Decir que las enfermedades del corazón encabezan las causas de muerte en México es correcto. El problema aparece cuando esa fotografía nacional se interpreta como si describiera por igual a un adolescente, una persona de 30 años y otra de 70. No lo hace. La mortalidad tiene una geografía propia que cambia conforme avanza la vida.Las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) del INEGI permiten observar esa transformación porque consideran, entre otras variables, la causa básica de muerte, la edad y el sexo de la persona fallecida. En el corte preliminar de enero a septiembre de 2025 se registraron 574,929 defunciones, y el Instituto publicó las principales causas para los distintos grupos de edad.
La primera explicación está en la propia estructura de la mortalidad. Las causas que aparecen con mayor frecuencia entre las defunciones registradas no ocupan las mismas posiciones durante toda la vida. En edades jóvenes adquieren relevancia las causas externas; conforme avanzan las décadas, enfermedades de larga duración comienzan a escalar en el ranking.
Eso no significa que exista una edad exacta en la que el organismo cambie de una condición a otra. Las enfermedades no transmisibles —como las cardiovasculares, el cáncer, las respiratorias crónicas y la diabetes— suelen ser procesos de larga duración y responden a una combinación de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y de comportamiento. La OMS señala que afectan a todos los grupos de edad, aunque suelen asociarse con edades mayores.
Por eso la transformación se observa gradualmente. Antes de que las enfermedades crónicas lleguen al primer lugar, ya pueden estar ascendiendo entre las principales causas registradas. El envejecimiento tampoco es un proceso uniforme: la OMS lo describe como resultado de la acumulación de diversos daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo y advierte que esos cambios no son lineales ni ocurren de la misma manera en todas las personas.
La fotografía estadística, por tanto, habla de poblaciones, no del destino de individuos.
La edad tampoco explica todo. Cuando las defunciones se separan por sexo, algunos rankings cambian considerablemente.
EL SEXO REVELA OTRA HISTORIA
En enero-septiembre de 2025, 55.9% de las defunciones registradas correspondió a hombres y 44.0% a mujeres. Pero la diferencia más reveladora no está sólo en cuántos hombres y mujeres murieron, sino en cuáles fueron las causas que ocuparon las primeras posiciones dentro de cada grupo de edad.
Entre los 35 y 44 años, por ejemplo, los homicidios encabezaron las defunciones masculinas, mientras que entre las mujeres de la misma edad lo hicieron los tumores malignos. La diferencia continúa después: entre mujeres, los tumores malignos ocuparon el primer lugar en los grupos de 45–54 y 55–64 años; entre hombres, las enfermedades del corazón encabezaron ambos.
El recorrido permite observar algo que el total nacional oculta: hombres y mujeres coinciden en la primera causa entre los 15 y 24 años, siguen caminos diferentes entre los 25 y los 64 y vuelven a coincidir después de los 65, cuando las enfermedades del corazón ocupan el primer lugar en ambos.
No existe, por tanto, una única trayectoria de mortalidad aplicable a toda la población. EL PROBLEMA DE MIRAR SÓLO EL TOTAL
Esto explica una aparente paradoja. Un ranking nacional puede ser estadísticamente correcto y, al mismo tiempo, describir poco lo que ocurre en un grupo concreto.
Al reunir en una misma estadística personas de todas las edades se pierde parte de la estructura interna de la población. El número absoluto de defunciones, una tasa específica por edad y la probabilidad de morir son medidas diferentes y responden preguntas distintas. La OMS, por ejemplo, calcula las tasas específicas relacionando las defunciones con la población correspondiente a cada grupo de edad; las probabilidades de morir requieren además métodos de tabla de vida.
Por eso hay que leer con cuidado una frase como “principal causa de muerte”. Que una causa ocupe el primer lugar entre las defunciones registradas de determinado grupo no significa que una persona de esa edad tenga como destino más probable morir por ella.
Nuestra INFO responde una pregunta descriptiva: entre quienes murieron dentro de determinado grupo de edad, ¿qué causa apareció en primer lugar?
No calcula el riesgo personal de morir.
LA FOTOGRAFÍA SIGUE CAMBIANDO
Las estadísticas de mortalidad tampoco permanecen congeladas. El INEGI incorpora registros y publica resultados preliminares antes de integrar las cifras definitivas.
Por eso esta investigación mantiene separados sus periodos. El corte de enero-marzo de 2026 funciona como la fotografía más reciente, mientras que el recorrido detallado por edad y sexo utiliza enero-septiembre de 2025. No se comparan sus números absolutos entre sí, porque representan ventanas temporales diferentes.
Esa distinción es importante: una actualización más reciente no necesariamente sustituye a una base anterior cuando ésta permite observar variables con mayor detalle.
La edad, entonces, no funciona como una predicción. Funciona como una lente.
Al acercarla, una estadística nacional aparentemente uniforme se fragmenta en etapas de la vida, diferencias entre hombres y mujeres y causas que ascienden o descienden de posición. México no muere de una sola manera porque tampoco vive una sola edad.




