La cuarta temporada de Ted Lasso llegó a su fin con “Vivir la vida”. A diferencia de las anteriores, esta entrega pone al futbol femenil en el centro a través del AFC Richmond y muestra los obstáculos que enfrentan las mujeres para desarrollarse profesionalmente en el deporte.
La historia retoma una de sus frases más representativas: “Futbol es vida”, de Dani Rojas. Ahora, su hermana María Rojas plantea una idea distinta: “la vida es mucho más que futbol”.
La frase expone una realidad del futbol femenil: para muchas jugadoras, construir una carrera implica resolver situaciones que van más allá de la cancha, como la maternidad, los estudios, los ingresos y las condiciones laborales.
La serie también muestra las diferencias frente al equipo varonil y la necesidad de competir por oportunidades dentro de una estructura que históricamente ha privilegiado a los hombres.
Por eso, la frase de María permite mirar el futbol femenil desde otro lugar: ¿qué ocurre cuando una futbolista debe preocuparse por su salario, futuro, maternidad, estudios y condiciones laborales antes de simplemente dedicarse a jugar?
Ahí está una de las ideas centrales de Ted Lasso: para ellas, los problemas no terminan con el partido.
Lizzie Davis: ser futbolista y madre
Lizzie Davis enfrenta desde el tercer episodio, “Jugando por un sueño”, el reto de conseguir un lugar en el AFC Richmond mientras cuida a su hijo. Su historia muestra cómo la maternidad forma parte de las decisiones que debe tomar mientras intenta desarrollar su carrera como futbolista.
Su historia plantea que la carrera deportiva no ocurre de manera aislada. Las decisiones personales y familiares también forman parte de las circunstancias que una futbolista debe enfrentar.
Gemma Jay: elegir entre el futbol y otra profesión
Gemma Jay enfrenta un dilema diferente. Antes de regresar a jugar futbol, la delantera estudia derecho y durante el episodio siete, “Sí, y nena”, aparece el conflicto entre continuar con su preparación profesional o dedicarse al deporte.
La lesión de rodilla que atraviesa durante la temporada influye en su decisión inicial de apostar por el derecho. Sin embargo, después de hablar con la coach Alice Chilton, decide poner en pausa sus estudios para concentrarse en el futbol.
Su caso muestra que incluso cuando existe la posibilidad de desarrollar una carrera fuera de las canchas, compaginar ambas actividades puede convertirse en un reto.
El futbol femenil como fuente de ingresos
Las hermanas Niamh y Siobhan Harrigan también enfrentan las limitaciones económicas relacionadas con el futbol. Durante el séptimo episodio descubren que el alquiler de su departamento aumentará y consideran que su salario como futbolistas no es suficiente para cubrir ese incremento.
La situación se relaciona con la historia de Shannon Stone, otra jugadora del AFC Richmond. Después de ser seleccionada en las pruebas del equipo, aparece trabajando como repartidora de comida. Cuando un cliente le pregunta si, además de jugar, también realiza entregas, responde: “futbol femenil de segunda división”.
En ambos casos, la serie presenta la necesidad de contar con otras actividades para poder mantenerse mientras juegan futbol. El deporte aparece como una parte importante de sus vidas, pero no necesariamente como una fuente suficiente de ingresos.
Keeley Jones y Rebecca Welton: construir un proyecto
Las dificultades también alcanzan a quienes están detrás del AFC Richmond femenil. Keeley Jones, directora de marketing e impulsora del proyecto, intenta encontrar soluciones a las desigualdades que existen frente al equipo varonil.
Entre los problemas que enfrenta están la falta de un vestidor adecuado y las dificultades para atraer público al Nelson Road. Durante la temporada, estas situaciones ponen a prueba su credibilidad dentro del proyecto y su capacidad para encontrar respuestas.
Rebecca Welton, propietaria del club, también comienza con dudas sobre la viabilidad financiera del equipo. Su preocupación se centra en que mantener al conjunto femenil pueda significar quitar recursos al varonil. Sin embargo, el entusiasmo de Keeley termina por convencerla de darle un voto de confianza al proyecto.
Mae Green y un sueño que antes no era posible
En “Mae va en el autobús”, Mae Green, propietaria del pub The Crown & Anchor, acompaña al AFC Richmond al partido en el que puede conseguir el ascenso a la Women’s Super League.
Durante el viaje, Mae cuenta que de niña soñaba con ser futbolista, pero que en aquella época las mujeres no podían jugar futbol de manera oficial. Aunque reconoce que no tenía un gran nivel, transmite al equipo la confianza en sus capacidades y en la posibilidad de formar parte de un club profesional.
Su historia conecta el proyecto del Richmond con una generación que no tuvo las mismas posibilidades de jugar de manera oficial.
“Creer y”: una nueva idea para el AFC Richmond
La cuarta temporada también cuestiona otra de las ideas centrales de Ted Lasso: “creer”. Mientras el concepto ha funcionado como una motivación para el equipo varonil, las jugadoras plantean si ya creen lo suficiente en el futbol femenil como para enfrentar los retos adicionales que implica.
A través de Alice Chilton, el equipo transforma esa idea en “creer y”. No se trata únicamente de confiar en que algo puede suceder, sino de acompañar esa creencia con una acción para alcanzar algo más grande.
Así, la temporada utiliza al AFC Richmond femenil para mostrar que el futbol no termina cuando acaba un partido. Para sus protagonistas, también involucra decisiones personales, responsabilidades familiares, estudios, trabajo, condiciones económicas y la posibilidad de construir un espacio profesional dentro del deporte.



