En medio de la incertidumbre, la injusticia, el derrumbe de la esperanza y los discursos de odio que caracterizan a la sociedad actual, el escritor uruguayo Ruperto Long entrega una novela que hurga en la fortaleza de la amistad.
Éramos tres niños perdidos en la niebla (Roca Editorial) se desarrolla en 1938 y narra la historia de tres pequeños amigos de distintos países europeos, su separación y su destino en medio de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Pero, sobre todo, su valor para sobrevivir y reencontrarse.
“Es una ficción basada en hechos reales. Mi aporte es la investigación y darle el carácter de novela: recrea diálogos y toda una época, buscando que el lector viaje en el tiempo y en el espacio. Que se ponga en los zapatos de los personajes y que viva sus experiencias”, comenta en entrevista.
“La Segunda Guerra Mundial fue quizá el hecho más terrible de la historia de la humanidad. Y en particular el Holocausto, que fue una persecución sin parangón. Trato de reconstruir cómo fue posible eso.
“Este conflicto es vigente, porque sigue habiendo enfrentamientos. A una guerra convencional entre países, se sumaron las persecuciones a los judíos, los gitanos, los homosexuales, los discapacitados. Simplemente se dictaminó que no merecían vivir”, agrega.
El ingeniero y político detalla que la historia le llegó a través de un colega.
“Le sucedió a él y a los amigos con los que convivía en ese balneario veraniego, ubicado en la montaña, entre Polonia y Ucrania.
“Era un grupo de niños que vio cómo se acababa su mundo y se venía la niebla. Tuvieron la inocencia y la capacidad de darse cuenta de que se iban a separar e hicieron un juramento de ser amigos para siempre”, añade el autor.
“El camino que recorrerán está plagado de dificultades y penurias, pero también conocerán el abrazo de aquellos héroes anónimos que se jugarán la vida por ayudarlos. Este libro es un homenaje a todos ellos”, destaca el narrador.
Long advierte que “la enseñanza que debemos aprender del Holocausto es a convivir con el distinto, el diferente, con el que piensa de otra forma. Nos cuesta mucho conciliar. Vivimos en un mundo complejo y desafiante. Pero considero que la amistad auténtica dura”.
Dice que quiso mostrar el conflicto bélico desde la mirada de los niños.
“Los adultos siempre vemos las cosas a través de nuestras ideas, prejuicios, convenciones, y tratamos de adaptarlas a como pensamos. Y el niño las ve sin prejuicios, sin filtros; esa mirada es muy valiosa. Hace veraz el relato”.
Éramos tres niños perdidos en la niebla se presentará hoy, a las 19:00 horas, en la librería Un Lugar de la Mancha.




