El próximo domingo Claudia Sheinbaum cerrará en el Zócalo su gira de rendición de cuentas. Será, según la propia presidenta, una asamblea informativa para la Ciudad de México y no una movilización nacional.

Pero, ¿qué va a festejar?

Porque mientras en Palacio Nacional se habla de “resultados”, “bienestar” y una economía que, según la presidenta, “va bien”, tres exsecretarios de Hacienda —Pedro Aspe, Guillermo Ortiz y Ernesto Cordero— han expresado un diagnóstico bastante menos complaciente.

No son improvisados ni analistas sin experiencia en finanzas públicas. Los tres ocuparon la Secretaría de Hacienda en distintos gobiernos y conocen desde dentro la maquinaria económica del Estado. No son simples exfuncionarios, los tres después de Hacienda, ocuparon posiciones relevantes en instituciones financieras, organismos internacionales y el sector privado.

Tres exsecretarios, una misma preocupación

Este año Pedro Aspe advirtió sobre el riesgo de estancamiento de la economía. Su diagnóstico apunta al déficit presupuestal, un gasto corriente que desplaza a la inversión productiva, el costo creciente de los programas sociales, una deuda pública que podría acercarse o superar 60% del PIB y la presión que representa Pemex para las finanzas públicas.

El gobierno puede cuestionar sus cálculos. De hecho, Hacienda sostiene que la deuda se encuentra en una trayectoria sostenible y reportó que al segundo trimestre de 2026 representaba 51% del PIB. Presume un crecimiento trimestral de 1.5% y la conservación del grado de inversión.

Pero incluso aceptando los datos oficiales, ¿realmente estamos ante una economía que debería celebrarse?

INEGI reportó un crecimiento anual de 1.9% en el segundo trimestre de 2026 y una inflación de 3.26% en agosto. Hay crecimiento, sí. Pero, después de varios periodos de prácticamente estancamiento, crecer poco no significa que la economía esté fuerte.

Guillermo Ortiz fue más allá al cuestionar ¿realmente los mexicanos están mejor que en 2018?

Si bien, reconoce la reducción de la pobreza multidimensional y el aumento del salario mínimo, advierte sobre la informalidad laboral, que al cierre de 2025 alcanzaba 55%, el deterioro educativo, las dificultades de acceso a servicios de salud, la inseguridad y condiciones poco favorables para la inversión, datos que no desaparecen simplemente porque el gobierno presente otros indicadores más favorables.

Hacienda respondió y defendió la reducción de la pobreza y la recuperación salarial. Un debate legítimo, pero precisamente por eso, resulta insuficiente reducir la discusión económica a la sola cifra de pobreza.

La economía no vive de discursos

La economía no se mide solamente por cuánto dinero entrega el gobierno, sino por cuánto produce, cuánto invierte, qué empleos genera, qué servicios públicos ofrece y qué oportunidades crea para quienes todavía no reciben una transferencia.

En ese sentido, Ernesto Cordero agrega otra pieza al rompecabezas. Su diagnóstico señala que desde 2019, México ha crecido alrededor de dos puntos porcentuales menos que Estados Unidos, también cuestiona la falta de inversión y que una parte importante del gasto público se destine a proyectos cuya rentabilidad económica sigue siendo discutida.

Tres exsecretarios, tres diagnósticos distintos y una preocupación común: México tiene poco crecimiento, poco espacio fiscal y demasiadas presiones sobre el presupuesto.

Mientras el gobierno presume estabilidad, el propio Paquete Económico reconoce que el déficit continúa siendo elevado y plantea reducirlo gradualmente. Hacienda proyecta para 2027 un déficit de 3.9% del PIB.

Es decir, el gobierno puede presentar una fotografía favorable, pero el panorama completo es mucho más complicado.

Sí hay crecimiento, menor inflación, reducción de pobreza, empleo formal y programas sociales. Pero al mismo tiempo hay una economía que crece poco, una inversión que necesita recuperar dinamismo, un gasto público rígido, mayores obligaciones financieras y una deuda que obliga a discutir seriamente el futuro de las finanzas públicas.

Entonces, ¿qué va a festejar Sheinbaum el domingo?

¿El crecimiento de 1.9%?

¿La deuda que Hacienda considera manejable, pero que los exsecretarios observan con preocupación?

¿El gasto social, sin explicar cuánto espacio queda para la inversión productiva?

¿La reducción de la pobreza, sin reconocer que millones de mexicanos siguen trabajando en la informalidad?

¿La estabilidad del peso, cuando el reto no es ganar una batalla cambiaria de corto plazo, sino elevar durante años la productividad y el ingreso de los mexicanos?

El problema está en convertir el informe en un catálogo de éxitos dejando deliberadamente fuera los costos, restricciones y problemas que determinarán el futuro.

El Zócalo puede llenarse de simpatizantes, los discursos pueden hablar de transformación y la propaganda puede llenar las pantallas.

Lo que no puede llenar: es el vacío de crecimiento, inversión y productividad.

Aspe, Ortiz y Cordero lo advierten y el gobierno tiene derecho a responderles. Lo que no puede hacer es ignorarlos.

¿Cuánto crecerá México al final del discurso?

¿Qué se va a festejar?

X: @diaz_manuel