El límite presupuestario introducido en el reglamento deportivo de la Fórmula 1 hace cinco años le dio la vuelta a un campeonato en el que había equipos que se quedaban sin dinero para desarrollar sus coches a partir de mitad de curso. A partir de ese 2021, las escuderías conocieron El Dorado. Sobre todo, las más poderosas, como Ferrari, Mercedes o Red Bull, que adjudicaban presupuestos de más de 300 millones de euros anuales, y que de sopetón se vieron obligados a no poder gastar más de 127 millones de euros, menos de la mitad. En ese nuevo paradigma, los constructores tuvieron que crear sus propios mecanismos de control para no pasarse de la raya.

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