El miércoles, en la mañanera, le preguntaron a Claudia Sheinbaum por qué no fue a Nueva York. Contestó que hay momentos y momentos, que éste no era el de la Asamblea General y que tampoco fue el año pasado. En el mismo aliento anunció otro viaje: el 18 y 19 de noviembre estará en Shenzhen para la reunión de líderes de APEC, donde México recibirá la estafeta para organizar el foro en 2028. Será su primera visita a China y a Asia como presidenta.
Hay quien leerá el contraste como una contradicción. Yo lo leo como una decisión acertada, por varias razones. Empecemos por el lugar. Shenzhen era poco más que un pueblo de pescadores cuando Deng Xiaoping la convirtió en la primera zona económica especial de China, en 1980. Hoy es la sede de Huawei, Tencent, BYD y DJI, donde se fabrica buena parte del hardware del planeta y donde el Partido Comunista exhibe lo que sabe hacer con la tecnología. China eligió esa ciudad para ser anfitriona de APEC con toda intención. Quien vaya a Shenzhen en noviembre va a ver de cerca esa apuesta.
Y ahí estará Donald Trump. Xi Jinping lo invitó durante la visita de Estado que terminó este viernes en Washington, y el propio Trump confirmó en su red social que lo verá en Shenzhen y después en el G20 de Miami. Será su tercer encuentro en el año. EU y China extendieron su tregua comercial hasta el 10 de enero y acordaron usar la cita de noviembre para hablar de seguridad en IA. Las dos potencias que más pesan en la vida de México van a negociar en la misma ciudad y en los mismos días. Faltar ahí sería quedarse en la puerta de la sala donde se decide buena parte de nuestro futuro.
En lo comercial, la cuenta es sencilla. En 2024 México le compró a China más de 129 mil mdd y le vendió menos de 9 mil. Desde enero rigen aranceles de 5% a 50% sobre 1,463 fracciones importadas de países sin tratado, y las compras chinas de esos productos ya cayeron más de una cuarta parte. Pekín protestó. Washington, en plena revisión del T-MEC, sigue mirando a México con la sospecha de que somos la puerta trasera del producto chino. Con ese mapa, a Sheinbaum le conviene explicarle a Xi su política arancelaria de frente y hacerlo con Trump en el mismo recinto. Nadie podrá decir que México negocia a escondidas con Pekín si la conversación ocurre en un foro multilateral, a plena luz y con los estadunidenses a unos pasos. En lo geopolítico, APEC le da a la Presidenta algo que ningún viaje bilateral le daría: 20 interlocutores más. Japón, Corea, Canadá, Australia, Vietnam, Chile y Perú también se sientan a esa mesa, y muchos viven una tensión parecida a la nuestra. México no tiene que escoger bando para defender sus intereses. Le basta con estar presente, con agenda propia y con la legitimidad de quien organizará el foro dentro de dos años. López Obrador lo entendió en San Francisco, en 2023, cuando en una sola cumbre se reunió con Biden, con Xi y con Trudeau.
Queda el tema que más me convence del viaje. En su visita a Washington, Trump y Xi dejaron pocos acuerdos, pero sí fijaron una fecha: en Shenzhen hablarán de los peligros de la IA. Scott Bessent enumeró algunos, como agentes que se salen de control, actores no estatales y el uso de estas herramientas para diseñar armas biológicas. Esta misma semana, frente al Consejo de Seguridad de la ONU, los directivos de OpenAI y Anthropic pidieron reglas internacionales para una tecnología que ellos mismos consideran un riesgo global. Ninguna de esas reglas va a funcionar si las escriben sólo dos países. México no fabrica modelos de frontera, pero los usa y va a padecer sus fallas igual que cualquiera. Estar en Shenzhen cuando esa conversación arranque, y llevarla después a la APEC de 2028 con voz propia, es de lo más sensato que puede hacer este gobierno en política exterior.
Nada de esto garantiza resultados. Todavía no se ha anunciado una reunión bilateral con Xi, y el viaje valdrá lo que valga la agenda que se lleve en la maleta. Pero la dirección es correcta. Durante dos años, la Presidenta ha salido poco y ha escogido con cuidado a dónde ir. Esta vez escogió bien. Irá a la ciudad que mejor retrata la competencia tecnológica de esta década, en la semana en que Washington y Pekín se sentarán a hablar de sus riesgos, y volverá con el encargo de preparar la APEC de 2028, aquí, en casa




