¿Se puede hablar de paz mientras se afilan las armas?

Este miércoles, Donald Trump recibió a Xi Jinping con honores excepcionales.

Pero, detrás de la ceremonia, hay una realidad incómoda: las dos potencias negocian estabilidad en medio de guerras que las involucran a ambas.

Sonrisas en público, golpes en privado

Ambas potencias dicen buscar estabilidad, pero los hechos cuentan otra historia.

China ha restringido el suministro de tierras raras (minerales indispensables para dispositivos de alta tecnología), ha detenido a ciudadanos estadounidenses y aprobó sanciones para las empresas que cierran sus fábricas en suelo nacional, para llevarlas a otros países.

Washington, por su parte, ha bloqueado la venta de drones y robots chinos, y aprobó una ley que permite sancionar con aranceles de hasta 100% a los mayores compradores de petróleo ruso, China el principal de ellos. Es una paz armada: cada lado acumula herramientas de presión, mientras sonríe para la foto.

Todas las guerras se cruzan en Medio Oriente

Desde febrero, EE.UU. combate directamente contra Irán, y el conflicto ya desbordó sus fronteras.

Los hutíes, un grupo armado que controla buena parte de Yemen y está respaldado por Irán, aumentan su control sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, la entrada sur del mar Rojo y una ruta comercial clave entre Asia y Europa.

Mientras tanto, Ormuz sigue bajo bloqueo.

Por ese estrecho pasaba cerca de una cuarta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo.

Lo más revelador es quiénes más están en ese tablero.

Según Zelenski -Presidente de Ucrania- satélites rusos vigilan las bases estadounidenses del Pérsico y entregan las imágenes a Irán.

Ucrania, a su vez, atacó buques en el mar Caspio que, según Kiev, transportaban carga militar entre Irán y Rusia. Y China, que compra el 90% del petróleo que exporta Irán, sostiene la economía iraní mientras evita romper con Washington.

Medio Oriente se ha convertido en el cruce de caminos de todas las guerras: allí coinciden Washington, Moscú, Kiev y Pekín, aunque solo algunos disparen abiertamente.

La cumbre llega en un momento clave.

Irán ofreció reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días, con una condición: que Estados Unidos retire los barcos de guerra que impiden la entrada y salida de buques de los puertos iraníes.

Además, una delegación iraní se encuentra en Nueva York para la Asamblea General de la ONU y tiene autorización para negociar. En su reunión anterior con Xi, Trump aseguró que no le había pedido ayuda para resolver la guerra con Irán. Es probable que esta vez sí lo haga.

¿Por qué Washington y Pekín no pueden romper?

Las tres guerras están conectadas por un mismo hilo: la relación entre EE.UU. y China.

Washington necesita que Pekín deje de financiar, aunque sea indirectamente, a Rusia e Irán. Pekín necesita que Washington no lo castigue por hacerlo.

Y, al mismo tiempo, China quiere que termine la guerra en el Golfo, porque amenaza su abastecimiento de energía.

Hasta ahora, Trump ha elegido la calma.

Pospuso un aumento de aranceles, retrasó la venta de armas a Taiwán (China lo reclama como parte de su territorio) y restó importancia al apoyo chino a Irán.

Pero ese equilibrio es frágil: cada misil en el Golfo y cada barril iraní vendido a China lo pone a prueba.

La foto y el mapa

La cumbre del jueves produjo una buena fotografía, pero no cambió la realidad: las guerras de Ucrania y Medio Oriente ya no son conflictos aislados, sino partes de una misma disputa entre grandes potencias.

Por eso, lo importante no es qué acuerdos firmen Xi y Trump, sino cuánto tiempo podrán seguir llevándose bien. Tarde o temprano, las guerras podrían obligarlos a decidir entre cuidar su relación o defender a sus aliados, aunque eso signifique enfrentarse.

Porque en geopolítica, no mover una pieza también es una jugada. Y el reloj sigue su curso.