San Sebastián.— Antes de Brad Pitt, Hollywood o una nominación al Globo de Oro hubo una gran mujer trabajando y un niño frente a un televisor.

Diego Calva creció durante varios años solo con su madre, Lorena. Ella le enseñó de todo, entre muchas cosas, a poner los VHS, rebobinarlos y volverlos a empezar. De ahí nació buena parte del gusto por el cine que terminaría marcando su vida.

Ahora quiere devolverle algo de aquella historia. Desde hace varios años escribe un guion sobre la vida de Lorena, a quien llama su “superheroína”, y piensa dirigirlo él mismo.

Llevo a su mamá a la premier de Babylony a los Globos de Oro. Foto: Clasos

“La vida de mi mamá sería una que me encantaría. También hablar sobre el trauma generacional o transgeneracional que nos vamos heredando entre familias, entre madres e hijos”, explica Calva en San Sebastián, donde presentó Club Kid, de Jordan Firstman.

Lorena, escritora, poeta y editora, crio a Diego como madre soltera durante buena parte de su infancia en Santa María la Ribera. Él recuerda aquellos primeros años pegado a ella: pasaba tanto tiempo acompañándola que, literalmente, aprendió a caminar en su oficina.

“Quiero hablar de todas las dimensiones que tiene el amor”, ahonda el actor de 34 años.

Diego no ha dejado de mirarla. Este mismo año, en un podcast de la BBC, al preguntarle qué personajes siente que todavía faltan en el cine actual, pensó precisamente en mujeres como ella: “No veo muchas historias de mujeres como mi madre, en sus 60, solteras”.

Pero aquella infancia no transcurrió únicamente entre libros y películas. El departamento familiar también fue uno de sus primeros escenarios. De niño, Diego y su amigo Bruno montaban pequeñas obras para los vecinos del edificio y cobraban cinco pesos por entrar.

Después llegó la calle. Calva recuerda una Ciudad de México en la que pasaba las horas en parques, jugando futbol o recorriendo grandes distancias en patineta para encontrar algún sitio del que otros skaters le habían hablado. Ahí, asegura, tiene a sus verdaderos amigos.

“Veía todos los días a los mismos chicos. Eran mis hermanos. A mis amigos skaters no les importa si me gano un Oscar o no. Vas creando ese tipo de lazos y eso se refleja en lo que esta cinta cuenta”, enfatiza.

Por esa relación con México y por lo vivido desde su infancia, cuando piensa en las historias que quiere contar, ya sea como actor o detrás de la cámara, Calva vuelve una y otra vez a la familia y a lo que ocurre en Latinoamérica.

“Es un momento muy bonito para regresar a contar historias latinoamericanas. Sobre todo, para hablar de ciertas cosas políticas porque es muy importante entenderlas y, pues, yo no soy gringo, no soy americano. Mis dolores son mucho más mexas, mucho más latinos”, dice.

El privilegiode elegir

Tras Babylon, de Damien Chazelle, donde compartió créditos con Brad Pitt y Margot Robbie, Calva asegura que ganó algo poco común en su oficio: la posibilidad de elegir. “Pasó una cosa muy bonita que es que pude empezar a decidir, lo cual es un privilegio en esta profesión”.

Club Kid, de Firstman, es una historia sobre adultos que aún intentan encontrarse y las familias que uno construye en el camino. Calva la define como un coming of age para “adolescentes de 30 años” y como una de las películas más cercanas de su carrera.

Y justo con este rodaje reavivó su inquietud de dirigir. “Creo que ya está llegando mi momento. He estado robando los trucos de todos los directores con los que trabajo”.

Mientras tanto, seguirá actuando entre México y Latinoamérica. Próximamente viajará a Colombia para un nuevo proyecto.

Lo mejor es que, más allá de todo lo que cambió desde Babylon, asegura que el cine sigue siendo el lugar donde se siente libre. “Me sigue salvando la vida todos los días. Digo: hoy estoy en San Sebastián, mamá, ¡no manches!” Con información de Jesús Díaz

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