Es la relación de moda: Estados Unidos y México son socios, aliados, hermanos. El vínculo del casi trillón de dólares, la “envidia” del resto del mundo, una historia común detrás de una frontera. Ahora, después de meses de una tensión que estrangulaba, ambos países están de acuerdo: la relación va muy bien. Lo ha dicho esta semana Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU y Claudia Sheinbaum, que decidió no ir a la cita mundial, desde Palacio Nacional. También lo han afirmado este miércoles en la Convención Binacional, organizada por la American Society, gobernadores de todos los signos políticos, congresistas, funcionarios y el embajador estadounidense Ronald Johnson. En una jornada de reuniones sobre economía y seguridad se ha nombrado mucho a los “elefantes en la habitación” (las amenazas del crimen organizado y de China) y nada a lo que hasta hace poco amenazaba con hacerlo estallar todo: la presencia de agentes de la CIA sin autorización federal en Chihuahua, la acusación por narcotráfico al gobernador sinaloense Rubén Rocha o la retirada de visas a figuras claves de Morena. En un escenario plagado de desencuentros, el momento actual es el de la exaltación de una amistad.

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