¿Sabes qué pasó en Salem? Conoce la historia detrás de este “pueblo de brujas” que puedes visitar en tu próximo viaje a Estados Unidos. La cultura pop de Hollywood se ha encargado de inmortalizarla, pero esta ciudad sí tiene un pasado digno de película.
Mencionar el nombre "Salem" nos lleva a imágenes de sombreros de bruja, calderos humeantes, escobas voladoras, gatos negros y ejecuciones envueltas en una niebla sombría.
Esta pequeña localidad costera de Massachusetts es considerada la capital espiritual del misticismo y la brujería. Sin embargo, detrás de los mitos y los souvenirs turísticos que hoy abarrotan sus calles, se esconde uno de los episodios más oscuros y trágicos de la historia de los Estados Unidos.
Lo que inició como un murmullo de sospechas infantiles terminó convirtiéndose en una cacería humana alimentada por la paranoia en la que vecinos denunciaron a vecinos, familias enteras se fracturaron y decenas de personas inocentes fueron encarceladas, juzgadas y llevadas a la muerte. Esta es la historia de lo que sucedió en Salem.
¿Qué pasó en Salem? Los antecedentes del “pueblo de brujas”
En 1692, la vida cotidiana en Salem estaba moldeada por una rigidez espiritual, donde cada acontecimiento del mundo natural se interpretaba como una señal directa de la gracia divina o como un ataque malicioso del mismísimo Diablo.
Un detalle fundamental que suele pasarse por alto es que en 1692 existían dos “Salems”: Salem Town (la villa costera), un próspero puerto mercantil, cosmopolita y en rápido crecimiento económico. Por el otro lado se encontraba Salem Village (el pueblo interior, donde hoy se ubica la localidad de Danvers), una comunidad agrícola, pobre, conservadora y extremadamente religiosa que dependía de la villa costera.
La historia de las brujas de Salem comienza durante el mes de enero de 1692 en Salem Village, cuando Betty Parris, de tan solo 9 años (hija del reverendo Samuel Parris), y su prima Abigail Williams, de 11 años, comenzaron a mostrar un comportamiento errático, aterrador e incomprensible para la época.
Las niñas se arrojaban al suelo en convulsiones violentas, se contorsionaban en posiciones físicamente imposibles, emitían chillidos desgarradores como animales, se escondían debajo de las sillas o alegaban sentir pinchazos invisibles de agujas y mordeduras de seres diabólicos.
Pocos días después, otras jovencitas de la comunidad, entre ellas Ann Putnam Jr. (de 12 años, hija de una de las familias más poderosas y conflictivas de la facción del reverendo Parris), comenzaron a experimentar exactamente los mismos síntomas.
La brujería en Salem: un diagnóstico sin fundamento
Ante la imposibilidad de calmar los ataques de las niñas mediante la oración y el ayuno, el reverendo Parris llamó al médico local, el doctor William Griggs. Tras examinar a las jóvenes y no encontrar una enfermedad física evidente conocida por la medicina del siglo XVII, Griggs pronunció la sentencia que desencadenó la catástrofe: las niñas estaban bajo la influencia directa del Maleficia o la mano del Diablo.
Las niñas finalmente señalaron a tres mujeres marginadas de la sociedad local: Tituba (una mujer esclavizada de origen indígena caribeño, propiedad del reverendo Parris); Sarah Good (una mendiga indigente y embarazada, que vagaba pidiendo limosna) y Sarah Osborne (una anciana viuda e inválida que llevaba años sin ir a los servicios religiosos debido a sus enfermedades).
Al ser interrogadas por los magistrados locales, Sarah Good y Sarah Osborne proclamaron rotundamente su inocencia. Sin embargo, Tituba, consciente de su vulnerabilidad como esclava y probablemente sometida a terribles golpizas e interrogatorios coercitivos, afirmó que el Diablo se le había aparecido y que en Salem existía una red secreta de brujas dispuestas a destruir la colonia.
Llama la atención que fue el reverendo Parris quien instigó la cacería de brujas y, la mayoría de los acusadores vivían en el sector agrícola partidario de Parris; mientras que los acusados pertenecían a las familias más adineradas o rivales del sector opuesto que exigía su destitución.
Para mayo de 1692, la paranoia había alcanzado proporciones epidémicas; las cárceles de Salem, Boston e Ipswich estaban abarrotadas de decenas de sospechosos denunciados por brujería.
Comenzaron los juicios de Salem con un tribunal conformado por el vicegobernador William Stoughton, un hombre sin formación jurídica formal pero convencido de que Dios lo había designado para limpiar la colonia de la plaga diabólica.
Los juicios de Salem
Los juicios de Salem para acusar de brujería fueron una prueba de que la justicia no existía; se utilizó la “evidencia espectral”, que permitía a las acusadoras testificar que el "espectro" o la figura astral de un acusado las estaba pellizcando, asfixiando o tentando en la sala de audiencias, incluso si el cuerpo físico del acusado estaba parado tranquilamente a metros de distancia o tenía una coartada comprobada de haber estado en otra ciudad.
Aquellos que confesaban ser brujos y pedían perdón salvaban la vida, y se convertía en un testigo clave para identificar a otros miembros de la red satánica. Mientras que aquellos que sostenían con firmeza su inocencia eran ejecutados en la horca.
Esta dinámica perversa incentivó que decenas de personas aterrorizadas inventaran confesiones disparatadas y denunciaran a sus propios familiares con tal de evitar la soga.
Ninguna “bruja” en Salem fue quemada en la hoguera ya que la pena legal prescrita para los convictos de brujería era la muerte por ahorcamiento.
Durante el trágico año de 1692, 19 personas (14 mujeres y 5 hombres) fueron ejecutadas en la horca; 1 hombre murió torturado hasta la muerte por prensamiento. Al menos 5 personas (incluyendo un bebé recién nacido) fallecieron en las inhumanas, gélidas e insalubres mazmorras mientras esperaban su juicio y más de 150 personas fueron arrestadas y formalmente procesadas.
Una vez puesto fin a la histeria y con la intervención del gobernador, la caza de brujas en Salem terminó en mayo de 1693. Sorprendentemente, no fue sino hasta 2022 que el estado de Massachusetts exoneró legalmente a la última víctima de Salem, Elizabeth Johnson Jr., gracias al esfuerzo de una profesora de historia y sus estudiantes de secundaria.
La historia de Salem engloba un episodio triste y caótico de Estados Unidos, cuyo resultado final lo convirtió hasta la actualidad en un "pueblo de brujas" que puedes visitar como atracción turística.




