A partir de las cifras oficiales, el miércoles afirmé aquí que no existía una demanda de usuarios del Tren Maya, sino que el gobierno de López Obrador la había inventado.

Proyectó que, para mediados de 2026, un promedio de 134 mil personas estarían viajando diariamente en el tren. La realidad es muy distinta. Entre enero y septiembre de este año, sólo unos 3 mil 200 pasajeros lo hacían: 98% menos de lo calculado.

Ayer, en Palacio Nacional, precisaron la cifra. El Tren se inauguró el 16 de diciembre de 2023 —hace mil 28 días—, por lo que cada día transportó a un promedio de 2 mil 849 pasajeros. Desastre estadístico reconfirmado.

El entonces secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, informó en una entrevista de septiembre de aquel 2023, que la construcción del Tren Maya tendría un costo aproximado de 500 mil millones de pesos.

Por lo tanto, si se dividen esos 500 mil millones de pesos entre los pasajeros transportados, cada viaje ha representado hasta hoy una inversión de 170 mil 700 pesos. Y eso sin considerar los gastos operativos. Desastre financiero.

¿Cuál era la necesidad de hacer una obra de ese tamaño? Únicamente desde el pensamiento mágico se podría afirmar que, dentro de una década, 134 mil mexicanos requerirán del Tren Maya de lunes a domingo. Esto es un gran fraude. Con mayúsculas. Mentir y dilapidar esa endemoniada cantidad de dinero es un gran fraude. Un crimen. Impune.