La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI muestra que las mexicanas están teniendo menos hijos. La Tasa Global de Fecundidad pasó de 1.9 hijas e hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024, una reducción de casi 37% en apenas cinco años. Al mismo tiempo, la edad mediana de la población mexicana pasó de 29 años en 2020 a 32 años en 2025. Es decir, la mitad de la población mexicana tiene ahora 32 años o menos y la otra mitad, 32 o más.
Oficialmente, México registra una caída en la natalidad que nos coloca muy cerca de los niveles de fecundidad de algunos de los países con menor fecundidad del mundo, aunque no es correcto decir que México ya está al nivel de Japón a escala nacional. La Tasa Global de Fecundidad mexicana es de 1.2 hijos por mujer en 2024, mientras que Japón registró alrededor de 1.15 ese mismo año. Lo verdaderamente llamativo es que la Ciudad de México ya registra 0.8 hijos por mujer, una tasa incluso inferior a la nacional y cercana a los niveles de los países con fecundidad más baja.
Estrictamente hablando, la Encuesta Intercensal mide fecundidad, que es el comportamiento reproductivo de las mujeres, no la tasa bruta de natalidad, que es la cantidad de nacimientos ocurridos en el conjunto de la población.
Aunque no es una novedad pues la tendencia se ha reflejado desde 2010, se encienden las alertas de los economistas, quienes aseguran que sin alcanzar la tasa de reemplazo, el sistema de pensiones tendrá un daño severo hasta su inviabilidad y al mismo tiempo, que la caída del PIB podría ser catastrófica. La tasa convencional de reemplazo demográfico se ubica alrededor de 2.1 hijos por mujer, por lo que el 1.2 registrado actualmente por México se encuentra muy por debajo de ese nivel. El problema no es únicamente que nazcan menos niños, una menor fecundidad modifica gradualmente la estructura por edades y, con ella, la relación entre población en edad de trabajar y población dependiente. La propia Encuesta Intercensal muestra que México ya tiene una edad mediana de 32 años.
La velocidad de la caída también importa. La presidenta del INEGI, Graciela Márquez, señaló que se esperaba una reducción de la fecundidad conforme aumentaran la escolaridad y la participación de las mujeres en el mercado laboral, pero que lo que no se esperaba era la rapidez con la que ocurrió.
Los resultados de la encuesta colocan a la Ciudad de México en el nivel más bajo de fecundidad, con apenas 0.8 hijos por mujer, y entre los niveles más altos de escolaridad, en tanto que Chiapas, uno de los estados más pobres del país, tiene la fecundidad más alta, con 1.8 hijos por mujer. La diferencia no es menor: entre ambos extremos hay un hijo completo por mujer.
La propia información intercensal permite observar otra diferencia relacionada con la escolaridad: las mujeres sin estudios registraron un promedio de 4.9 hijas e hijos nacidos vivos, mientras que entre las mujeres con educación media superior o superior el promedio fue de 1.2. No significa que la escolaridad sea por sí misma una explicación causal suficiente, pero sí muestra una asociación demográfica extraordinariamente marcada. Significa que una vida libre de maternidad sigue siendo privilegio de clase.
El tema es tan complejo como apasionante, pero más que abundar en los múltiples factores que influyen como la hostilidad procreacional, los niveles de violencia contra las mujeres, inseguridad y el castigo laboral y económico que implica acceder a una decisión reproductiva como tener hijos, quisiera decir que desde el Derecho hay tres buenas noticias.
Buena noticia 1: menos vidas judicializadas
La primera es que la caída de natalidad promete una proyección de menores casos de litigios en los juzgados familiares, que actualmente ocupan en la Ciudad de México el primer lugar de saturación. Se trata de la materia más solicitada en temas de guarda y custodia, pensión alimenticia, reconocimiento de paternidad y otros problemas estrictamente relacionados con la natalidad que condena a las madres y a sus hijas e hijos a tener vidas judicializadas. La noticia es buena para el Poder Judicial, que posiblemente por fin podrá tener condiciones para reducir tiempos en la resolución y paulatinamente, la carga de trabajo.
El dato que hace especialmente pertinente la ironía es que el problema ya es enorme: en 2024, la materia familiar representó 41% de todos los asuntos ingresados en los poderes judiciales estatales, por encima de las materias civil, mercantil y penal. También concentró 41.1% de los asuntos determinados o concluidos. Es decir, la justicia familiar no es una pequeña sección del Poder Judicial: es la materia con mayor volumen de asuntos.
Por supuesto, la reducción de nacimientos no producirá un alivio inmediato. Un niño que no nace hoy no puede convertirse mañana en un expediente de guarda y custodia. El efecto, si ocurre, sería necesariamente gradual y dependería también de la estructura familiar, las separaciones, los conflictos por alimentos, los reconocimientos de paternidad y otros factores jurídicos.
Buena noticia 2: Menos juventudes asesinadas pues no existirán
La segunda gran noticia (que respetuosamente pido sea leído con la ironía crítica con que lo escribo) es para las Fiscalías. El rango de edad en las personas que sufren mayores homicidios se concentra de manera importante en población joven y adulta joven. Es decir que la menor natalidad ofrecerá menor disponibilidad del grupo poblacional que enfrenta una parte importante de las investigaciones por muertes violentas. Dado que la realidad desde la Guerra Sucia, la guerra contra el narco y otros episodios impiden que haya más seguridad para las personas jóvenes e infancias en México, es una buena noticia que las personas decidiendo no tener hijos permitirán que sus no nacidos descendientes puedan librarse de caer en la estadística.
Los datos del INEGI para 2023 muestran que, entre las víctimas de homicidio registradas por las fiscalías estatales, los grupos de 20 a 24, 25 a 29 y 30 a 34 años concentraron porcentajes particularmente altos. Entre los hombres, por ejemplo, representaron 9.3%, 10.7% y 10.5%, respectivamente; entre las mujeres fueron 9.0%, 9.0% y 9.7%. Los hombres de 18 a 19 años también representaron 4.4%. En desapariciones, hay 17 mil 487 menores de edad cuyo desenlace no es conocido. Las personas que están evitando tener hijos podrán librarse de esto.
Buena noticia 3: Menor carga a las finanzas públicas
La tercera gran noticia es para las finanzas del Estado. El grupo de jóvenes, niñas y niños ha sido uno de los principales beneficiarios de programas sociales mediante iniciativas como Jóvenes Construyendo el Futuro, Becas Benito Juárez y otras iniciativas universales que al estar incorporadas a la Constitución, se han convertido en el núcleo del gasto gubernamental. La proyección en la caída de natalidad permitirá que con el paso de los años, la franja de beneficiarios adelgace y poco a poco, las finanzas públicas aligeren el peso por este concepto.
Aquí también hay números interesantes. El Presupuesto de Egresos de la Federación para 2026 asignó 75,043.9 millones de pesos a la Beca Universal de Educación Básica Rita Cetina, 41,282.2 millones a la Beca Universal de Educación Media Superior Benito Juárez, 10,752.5 millones a Jóvenes Escribiendo el Futuro y 24,499.5 millones a Jóvenes Construyendo el Futuro. Son, en conjunto, más de 151 mil millones de pesos presupuestados para esos cuatro programas.
La aritmética demográfica parece sencilla: si en el futuro existen menos personas dentro de las edades que constituyen las poblaciones objetivo de determinados programas, el universo potencial de beneficiarios podría reducirse. Pero también es cierto que el envejecimiento desplaza el gasto hacia otras necesidades, particularmente pensiones, salud y cuidados. La reducción de beneficiarios jóvenes no equivale automáticamente a una reducción del gasto social total, aunque sí representa un alivio en el gasto público que se reflejará en los próximos años pues recordemos que las generaciones que tienen actualmente entre 25 y 40 años mantienen una estadística relevante de informalidad, empleos “freelance” o actividades sin seguridad social.
Por respeto a las familias buscadoras, decidí omitir en el sarcasmo que habrá una menor carga en la búsqueda, pero la realidad es tan abrumadora que así haya una persona desaparecida, no hay ningún tipo de descanso prometido por el hecho de que hayan menos niñas, niños y jóvenes en el futuro.
El pilón de buenas noticias va para los mexicanos que no nacerán, pues sin duda, llegar a un país con tanta incertidumbre, desigualdad y crueldad contra las infancias implica sufrimiento ahorrado. El mismo día en que se dieron a conocer los resultados del INEGI, supimos de una fosa clandestina con dientes de leche, surgieron teorías de una línea de investigación que vincula el dato con los zetas y con un mercado negro ligado a la explotación sexual. Aunque desastroso para los economistas, la caída en la fecundidad y por ende, en la natalidad, contiene ahorro emocional principalmente para las mujeres que no tendrán que vivir la terrible tragedia de lo que este país le hace a sus hijas e hijos.





