Quintaesencia del odio. No hay otra manera de calificar la reacción de Ricardo Salinas Pliego al video de ayer de Andrés Manuel López Obrador:

“Reapareció el viejo corrupto y pendejo… Qué tristeza debe sentir al tener que salir a defender al ratero que tiene por hijo. Qué vergüenza. Y por cierto qué acabado y fuera de sí se ve; se le nota preocupado hablando puras insensateces, desesperado por distraer a sus seguidores de lo que es inevitable, debe tener muchas preocupaciones… Lo celebro”.

Al final de su mensaje difundido en redes sociales, el dueño de Elektra y TV Azteca incluyó una carita de satisfacción. Sí, satisfecho por lo que piensa es la desgracia ajena.

El Tío Richie no se conformó con atacar políticamente a AMLO. Inclusive fue más allá de solo insultar al tabasqueño y a su hijo Andrés Manuel López Beltrán. Al menor lo calificó de “ratero”, y al mayor lo llamó “corrupto”, “pendejo”, físicamente “acabado”, emocionalmente “fuera de sí” y con “muchas preocupaciones” por lo que “es inevitable” que ocurra.

Tantos insultos en un párrafo rebajan la calidad del debate político. Pero lo peor no es eso, sino lo que dice al final: que celebra las supuestas preocupaciones o el sufrimiento de López Obrador.

Desear o celebrar el mal ajeno es, por definición, malevolencia. Por tal motivo en redes sociales aparecieron rápidamente imágenes que presentan a Salinas Pliego como enfermo de rabia; una de ellas ilustra esta columna.

En lengua alemana existe una palabra extraordinariamente precisa para describir el placer ante la desgracia de otra persona: Schadenfreude. Está formada por Schaden (daño, perjuicio, desgracia) y Freude (alegría, placer). Significa, literalmente, “alegría por el daño”. Ajeno, desde luego.

El filósofo Arthur Schopenhauer dijo que, por mala que sea, sentir envidia es humano; en cambio, “gozar de la Schadenfreude es diabólico”.

En su ensayo “Sobre el fundamento de la moral”, Schopenhauer apuntó, con sabiduría, que no existe señal más inequívoca de “un corazón completamente malo y una profunda indignidad moral” que la inclinación a la Schadenfreude, y aconsejó evitar siempre a quien muestre ese rasgo.

En la Grecia antigua se utilizaba un concepto similar a Schadenfreude: la epichairekakía, esto es, el placer ante la desgracia ajena. En español se ha empleado epicaricacia, pero es una voz que no aparece en los diccionarios actuales.

Lo que sea, con una u otra palabra queda exhibida la ruindad absoluta de alguien que, como Salinas Pliego, se alegra —“celebra”— por lo que supone es la desgracia de AMLO y su familia.

Haré dos preguntas a mi amigo Jorge Castañeda —un hombre antes progresista, siempre alguien de buenos sentimientos, que por alergia a la 4T se alinea ahora con los proyectos editoriales más conservadores—.

Castañeda promueve bastante su nuevo programa en TV Azteca, en el que despotrica contra la izquierda en el gobierno al lado de María Amparo Casar y Héctor Aguilar Camín, coordinados por un periodista que, si fuera menos escandaloso, realizaría con algo de buen estilo su trabajo, Manuel López San Martín.

Querido Jorge Castañeda: ¿no te das cuenta de que fuiste contratado —como Casar y Aguilar Camín— solo para satisfacer la sed de odio absoluto de un empresario que sigue ofendido simple y sencillamente porque la 4T le exigió pagar impuestos, un proceso de cobro que empezó con el expresidente AMLO y que terminó la presidenta Claudia Sheinbaum? ¿Piensas, Jorge, que se te dejaría en TV Azteca cuestionar a quienes incumplen con sus obligaciones tributarias poniendo como ejemplo al dueño del circo en el que ahora participas? Saludos.