Soledad Gómez (44) es periodista, MBA en Desarrollo de Personas y Organizaciones y fundadora de Atípicamente, un espacio de coaching para personas neurodivergentes. Pero antes de acompañar a otras personas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), tuvo que aprender a entender su propia experiencia. En el colegio y la universidad perdía los cuadernos, no sabía cómo estudiar y se distraía con facilidad. Visto desde fuera, sin embargo, no parecía haber un problema. “Toda mi vida escolar y universitaria fue sobreviviendo con algún apunte prestado y con muy buenas notas. Tenía excelentes notas, entonces nunca hubo sospecha”, recuerda.
A los 20 años recibió el diagnóstico de TDAH, pero no fue suficiente para comprender lo que le pasaba ni para encontrar herramientas que le permitieran desenvolverse mejor. “En ese momento no me dijeron que era para toda la vida ni en qué consistía”. Años más tarde, cuando volvió a buscar ayuda, una psiquiatra descartó el diagnóstico porque le iba bien en el trabajo y terminó tratándola por un trastorno bipolar. Los medicamentos le hicieron mal y la experiencia la dejó con pocas ganas de volver a consultar. En ese periodo, cuenta, convivía con “una sensación de no encajar, de que todo el mundo podía hacerlo menos yo”.
El cambio llegó cuando encontró a una coach especializada en TDAH. Por primera vez, tuvo herramientas que podía aplicar en su vida cotidiana. “No se trataba de ser una persona más organizada, sino de organizar lo necesario para sobrevivir, sin cambiar todo”, explica. Esa experiencia también le permitió reconocer una realidad que compartían otras personas, especialmente mujeres que llegaban a la adultez sin comprender por qué tantas cosas les costaban más de lo esperado.
En 2024 fundó Atípicamente, una iniciativa que acompaña a personas neurodivergentes y ofrece capacitaciones a empresas. “Lo que yo quería hacer era entregar recursos y apoyo para adultos, porque hay muchas cosas para niños. Se necesitan más servicios que entiendan que hay personas que tienen que responder ante el mundo, la familia, el trabajo y la sociedad, pero no tienen ningún apoyo”, explica.
Hoy, Soledad ha encontrado estrategias para avanzar en lo que considera importante. Eso no significa que los olvidos y las dificultades hayan desaparecido. “El día a día sigue siendo una pequeña batallita, y la voy solucionando con otras cosas”, dice. Desde su propia historia, busca visibilizar una experiencia que durante mucho tiempo quedó fuera de la conversación sobre el TDAH: la de las mujeres que aprendieron a compensar sus dificultades antes de siquiera sospechar que podían tener una explicación.
El rostro femenino del TDAH
Durante décadas, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se asoció principalmente a niños inquietos, impulsivos y con dificultades de conducta. Esa imagen dejó otras experiencias fuera de foco. Un reciente estudio recogió los relatos de mujeres diagnosticadas en la adultez que habían interpretado sus dificultades como ansiedad, depresión, trauma o fallas personales. Muchas debieron insistir para que los profesionales consideraran el TDAH. “No parecían tener dificultades porque sus dificultades no incomodaban a los demás”, explica Soledad.
La conversación también se ha ampliado hacia etapas de la vida que hasta hace poco recibían menos atención. Un estudio comparó a 535 mujeres con TDAH y 4.857 sin el trastorno, y encontró síntomas perimenopáusicos severos en el 54,2% de las primeras, frente al 30,1% del segundo grupo. Aunque los resultados no demuestran que las mujeres con TDAH lleguen antes a la menopausia, sí apuntan a una mayor intensidad de los síntomas.
Y no solo eso. Una investigación publicada en The British Journal of Psychiatry estimó que los adultos con diagnóstico de TDAH en el Reino Unido tienen una expectativa de vida 6,78 años menor en los hombres y 8,64 años menor en las mujeres, en comparación con personas sin ese diagnóstico. El estudio no establece una relación causal directa, pero plantea la necesidad de abordar las condiciones asociadas al trastorno y las dificultades para acceder a tratamientos y apoyos.
—¿Qué tan distinto puede manifestarse el TDAH en las niñas y mujeres?
La hiperactividad es un concepto ligado al TDAH que no está bien comprendido. No solo es física, también puede ser mental. De repente las niñas son muy parlanchinas, no se quedan calladas, interrumpen en clase y están siempre hablándole a la compañera de al lado. También se traduce en pensamientos acelerados y en una desregulación que afecta distintos aspectos, como el emocional. Suele ocurrir que cuando se ve a una mujer con desregulación emocional, se le diagnostica Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). De hecho, el 70% de las personas diagnosticadas con TLP son mujeres. Eso muestra que hay mucho sesgo de género, ya que a las mujeres se les trata de una manera simple en vez de mirar otras cosas. También puede ser la niña que no es hiperactiva, pero está mirando por la ventana, se desconcentra, está como soñando despierta, en otro mundo.
—En los últimos años ha aumentado considerablemente el diagnóstico de TDAH en mujeres adultas y también existe un debate sobre un supuesto “sobrediagnóstico”. ¿Qué crees que hay detrás de este aumento?
Es importante ese tema porque puede haber diagnósticos mal hechos. El diagnóstico del TDAH es clínico, eso quiere decir que no se hace a través de un test. Existen tests, pero es muy importante la entrevista con un médico, un psiquiatra, un neurólogo o un psicólogo, que permita revisar la historia del paciente, cómo es su vida y los factores que pueden estar influyendo.
Sin embargo, creo que esto responde a que hay mucha más gente buscando respuestas. Antes de hablar de diagnóstico y sobrediagnóstico, hay que preguntarse por qué aumentan las consultas. Hay gente que está sufriendo por su salud mental y el foco debiera estar en cómo apoyamos a las personas que están teniendo dificultades para rendir y para presentarse como lo que el mundo espera de ellas. Quizás no estamos frente a demasiadas mujeres diagnosticadas. Quizás estamos viendo, por primera vez, a las que pasaron cuarenta años aprendiendo a funcionar sin ser vistas.
—¿Qué rol cumple la fluctuación hormonal propia de los periodos de perimenopausia y menopausia en los síntomas del TDAH?
Hay pocos profesionales de la salud que entienden la parte mental de la menopausia y de la perimenopausia, y aún menos que entienden de neurodivergencias y de hormonas femeninas al mismo tiempo. Se están haciendo más estudios y los médicos se están empezando a poner al día, a entender que estas fluctuaciones hormonales afectan a las mujeres desde antes de que dejen de menstruar.
Antes de eso viene un cambio hormonal fuerte, empiezan a bajar las hormonas, la producción, la captación y la regulación de dopamina y norepinefrina, dos neurotransmisores muy involucrados en las funciones ejecutivas y que activan la corteza prefrontal. Esas son las hormonas que se ven más afectadas, generando dificultades en la regulación emocional, la atención y el sueño. Por eso muchas veces las mujeres llegan a consultar a esa edad y ahí está como el boom de mujeres diagnosticadas sobre los 40 años.
—Existe también evidencia de una menor expectativa de vida entre adultos diagnosticados con TDAH, en especial en mujeres. ¿Qué factores están detrás de esta diferencia y qué papel juegan el acceso al tratamiento, los hábitos y las condiciones asociadas a este trastorno?
Esa es una de las cosas más tristes del TDAH. Cuando la gente cuestiona que alguien busque diagnóstico, hay que considerar que no tener diagnóstico ni apoyo afecta tu expectativa de vida
Uno de los factores importantes son los accidentes. Una persona que se distrae y mira el teléfono cuando está manejando corre un riesgo enorme y pone en riesgo a otras personas. También está el consumo de sustancias, que es mucho más elevado en la población con TDAH que no tiene tratamiento. Es muy probable que lleguen a consumir drogas, alcohol o comida en exceso, como en el trastorno por atracones, porque se busca algo que dé dopamina o alguna sensación de recompensa. Eso puede llevar a problemas metabólicos que también disminuyan la expectativa de vida.
También está el hecho de no buscar tratamiento, no hacerse los chequeos médicos, postergar el PAP o la mamografía porque no te da para pedir la hora, ponerse en la lista de espera o hacer un trámite. Es una gestión más. Para estar saludable tienes que tomarte un remedio y a veces las personas con TDAH no son capaces de acordarse de hacerlo. Hay muchos factores que pueden contribuir a una menor expectativa de vida.
—¿Qué consecuencias puede tener pasar tantos años sin diagnóstico ni apoyo?
Hay un efecto en distintas áreas. Llegar al diagnóstico en la adultez tiene un componente de alivio, te da una explicación. Pero también hay un duelo súper grande por lo que uno piensa que podría haber hecho o lo que podría haber sido. La persona siente que hay un potencial perdido que nunca va a recuperar, como si le hubieran quitado algo al no tener esa información y esos apoyos desde la infancia.
También hay un tema de identidad, porque la persona viene con muchas etiquetas: distraída, floja, exagerada, hipersensible, intensa. En el fondo, esas etiquetas responden a un trastorno de regulación y afectan la autoestima y la capacidad de confiar en sí misma. Eso es un problema, porque cuando las personas empiezan a desarrollar dificultades relacionadas con su identidad, autoimagen y autoestima, no se cuidan y se dejan de tratar bien.






