“Fabricáronles a muchos su grandeza sus malévolos”.

Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia

Tengo tres toallas con la imagen de Omar García Harfuch. Antes de que alguien me inscriba en su club de admiradoras, aclaro que no compré ninguna. Una me la regaló una amiga que sí es fan (o sea, medio de chacota, medio en serio); otra me la dieron en un mitin de Morena —voy a eventos de todos los partidos, parte de mi trabajo es observarlos—; la tercera apareció abandonada en una playa. Pregunté de quién era. Nadie la reclamó. La Harfuchmanía tiene devotas, reparto territorial y bajas junto al mar…

Las tres acabaron conmigo, que no soy fan. Eso dice algo del fenómeno: su imagen llega a quienes lo buscan y también a quienes ni nos va ni nos viene. Aunque conviene distinguir entre llevarse a Omar a casa y llevarlo a Palacio. Una toalla puede resolver lo primero sin comprometer el voto. Hehehe.

Manuel Velasco ya lo llamó “el Pedro Infante de la política” y lo puso rumbo a 2030; en San Lázaro le cantaron “Amorcito corazón”. Entre el ajuar de baño y la serenata legislativa, al secretario de Seguridad le están organizando una carrera artística. Viene de familia. Yo solo quisiera saber si no cantará mal las rancheras cuando empiece el reparto de candidaturas. Esa es la verdad.

Porque Omar ya ganó una encuesta para la Ciudad de México y se quedó sin la nominación, misma que recibió Clara Brugada mediante el ajuste de paridad. La voluntad popular es sagrada en Morena, siempre que venga correctamente ajustada. Tener admiradoras ayuda; tener a quienes deciden admirándote es bastante más útil…

Por eso resulta enternecedor el entusiasmo del Verde. Velasco ve popularidad y ofrece partido, como quien encuentra una cartera y se dispone a administrar su contenido. El mensaje también va para Morena: “si ustedes no quieren al galán, nosotros conocemos su talla”. O sea que ya negociarán cuánto cuesta vestirlo de candidato.

En “¿Y si Washington ya eligió candidato?“, planteé que Morena podía acabar buscando al menos problemático para Estados Unidos antes que al más devoto del obradorismo. García Harfuch aparecía en esa hipótesis por su interlocución en seguridad. Washington no necesita repartir credenciales de elector para influir en quién llega a la boleta: basta con volver incómodos a otros aspirantes. Cada expediente del que hablan y sobre el que nuestra primer mandataria pide pruebas, son purititas cartas de negociación.

El reporte de The Wall Street Journal añade material. Según sus fuentes, Sheinbaum cuestionó a sus responsables de seguridad, particularmente a García Harfuch, por dar crédito a acusaciones estadounidenses vinculadas con el congelamiento de cuentas de exfuncionarios. Ella negó la reprimenda particular. El desencuentro está reportado y desmentido; no tenemos la grabación de Palacio. Chin.

¿Veo una intención electoral en ese relato del rotativo? ¡Sin duda! Aunque no puedo demostrarla. Dobles ¡santos recórcholis, Batman!

Presentar a Omar como alguien dispuesto a actuar aun cuando incomoda a los suyos puede lastimarlo dentro de Morena y hacerlo atractivo fuera. Qué publicidad tan económica: basta con que sus compañeros lo acusen de no ser suficientemente como ellos. Genial.

Ahí está la gracia de la Harfuchmanía. Sus enemigos pueden ampliar lo que sus admiradoras empezaron. Reprocharle falta de pedigrí obradorista quizá suene a recomendación para electores que no soportan el obradorismo. Desde luego, una irregularidad documentada sería otra cosa. Pero si el expediente consiste en que no canta todos los himnos de la congregación, habrá quien le suba el volumen…

Aunque no sea cómic, Omar queda en una situación bastante cómica: si se exhibe, anda adelantado; si se esconde, otro ocupa el escenario. Si abraza todas las políticas de la 4T, pierde la diferencia que le atribuyen; si se aparta, empieza el juicio por herejía. Un buen equipo de relaciones públicas tendrá trabajo intentando explicar cómo se pertenece al gobierno sin salir de fiador de todo el inventario.

Y Sheinbaum ya podrá repetir que falta mucho para 2030, pero las toallas ya salieron a la circulación. Un secretario popular sirve para presumir al gobierno; uno con seguidores propios empieza a provocar preguntas menos agradables. Morena podría dividirse entre quienes quieren aprovecharlo y quienes quieren impedir que llegue sin deberles el puesto. A esa disputa le pondrán, por supuesto, algún nombre relacionado con los principios del movimiento. Así se las gastan.

A mí la candidatura de Omar ni me entusiasma ni me desvela. Me interesa esta capacidad de convertir la seguridad pública a la vez en devoción, mercancía y pleito sucesorio. La prueba vendrá cuando una investigación alcance a alguien cuyo apoyo le resulte útil. Entonces veremos cuánto dura la autonomía que hoy le atribuyen y quién verdaderamente acaba cantando las malas rancheras.

Giro de la Perinola

De mis tres toallas, la de la playa me dejó la mejor pregunta: ¿su dueño dejó de querer a Omar o simplemente se fue sin recogerlo? Para el comercio da igual: la toalla ya estaba vendida. Para una candidatura, averiguar por qué nadie volvió por él puede ser más útil que contar cuántos lo aplauden. ¿O no?