SAN DIEGO.- La CIA financió a un grupo estudiantil radical de derecha que habría influido, junto con agentes de seguridad nacional, para la matanza de alumnos en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, de acuerdo con la organización civil Archivos de Seguridad Nacional, con sede en la Universidad George Washington, que desclasificó los documentos.
“Para 1968, la estación de la CIA en la Ciudad de México había estado financiando a extremistas radicales de extrema derecha en universidades y contribuyendo a la polarización del movimiento estudiantil mexicano durante años”, dicen los archivos.
“Desde julio de ese año se habían producido manifestaciones estudiantiles masivas en todo el país, y la CIA informaba casi a diario sobre la creciente inestabilidad. Diez días antes del inicio de los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, los estudiantes realizaron una manifestación en la Plaza de las Tres Culturas. Unidades de policía y ejército rodearon la plaza y dispararon contra miles de manifestantes. La historia de la estación describe la masacre como un “concurso de tiro” entre “estudiantes alborotados y el ejército mexicano,” en el que “los estudiantes perdieron”.
Cientos de personas fueron detenidas, dicen los documentos, y “tras la masacre del 2 de octubre, el gobierno culpó a extremistas y agitadores comunistas por la violencia. Estados Unidos siguió obedientemente la línea del gobierno mexicano en ese momento, y los contactos de alto nivel de la CIA en el PRI reforzaron la narrativa de que los estudiantes de izquierda eran los culpables. En 1967, un funcionario de la CIA advirtió sobre las consecuencias de apoyar al grupo estudiantil radical de derecha MURO (Movimiento Universitario de Renovadora Orientación)”, que operaba en universidades y otras instituciones de educación en las principales ciudades del país”.
Se cita a un funcionario que entonces dijo que “apreciamos la necesidad de un equipo de acción militante de la estación (de la CIA en México) para fines específicos de acoso a medida que surge la necesidad. Creemos, sin embargo, que el efecto negativo de largo alcance de perpetuar MURO supera los beneficios tácticos de corto alcance que se derivarán de las acciones de acoso de MURO a instancias nuestras”.
La organización reflexiona que “casi 60 años después, la masacre de Tlatelolco sigue siendo una herida abierta en la sociedad mexicana, pero la CIA continúa negando el acceso a información crítica sobre el episodio”.
Archivos de Seguridad Nacional consiguió el archivo, parte del acervo del asesinato de John F. Kennedy, en noviembre de 1963.
La redactora de los documentos ahora liberados fue Anne Goodpasture, veterana de la Oficina de Servicios Estratégicos de la Segunda Guerra Mundial y oficial de casos de la CIA entre 1947 y 1973, que estuvo en Guatemala durante el derrocamiento de expresidente Jacobo Árbenz.
Goodpasture trabajó 13 años en México y “fue una elección natural para escribir, ya que fue una de las pocas funcionarias que recibió información sobre los proyectos más sensibles de la Agencia en México. Una de ellas fue LITEMPO, la operación de la CIA para construir fuertes relaciones con altos funcionarios del gobierno mexicano, entre ellos tres presidentes, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, y altos funcionarios de la Dirección Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro”.
Gutiérrez Barrios reclutó a Nazar Haro como activo de la CIA en México.
Viajó a capacitación policiaca a Estados Unidos. Después (clasificado en la CIA como LITEMPO-12) contó con alrededor de 20 agentes “asignados a objetivos subversivos”.
La organización trata de desclasificar documentos restantes a una sección particular que “se refieren a la participación de Nazar Haro en operaciones encubiertas contra grupos estudiantiles mexicanos que condujeron a la masacre de Tlatelolco”.
La organización dice que los documentos del año pasado “tratan sobre operaciones unilaterales de la CIA, es decir, acciones que tuvieron lugar sin el conocimiento del gobierno mexicano. Las desclasificaciones actuales revelan que la CIA montó cuatro operaciones de acción encubierta”.



