Los sucesos de aquel día sacudieron a la opinión pública internacional. Como se recuerda, un grupo de terroristas de Hamás entró en Israel desde Gaza para asesinar a alrededor de 1,200 personas y otros fueron hechos prisioneros. El gobierno de Benjamin Netanhayu declaró un nuevo Estado de guerra e inició una serie de incursiones y bombardeos sobre la franja con el propósito de aniquilar a todos y cada uno de los miembros de la organización terrorista.
El sempitero conflicto palestino-israelí, que data incluso desde antes de la creación del estado de Israel en 1948, pues se inició la colonización judía de la Palestina británica desde finales de la Primera Guerra Mundial, ha sido sobremanera polarizador. Mientras algunos han justificado la existencia del Estado sionista bajo argumentos históricos y bíblicos, las naciones árabes, la otrora Unión Soviética y los simpatizantes de la izquierda tradicional han denunciado las atrocidades cometidas en pos de la consolidación de la nueva nación.
Ningún conflicto como aquel en esa región del mundo demuestra mejor la imposibilidad moral de un posicionamiento político irreprochable. Mientras los de “derechas” suelen apoyar la legitimidad de la existencia del estado de Israel y justifican la guerra lanzada contra Hamás, los de “izquierdas” alzan la voz, ufanos, para denunciar las acciones israelíes sin el menor miramiento hacia los crueles asesinatos perpetrados por los terroristas en suelo israelí.
Se presentan como paladines de la superioridad moral como si efectivamente fueran especialistas, y como si los miles de inocentes muertos en manos de Hamás no contasen en la narrativa anti israelí. También omiten que, en los hechos, el Estado de Israel, es una democracia parlamentaria y representativa, donde tanto hombres y mujeres de origen judío, musulmán o cristiano cuentan con plenos derechos ciudadanos.
Se equivocan, o tal vez se dejan llevar por sus apasionamientos o intereses políticos, de igual manera que lo hacen los de “derechas”, que ignoran las violaciones a la Carta de Naciones Unidas y al derecho internacional por parte de Tel-Aviv tras las apropiaciones territoriales de 1967 y los asentamientos ilegales realizados por los colonos israelíes en Cisjordania promovidos por el propio gobierno, amén de las abominables acciones contra la población civil palestina registrados por Naciones Unidas.
Los eventos del 7 de octubre de 2023 fueron el resultado de la atroz iniciativa de un grupo terrorista dirigida a matar inocentes. Jamás podrá ser justificado. De igual manera que el estado de Israel, y en particular, el primer ministro Benjamin Netanhayu, deberá rendir cuentas por las crueles acciones desproporcionadas y deliberadas en contra de los hombres, mujeres y niños palestinos alejados de las redes malignas de Hamás. Ni israelíes ni palestinos tienen la potestad moral para denunciar actos deleznables cometidos contra civiles. Son igualmente culpables y la historia les juzgará.





