Desde su lanzamiento global en el año 2023, la ROG Ally se convirtió casi por defecto en el modelo a seguir para la nueva generación de dispositivos de moda que permiten llevar la experiencia de jugar en PC en un formato mucho más portátil.

Más que una consola como las que hacen Nintendo o PlayStation, el concepto detrás de la ROG Ally siempre fue la de “consolizar” un PC, es decir, entregar toda la versatilidad tanto en biblioteca como en funciones de un computador con Windows con el formato compacto y los controles esperados de una consola.

Pero como producto de primera generación, la ROG Ally no estuvo exenta de problemas, desde la ergonomía, la temperatura hasta problemas con las tarjetas de almacenamiento que simplemente morían. Muchos de ellos fueron mejorados en un modelo llamado ROG Ally X, del 2024, una suerte de versión 2.0 más que una secuela.

Llegó el 2025 y con ello cambios profundos, partiendo por el nombre: la consola recibiría el apoyo de Xbox pasando a llamarse ROG Xbox Ally, siendo una suerte de portátil para la marca de Microsoft aunque solo por marca, diseño y funciones, ya que en su corazón sigue siendo un producto de ROG.

La Xbox Ally mejoró de forma considerable la ergonomía del producto, su potencia, su calidad de imagen y hasta su usabilidad, pareciendo cada vez más un equipo hecho para jugar que un PC en un cuerpo muy extraño. Fue también el primer equipo que comenzó a sufrir por el alza de precios por la crisis de las memorias, culpa de la IA. Y la verdad es que salvo por la pantalla, que después de todo este tiempo seguía siendo LCD en vez de OLED, había poco que mejorar.

Una consola vestida de gala

Pero finalmente Asus ha lanzado en Chile su último cariñito al mundo gamer, la que sumando todas sus mejoras y características ya puede considerarse como la versión definitiva del proyecto que alguna vez vimos allá en el 2023. Su nombre es algo extenso: ROG Xbox Ally X20 y es tanto una celebración de los 20 años de la marca Republic of Gamers como también su propuesta más ambiciosa hasta ahora.

En esencia, la ROG Xbox Ally X20 es la versión mejoradísima de la ROG Xbox Ally X del año pasado: es el mismo formato en cuanto a ergonomía, con los botones en formato Xbox, las manillas para tomarla de mejor manera y un tono más oscuro a diferencia del blanco original. Pero prácticamente en todas las cosas que le importan a un gamer es un modelo mejor.

Lo más importante es la pantalla, que no solo es más grande —pasando de 7 a 7,4 pulgadas— sino que por fin se trata de un panel OLED con tecnología antirreflejo, brillo de hasta 1.400 nits en modo HDR, compatibilidad con Dolby Vision y 120 Hz de tasa de refresco. Y jugar con ella es un placer. La principal deuda de la serie Ally finalmente quedó saldada aun cuando, comparando con algunos modelos de la competencia, es más un ponerse al día que una revolución. De todas formas, el brillo y calidad de la OLED hace que los juegos aun cuando corran a la resolución máxima del equipo que sigue siendo 1080p, luzcan mucho mejor y más claros, además de poder disfrutar del contenido en una mayor gama de situaciones lumínicas.

Otra mejora, sobre todo a largo plazo, son sus joysticks, en apariencia igual que los anteriores con la misma tecnología Aura de iluminación RGB, pero ahora son magnéticos, con tecnología TMR que los hace más precisos y sobre todo, reducen su degradación con el tiempo, algo importante cuando uno invierte en un equipo que, les adelanto, no será muy barato.

Y el diseño, aun cuando parezca solo estético, también se encargó de hacer mejoras a la hora de jugar. De partida, la ROG Xbox Ally X20 juega con colores negros y dorados por sus 20 años y lo hace con una carcasa de plástico traslúcida que permite ver un poco de lo que hay dentro del equipo. No es una casa de cristal que lo muestra todo, sino que un gris ahumado que considero de lo mejor que se ha visto, considerando que hemos tenido solo blanco y negro.

Pero el diseño también mejoró el sistema de ventilación del equipo, para mejorar su rendimiento, pero aun más importante, las manillas tienen un texturizado de goma que hace que se sienta mucho más segura a la hora de jugar horas y horas sosteniendo un equipo de 756 gramos.

Alma de consola, flexibilidad de Windows

A esto también hay que sumarle la última versión del modo Xbox para este tipo de consolas, que permite acceder a los juegos rápidamente, entrando siempre por defecto a la app de Xbox, pero pudiendo agregarle además otras como Steam o Epic. Steam sobre todo, con su modo Big Picture, funciona prácticamente sin problemas, pero uno siempre puede acudir al modo escritorio con un simple gesto en la pantalla táctil y desde allí forzar el cierre de aplicaciones o bien gestionar algo más profundo del propio Windows.

El resto de los componentes son prácticamente los mismos que la ROG Xbox Ally X del año pasado: el mismo procesador AMD Ryzen Z2 Extreme, los mismos 24 GB de RAM y 1 TB de almacenamiento PCIe 4.0. Que no haya ningún cambio en su interior se agradece porque por un lado se trata de un rendimiento que ya demostró operar bien, sobre todo con juegos indies o aventuras más pesadas pero con configuraciones medias o altas y, para ser sincero, con el aumento de precio de los componentes quizás habría que haber reducido el fierraje para mantener mejores precios.

Lamentablemente esto significa que en cuanto a cosas como la batería (que es la misma del año pasado) y en rendimiento, el equipo seguirá siendo igual: seguirás necesitando que esté enchufada para sacarle el mayor jugo, sobre todo en títulos AAA, y seguirá operando con modos menos potentes para alargar su vida útil que es de un máximo de 4 horas en el modo de menor consumo y con juegos menos demandantes, y de una hora y media a dos con títulos AAA y con el máximo poder de sus componentes.

Pero sinceramente, no sé si algo de ese formato y con la calidad que se le exige pueda llegar a dar más: habría que poner más batería, aumentando el tamaño y peso o bien, reducir el poder como si fuera una Switch, bajando la calidad misma de la experiencia de los juegos y del computador mismo. Lamentablemente es una balanza muy difícil de sopesar.

De la excelencia al lujo

Sin embargo, todo lo que pueda recomendar sobre la experiencia con el producto se cae con un factor muy relevante y externo al producto en sí: el precio. Y es que si bien el poder adquisitivo siempre es un factor subjetivo, lo cierto es que las alzas del mundo tecnológico han llevado a convertir lo que en un momento fue una alternativa bastante recomendable en un producto de lujo.

La ROG Ally original, por ejemplo, que de todas formas no recomendaría hoy por su rendimiento y fallas típicas de un producto de primera generación puede encontrarse alrededor de 500 o 600 mil pesos. Razonable dentro de su competencia.

Pero ya con la ROG Xbox Ally del año pasado pudimos ver las primeras alzas. La ROG Xbox Ally X, que es el modelo equivalente al que probamos hoy pero sin la pantalla OLED ni los controles nuevos ni las mejoras ya comentadas puede encontrarse por $1.149.990, alto pero bueno, el precio del mercado. ¿La ROG Xbox Ally X20? Afírmese porque el precio sugerido es de $1.899.990. Y eso que es el modelo estándar, el que probamos. Hay un bundle de edición coleccionista que incluye desde una maleta de transporte hasta unos lentes Xreal que funcionan bastante bien pero a 3 millones de pesos.

Y en ese rango de precio la recomendación es difícil. La ROG Xbox Ally X sigue siendo algo cara pero tiene, objetivamente, el mismo rendimiento que la X20 y salvo que realmente te guste el diseño, realmente necesites la pantalla OLED o realmente quieras sticks renovados, entonces sí, gasta tu dinero de forma segura. Pero la realidad es así y hasta que la burbuja de la IA no reviente, tener buenos productos de gaming seguirá siendo un lujo al que cada vez será más difícil acceder.