Lo malo de los ídolos es que alrededor de ellos se generan expectativas. A veces excesivas. Así le ocurrió a Hugo Sánchez, mítico goleador del Real Madrid, quien hizo de todo para dirigir a la selección mexicana y fue despedido por fallar en el banquillo. A ese escenario se enfrenta Rafael Márquez, leyenda del Barça. A diferencia de Hugol, Márquez ha sido un analítico del fútbol desde que era jugador, todo un ajedrecista que sabe cómo apretar a los equipos y encontrar soluciones. Tiene la oportunidad de dirigir a la selección mexicana y, tras sus primeros cuatro partidos, ha cosechado dos empates (1-1 contra Colombia y Perú) y una cruel derrota ante Estados Unidos (3-0). El proyecto Márquez aún tiene mucha tarea por hacer.

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