La forma de consumir entretenimiento está cambiando. Si durante décadas ir al cine, a un concierto o a un espectáculo implicaba principalmente sentarse y observar, hoy el público busca interactuar, participar y sentirse dentro de la historia.

Esta transformación está impulsando el crecimiento de las experiencias inmersivas, un mercado que alcanzó los US$137.700 millones en 2025 y que podría superar el billón de dólares hacia 2033, según estimaciones citadas de Grand View Research.

El fenómeno también tiene exponentes chilenos. BeFun, empresa nacional dedicada al desarrollo y operación de experiencias inmersivas basadas en licencias internacionales, ya acumula más de 2,5 millones de visitantes, con 28 experiencias desarrolladas en 12 países.

Su propuesta incluye reconocidas marcas como LEGO, Hot Wheels, Harry Potter, Hasbro y Bluey, con proyectos en mercados como México, Brasil y Argentina.

Cuando el espectador pasa a ser parte de la historia

Para Tomás Carrasco, fundador y CEO de BeFun, la diferencia con los espectáculos tradicionales está precisamente en el rol que adquiere el visitante. “Durante mucho tiempo se llamó inmersivo a lo que en realidad era un buen espectáculo. Hoy la diferencia está en que la persona deja de ser público y pasa a ser parte de la historia”, explica.

La transformación incluso puede comenzar antes de entrar al recinto. En las experiencias desarrolladas por la compañía, por ejemplo, la espera incorpora trivias para niños y comunicación vía WhatsApp para adultos, buscando que ese tiempo deje de ser solamente parte de la logística y se transforme en un componente del recorrido.

“Una experiencia inmersiva de verdad no depende de una pantalla ni de un efecto, sino de que todo lo que rodea a la persona cuente la misma historia, desde que llega hasta que se va”, plantea Carrasco. La propuesta combina tecnología, contenidos y equipos locales, con el objetivo de adaptar las experiencias a las características de cada mercado.

El caso de BeFun refleja además la expansión internacional de este formato. La empresa nació en Chile a partir de una experiencia desarrollada junto a LEGO y posteriormente amplió sus operaciones a distintos países de Latinoamérica, incorporando grandes licencias a su portafolio. Su modelo busca que el público no sea un espectador pasivo, sino que pueda participar e interactuar con los contenidos durante todo el recorrido.

Con este cambio, la tecnología aparece como una herramienta, pero no necesariamente como el elemento central. El desafío para este tipo de propuestas está en construir experiencias coherentes en las que la historia, los espacios, las actividades y la interacción formen parte de un mismo relato.