Desde hace ya bastante tiempo que la industria de los teléfonos celulares encontró su lugar seguro y comenzó simplemente a avanzar en números y no necesariamente en innovación.
Cada año las compañías renuevan sus líneas más icónicas sumando un número más a su modelo: del iPhone 17 al 18, del Galaxy 25 al 26 o del Pixel 9 al Pixel 10. Y con ello sabemos más o menos qué esperar: una cámara algo mejor que la del año pasado, más batería, un mejor procesador y una pantalla algo más brillante.
Y Honor no ha sido la excepción. La comodidad del rectángulo negro que vive en nuestros bolsillos y este círculo de conformidad en el que ya no se quiere pensar más allá de los bordes del equipo hacen que las compras sean efectivamente más fáciles para los usuarios, pero para los aficionados a la tecnología hacen que todo se vuelva algo más insulso.
Pero la compañía china sorprendió en 2025 al demostrar que el conformismo ya no estaba dentro de sus planes. Allí la firma anunció el “Plan Alfa”, con el que se comprometería a avanzar tanto en materia de robótica como de inteligencia artificial, primero a nivel interno para luego verter todo lo aprendido en productos para nosotros, los consumidores finales.
Y así es como en marzo de 2026, en Barcelona, presentaron al que sería el primer hijo de esta nueva aventura: el Honor Robot Phone, un teléfono de apariencia tradicional pero que en su parte trasera contaba con un brazo robótico capaz de levantarse y sostener una cámara de formato gimbal. Esto significa que el brazo robótico es capaz no solo de moverse a voluntad del usuario, sino que también puede adaptarse a los movimientos voluntarios e involuntarios, eliminando al 100 % la imagen borrosa y estabilizando lo que se está grabando.

Este tipo de cámaras gimbal existen hace tiempo en el mercado pero como un producto externo, y esta es la primera vez que una tecnología mecánica tan compleja viene incorporada por defecto en un teléfono. De pronto, los celulares dejaban de ser aburridos y ser solo números, para abrir una nueva era jamás pensada.
Y el público respondió: el teléfono salió a la venta el pasado mes de agosto en China y, cuando se esperaban unas 200 mil órdenes del equipo, las reservas superaron las 400 mil. Todo un éxito. Pero la pregunta, más allá del chiche tecnológico, es saber por qué. Así que fuimos invitados por la marca para conocer de primera fuente cómo funciona el teléfono robótico y qué lo hace tan especial como para querer que el equipo salga de China más pronto que tarde.
Levántate, cabeza dura
Viéndolo de perfil, el Robot Phone no parece nada del otro mundo. No es ni más grueso ni tanto más pesado que un smartphone tradicional de gama alta. Es una pantalla de 6,3 pulgadas, un marco de aluminio y mucha batería. Sin embargo, su módulo de cámara trasera es más abultado de lo normal, ya que ahí reside guardada la mayoría del tiempo la cámara robótica.

La cámara es una pequeña maravilla sostenida por un brazo de titanio de más de 100 componentes y 100 patentes creadas exclusivamente para su fabricación. Para sacarla de su lugar de almacenamiento basta con simplemente presionar un botón y en unos segundos un sistema mecánico permite que salga a la luz.
En términos de números, es una cámara de 200 MP capaz de grabar en 10 bits. Posee un zoom óptico de hasta 3x, pero su mayor particularidad es que puede enfocar para adelante, para atrás y moverse de manera libre en hasta 180°.

De partida, la cámara en si toma muy buena fotos, aun cuando es a contraluz y con un color bastante natural. No tiene un gran zoom pero eso es algo que por naturaleza es difícil de conseguir en una cámara de su tipo. Pero donde más destaca es claramente cuando el brazo robótico se pone en acción y toma el control de la cámara sin que te des cuenta.
Esto le permite tener todas las ventajas de un estabilizador mecánico: elimina las sacudidas al caminar, correr o moverse de manera imprecisa; puedes nivelar el horizonte y mantener una toma fija sin importar cómo se agite el equipo, e incluso configurar para hacer un modo FPV (First Person View o Vista en Primera Persona) que emula los movimientos del rostro al mirar hacia los lados para tener tomas mucho más naturales.
Y si bien hoy en día hay muchos teléfonos que ofrecen una estabilización bastante impactante al grabar contenido, una solución física siempre será superior a una solución digital, donde siempre terminan apareciendo artefactos o limitaciones que delatan la magia detrás.
Todo esto está pensado principalmente para creadores de contenido y aficionados a grabar, por ejemplo, harto contenido outdoor, videos de viajes y más, pero sin tener que andar con mucho equipamiento. Desde Honor lo llaman el “One Man Creator”.

Pero ¿recuerdan que la robótica era solo una mitad de este Plan Alfa? Porque la IA también tiene un rol súper importante en cómo darle vida y hacer que esta cámara sea distinta a otras del mercado. Y es que el Robot Phone también aplica la Inteligencia Artificial para hacer que su cámara sea algo más que solo un triunfo mecánico.
Por ejemplo, si la colocas en un trípode puedes hacer que reconozca tu rostro o el de otra persona y seguirlo de manera automática mientras se mueve, con un tracking muy veloz y solo con el límite de los 180°. Da lo mismo si te acercas, te alejas, te mueves para un lado o para el otro: la cámara buscará mantenerte siempre centrado.
Y a través de comandos de voz, puedes controlarla para que tome fotos, grabe videos o incluso baile. Todo esto se hace a través de la interfaz del asistente de IA oficial de Honor, que se llama YOYO, que actualmente está disponible solo en China y que es una de las principales razones por las cuales el teléfono aún no tiene planes de salir más allá de las tierras orientales, salvo por experiencias en donde lo sacan a pasear para que el resto del mundo lo vea, como la final de la Copa del Mundo, el Festival de Cannes, ferias tecnológicas y ahora en Chile.
Usar el Robot Phone con un trípode e interactuar con la cámara a través de conversaciones es quizás el uso más masivo que podría tener un aparato así y el que se siente más como un truco para impresionar a tus amigos, pero es parte de su encanto. Es entretenido pero a la vez útil, ya que el brazo robótico también puede usarse para tomar fotos grupales de grupos muy extensos, ya que solito va haciendo el truco de girar lentamente para captar más información.

Y por supuesto, cuando ya no lo necesitas, el robot vuelve a alojarse en su cuna y queda listo para cuando lo vuelvas a requerir. Evidentemente, cuando se trata de partes mecánicas hay que siempre tener un cuidado extra para no estropearlas, pero nada muy distinto a como uno debe tratar a otros equipos con gimbal.
El poco tiempo que pude compartir con el teléfono en mis manos sirvió para volver a alimentar una llama que ya se estaba apagando: la de entusiasmarse por un mundo tecnológico que cada vez parece rimar consigo mismo. Lamentablemente no hay planes concretos para traer esta versión del Robot Phone de Honor a Occidente, pero si la fórmula termina resultando bien, es muy probable que todo este esfuerzo termine no solo convirtiéndose en una nueva generación de productos, sino que —en el mejor de los casos— inspirando a la industria a divertirse y transmitir esa creatividad a productos y no a slogans.





