Escribir para niños no es nada fácil, pero ¿qué pasa si quien lo hace todavía escucha a su niño interior y encuentra en él una forma de mantenerse presente, jugar y disfrutar?
Ricardo Marcos, creador de Cocinando con Ricardo y autor de El conejito pastelero y la receta del corazón, partió justamente de ahí para escribir una historia que mezcla dos de sus grandes pasiones: la cocina y los cuentos.
Hoy, su proyecto reúne a una comunidad de alrededor de 375 mil personas en Instagram y 60 mil en Facebook, pero el libro comenzó a tomar forma incluso antes de que naciera Cocinando con Ricardo. La historia ya estaba ahí, “cocinándose”, mientras buscaba la manera de convertir recuerdos, personajes y emociones en un cuento infantil.
“Siempre he amado la cocina, especialmente la repostería, pero también siempre me ha encantado la escritura, la poesía, las historias. Desde chiquito he amado los cuentos de hadas y las fábulas y me han acompañado por muchos años. Simplemente un día se me ocurrió que podía mezclar las dos cosas que amo, sin mayor intención, sólo por el gusto de hacerlo”, explicó.
Inspiración familiar: del niño que aprendía en la cocina al personaje de cuento
Ricardo aprendió a cocinar mirando a su mamá y a las mujeres de su familia y ese vínculo quedó dentro del libro. El conejito pastelero está inspirado en él; Coneja Dulce, la mamá del personaje, nació a partir de su propia madre, y otros personajes toman elementos de integrantes de su familia.
“Como adulto, escribir para niños siento que tiene que haber una conexión con tu niño interior y a veces requiere tomar tiempo, separarte de la página; a veces requiere jugar”, señala.
Aunque es un libro infantil, también lo pensó para adultos que aún conectan con sus recuerdos de infancia.
Hay una idea que atraviesa todo el libro: “el amor que le ponemos a lo que hacemos es lo que lo transforma en algo especial”. Y eso incluye equivocarse, volver a intentar y dejar que la creatividad tenga su propio tiempo.
“Hemos olvidado que la creatividad conlleva un proceso de prueba y error y es normal”, afirma.
Un freno a las pantallas: la importancia de crear a fuego lento y disfrutar los detalles
Actualmente vivimos en una época de pantallas y estímulos constantes, Ricardo no plantea una batalla contra las redes sociales ni contra las pantallas pues su propio trabajo vive ahí. Pero sí cree que niños y adultos necesitan conservar momentos en los que todo pueda suceder un poco más despacio.
“Estamos acostumbrados a que todo tiene que ser rápido, todo tiene que tener un valor inmediato, cuando a veces las cosas pueden tomar tiempo y está bien. Creo que el libro es parte de eso: sentarte, observar”.
Por eso las ilustraciones, llenas de pequeños detalles, también invitan a detenerse y observar.
Ricardo espera que El conejito pastelero tenga nuevas aventuras y que, con el tiempo, pueda crecer como una saga. Por ahora, prefiere disfrutar un proyecto que tardó tres años en convertirse en realidad.




