SEÑOR DIRECTOR:
Leí con sorpresa el editorial “El rol que debe jugar el ministro de Defensa”. Como exministro de esa cartera, me parece que sus críticas revelan una equivocada comprensión de las responsabilidades de Defensa, que no se limitan a administrar las Fuerzas Armadas, sino que incluyen proteger nuestra soberanía, desarrollar capacidades estratégicas y participar, desde su ámbito, en las relaciones internacionales de Chile.
En ese marco, me parece un error cuestionar que un ministro se pronuncie sobre las relaciones estratégicas con EE.UU. o la situación de las islas Malvinas respecto a Argentina. Más sorprendente aún es presentar los ejercicios militares anuales en Magallanes y el entrenamiento de nuestros F-16 como inconvenientes. ¿Se pretende que nuestras FF.AA. suspendan su preparación cada vez que surja una tensión diplomática por leve que esta sea?
Estimo que tampoco tiene sustento insinuar que respaldar a las FF.AA. convierte al ministro en un simple “portavoz” del mundo militar, cuando la conducción civil consiste precisamente en dirigir, supervisar y asumir la responsabilidad política de su preparación, como lo ha hecho el ministro Fernando Barros.
Coincido en que la prudencia es indispensable en Defensa, pero no debe confundirse con silencio o pasividad. Resulta extemporáneo cuestionar tareas permanentes del Estado como si fueran provocaciones. La Defensa Nacional no se improvisa y no se fortalece pretendiendo que su ministro renuncie a ejercer las responsabilidades que le impone la Constitución y las leyes.
Baldo Prokurica
Ex ministro de Defensa Nacional






