LA POLÍTICA ES DE BRONCE
Dos dichos y una pregunta. Los dichos: “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” y “el que avisa no traiciona”. La pregunta: después de los resultados de la primera vuelta presidencial en Brasil, donde Flávio Bolsonaro derrotó a Lula, en buena medida por el apoyo político de Estados Unidos, ¿Donald Trump intentará intervenir en las elecciones federales del próximo año en territorio azteca?
En la nueva era Trump, está ampliamente documentado su apoyo a Javier Milei para ganar las elecciones legislativas intermedias; la presión política y diplomática que ejerció a favor del candidato de derecha en Chile; cómo presionó a Gustavo Petro en Colombia para que ganara la derecha y su manifiesto apoyo a Flávio Bolsonaro para que derrotara a Lula. Además, está la decisión de detener a Nicolás Maduro en Venezuela y estrechar el cerco en torno al régimen de Cuba. En cada rincón del continente, la nueva política de intervencionismo estadounidense se ha dejado sentir.
México no es la excepción en estas presiones. Desde el primer día de su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump le ha dado candela a México por medio de la presión diplomática, política y económica en materia migratoria, de seguridad y libre comercio. Hemos padecido esto durante casi dos años. Por supuesto que tratará de incidir en el próximo proceso electoral; de hecho, ya lo está haciendo.
¿Cómo podría expresarse en los próximos meses dicha injerencia? Y la pregunta más importante: ¿cómo podría enfrentarla México?
Dejemos atrás la idea de que Trump intervendrá en las elecciones mexicanas por medio de memes, inteligencia artificial o campañas negras en Internet. Por supuesto que las habrá. Ya se ha documentado cómo operan estas redes en diferentes procesos electorales en México y en otras naciones de Europa y América. La injerencia de Estados Unidos será diplomática, política y económica.
Como el pecho de Trump no es almacén, es muy probable que, una vez realizadas las elecciones intermedias en Estados Unidos, aumenten el número y la intensidad de sus criticas respecto a los esfuerzos de México en materia de migración, combate al tráfico de fentanilo y ratificación o no del tratado comercial. Esto no es una novedad, pero una serie de declaraciones en este sentido, en pleno proceso electoral, puede tener un impacto diferente.
Un segundo nivel de injerencia sería dar una vuelta de tuerca a los procesos judiciales iniciados contra políticos mexicanos, ya sea con nuevos datos de los casos existentes o con el surgimiento de nuevos nombres. Un tercer nivel sería el señalamiento claro en contra de algunos candidatos de Morena en materia de crimen organizado. También podrían presentarse medidas como la cancelación de inversiones o, por ejemplo, la suspensión en la venta de gas o diésel.
La siguiente pregunta es: ¿qué puede hacer México ante la inminente injerencia estadounidense? Obviamente, la oposición estaría feliz y contenta, pues una y otra vez ha ido a Estados Unidos a pedir dicha intervención.
La presidenta, Morena y sus candidatos no pueden actuar como si no pasara nada, como si se enfrentaran a un proceso en condiciones normales, donde enfrentarán a los adversarios tradicionales: PRI, PAN y MC, o a algunos medios de comunicación, a los que derrotaron en 2018 y 2024. Se enfrentarán, además, a una estrategia externa con recursos prácticamente ilimitados en materia económica y política.
Lo peor sería envolverse en la bandera y encerrarse en el discurso nacionalista. Esa estrategia no resultó ni en Colombia ni en Brasil. Morena debe proponer buenos candidatos y fortalecer su movimiento, la democracia y la transparencia en sus campañas. Tampoco se trata de que López Obrador deje su retiro y salga nuevamente a recorrer el país; se trata de hacer política, explicar a la ciudadanía y corregir errores.
Ironías de la política, quizá Donald Trump logre que su tendencia ideológica se imponga en el continente, pero fracase en Estados Unidos. Pronto lo sabremos.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.





