“Soy inquilina, abogada y madre. Conozco el temor que muchos berlineses sienten ante la próxima alzaz del arriendo”. Con ese mensaje en su propaganda electoral, Elif Eralp llevó a Die Linke (La Izquierda) a ser la fuerza más votada en las elecciones de Berlín del 20 de septiembre pasado. El partido pasó del 13% de los votos en 2023 al 25% actual, y los demócrata cristianos de la CDU quedaron segundos con 18%. Fue la primera vez que la colectividad ganó una elección regional en Alemania.
Eralp vive en un departamento arrendado en el barrio de Kreuzberg de la capital germana con su marido y sus dos hijos. Hizo campaña puerta a puerta y en turco, con un collar con la palabra alemana “Mietendeckel”, que significa “tope del arriendo”. Su principal promesa fue expropiar más de 200.000 viviendas en manos de grandes inmobiliarias.

“Si Die Linke gobierna en Berlín, nacionalizaremos”, aseguró la noche de la elección. Sin embargo, el resultado no le alcanzó para gobernar sola. Para llegar a la alcaldía necesita una coalición con Los Verdes y el Partido Socialdemócrata (SPD), y este último mantiene una posición distante de la suya en materia de vivienda. El canciller Friedrich Merz reiteró que el gobierno federal actuará por la vía legal para impedir expropiaciones.
El mismo día, Alternativa para Alemania (AfD) fue el partido más votado en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. También, a comienzos de mes, el partido de extrema derecha obtuvo la mayor cantidad de escaños en Sajonia-Anhalt, donde negocia con el partido BSW (Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia) para formar el primer gobierno de ultraderecha en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial.
“Yo soy la respuesta a Sajonia-Anhalt”, dijo Eralp el 11 de septiembre ante periodistas extranjeros.
Hija del exilio
Su madre llegó embarazada a Alemania tras el golpe militar de 1980 en Turquía. Había ayudado a organizar una huelga y pasó varias semanas en prisión. Su padre trabajaba para un partido socialista.
La familia pidió asilo en Alemania, donde Eralp nació en 1981, en Múnich. “Lo pasamos muy mal en los primeros años porque prácticamente teníamos que cambiar de hogar cada pocos meses”, relató Eralp según información de El DiarioAR. El proceso de asilo duró más de dos años.

Creció en Hamburgo, estudió Derecho, hizo su práctica en un juzgado de distrito y se afilió a Die Linke en 2017, “el día que la AfD llegó al Bundestag”, según declaró. En su discurso de victoria agradeció a un miembro de Amnistía Internacional por haber salvado a su familia de un centro de refugiados. “Hicimos historia, amigos”, dijo en turco.
La trayectoria de Eralp ha sido comparada con la del alcalde de Nueva York, el demócrata Zohran Mamdani.
Hasta hace unos meses, Eralp era una figura poco conocida. Su historia personal y su cercanía con los problemas de los berlineses fueron las principales fortalezas de su candidatura. Según ha comentado, lleva años buscando un departamento más grande sin encontrarlo -como muchas familias jóvenes de la capital-, debido al alza de los precios de la vivienda.
Die Linke, por su parte, nació a inicios de este siglo de la unión de los poscomunistas del este, herederos del SED, el partido único de la RDA, y de socialdemócratas occidentales separados del SPD. En el último año duplicó sus afiliados y, según Folha de Sao de Paulo, obtuvo en Berlín el 43% del voto entre los electores de 16 y 24 años y el 48% entre los de 25 y 34 años, un electorado joven, femenino y urbano. También fue el partido que más abstencionistas atrajo y el que más creció entre la clase trabajadora.
“No se trata de un conflicto entre afuera y adentro, es decir, entre personas con y sin antecedentes migratorios, sino de un conflicto entre los de arriba y los de abajo”, afirmó Eralp. El analista Sebastian Friedrich explicó que, frente a la polarización entre la AfD y el resto de los partidos, Die Linke instaló otro eje de conflicto, el de los inquilinos contra los grandes grupos inmobiliarios, según apuntó el DiarioAR.
El costo de socializar
Arrendar en Berlín se encareció 69% entre 2016 y 2026, según datos del gobierno federal, mientras los ingresos per cápita subieron 33% entre 2015 y 2025. Un departamento de 100 metros cuadrados que hace una década costaba en promedio 900 euros, hoy se encuentra por 1.525, en una ciudad donde el 83% de los habitantes arrienda.

La propuesta se apoya en la “socialización”, figura del derecho alemán que reconoce la función social de la propiedad privada como motivo para expropiarla con compensación. “La socialización de la vivienda se basa, como es sabido, en el artículo 15 de nuestra Constitución”, explicó la misma Eralp.
Pero la norma nunca se ha aplicado. En 2021, el 58% de los votantes aprobó en un referéndum no vinculante socializar a las empresas con más de 3.000 viviendas, pero la iniciativa no prosperó.
La CDU y el SPD también objetan la propuesta debido al costo que implicaría su aplicación. Die Linke calcula 7.000 millones de euros, pero el Tribunal de Cuentas de Berlín estimó casi 40.000 millones, frente a un presupuesto estatal de 46.000 millones para 2026 y una deuda de 68.000 millones.
El principal objetivo es Vonovia, la mayor inmobiliaria residencial de Europa, que junto con su filial Deutsche Wohnen posee más de 138.000 viviendas en la ciudad y cuyas acciones cayeron la semana pasada en la Bolsa de Fráncfort tras la victoria de los izquierdistas en la capital germana.
Acusaciones y negociaciones
La revitalización de Die Linke en Berlín atrajo a movimientos de inmigrantes, incluidos grupos propalestinos, y Eralp describió al gobierno israelí como “extremista de derecha”.

Debido a esto, una de las principales organizaciones judías del país pidió a Los Verdes y al SPD no sumarse a la coalición para “evitar la creciente normalización del antisemitismo”. Poco después, según recogió Folha de Sao Paulo, 150 intelectuales judíos de la ciudad denunciaron en una carta abierta la “instrumentalización” del término por parte de la comunidad y la prensa “en un momento en que un partido abiertamente fascista está en camino al poder en toda Alemania”.
El viernes pasado, Eralp calificó las acusaciones de “alarmismo”. “Los judíos deberían sentirse seguros en nuestra ciudad”, afirmó.
Para poder alcanzar la alcaldía de Berlín, Eralp necesita formar una coalición en el Parlamento estatal que le dé la mayoría en una elección dentro del legislativo berlinés.
Die Linke inició negociaciones para aliarse con Los Verdes, quienes se han mostrado dispuestos a pactar, y con el SPD. Sin embargo, estos últimos -al igual que la CDU- rechazan las expropiaciones. Socialdemócratas y verdes podrían optar por gobernar con la CDU, que así se mantendría en el poder pese a haber perdido la elección. La inquilina de Kreuzberg depende ahora de que el SPD acepte discutir la socialización de departamentos como el suyo.





