero nadie te dice cómo reaccionar ante una ITS o cómo abordarlo sin culpa. Empecé a hacer comedia de eso para sanar la vergüenza", Paulina Millán.
Para abrir la conversación de forma segura y constructiva en el hogar, los especialistas recomiendan:
- Iniciar desde la divulgación: Comentar artículos o estudios sobre sexualidad ayuda a sondear la postura de la pareja sin exponerse directamente desde el primer instante.
- Garantizar el consentimiento: Toda práctica debe fundamentarse en el acuerdo mutuo y el respeto por los límites del otro.
- Evitar la presión: Negociar no significa persuadir ni obligar. Escuchar un "no" con madurez es parte indispensable de un erotismo ético.
¿Qué es Joyclub y qué papel juega en la apertura erótica?
Joyclub es una plataforma digital y comunidad enfocada en el positivismo sexual (sex-positive) que busca brindar espacios seguros para la exploración del placer libre de prejuicios.
A través de la difusión de contenido educativo, la organización de eventos culturales y la realización de investigaciones sociológicas de la mano de instituciones como Immesex, la comunidad promueve la autonomía corporal, la reducción de la culpa y el aprendizaje continuo sobre el consentimiento informado.
El placer también es libertad
Al final del día, la verdadera lección que nos deja este panorama sobre los fetiches en México no reside en la curiosidad de los datos, sino en la oportunidad de liberarnos de la culpa.
La sexualidad humana es una dimensión viva, diversa y profundamente personal; no existe un "manual único" ni una sola forma correcta de sentir erotismo.
Explorar lo que nos despierta curiosidad —siempre desde la honestidad, el cuidado mutuo y el consentimiento pleno— no nos vuelve "raros" ni "imperfectos".
Nos hace, simplemente, humanos en búsqueda de conexión y bienestar. Permitirnos hablar de nuestros deseos sin vergüenza y escuchar los del otro sin juzgar es, quizás, el acto de empatía más revolucionario que podemos ejercer en nuestra intimidad.





