En Xalapa, Veracruz, vivir con baja visión significa aprender a esquivar diariamente una ciudad que no fue diseñada para todos. Implica caminar con la sospecha constante de que una protección de ventana, un poste sin pintar o una guía podotáctil mal colocada se transformarán en un golpe, una caída o una emergencia.

Significa desplazarse entre estorbos evitables y exigir derechos humanos que no deberían estar a discusión.

Este 26 de septiembre se conmemora el Día del Bastón Verde, color distintivo de quienes viven con baja visión: personas que conservan la percepción de formas o luz, pero con una nitidez profundamente disminuida. Al ser un mal permanente que no se corrige con gafas ni cirugías y que no resulta evidente a simple vista, suele ser invisibilizado. Integrantes del Colectivo de Baja Visión Xalapa, parte del Movimiento de Personas con Discapacidad, denuncian la constante estigmatización que enfrentan por parte de quienes dudan de su condición y se burlan de su desplazamiento.

Obstáculos diarios para las personas con baja visión

En este municipio habitan más de 11 mil personas con discapacidad visual que transitan a diario entre banquetas fracturadas, semáforos auditivos inhabilitados desde hace años y guías podotáctiles interrumpidas por botes de basura o puestos ambulantes.

Apoyarse de las paredes para avanzar se ha vuelto una estrategia habitual que no los exime de sufrir percances recurrentes.

Sin embargo, la comunidad con baja visión no sólo demanda accesibilidad; también aporta talento, economía y cultura.

La pérdida de visión, empero, no invalida la capacidad productiva ni la creatividad.

Muestra de ello es Carmen Salazar, diseñadora gráfica que adquirió la discapacidad hace cuatro años. En lugar de retirarse, reorientó su labor mediante la integración de texto braille, códigos QR con audiodescripción e impresiones en 3D para ser exploradas al tacto.

Para ella, el diseño accesible es innovación desde la vivencia sensorial.

Asimismo, Eduardo, DJ y productor musical, acondicionó su centro de trabajo con lectores de pantalla, adaptadores de contraste y lupas electrónicas.

Además, conformó un equipo de futbol para atletas con baja visión, reafirmando que la inclusión abarca también la recreación deportiva.

Tecnología, trabajo y deporte para la inclusión

La demanda hacia las autoridades y legisladores es clara: ser consultados e involucrados activamente en el desarrollo urbano. Bajo la máxima “Nada de nosotros sin nosotros”, el colectivo solicita obras públicas funcionales, transporte adecuado y el cese de intervenciones puramente cosméticas.

Brindan acompañamiento a quienes adquieren esta condición debido a padecimientos como la diabetes o la hipertensión, recordando que existen herramientas para conservar la autonomía y exigiendo una ciudad segura para todos.

*mcam