Tres cartas o columnas firmadas por dos personas han llamado mi atención las últimas semanas. La de los alcaldes de Providencia, Jaime Bellolio y de Maipú, Tomas Vodanovic; aquella de los exministros Alfredo Moreno y Carlos Ominami el sábado pasado; y la de los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric días atrás. En las dos primeras concurren dirigentes de posiciones políticas diferentes, planteando convergencias con visión de Estado. La tercera,en cambio, es de dos expresidentes discrepando con el Presidente en ejercicio por decisiones de este último en política internacional. Confieso que las dos primeras me animan y la tercera me desalienta.

Anima ver a dos alcaldes, uno de oposición y otro de gobierno, concordando visiones a 30 años en materias cruciales para la vida de los chilenos. Una política de corto plazo no le sirve a Chile: la educación es una tarea interminable desde la cuna al cementerio y se degrada cuando se favorece solo un tramo rentable en votos sin visión de conjunto; contar con recintos hospitalarios, cuerpos médicos y protección a la salud ciudadana es tarea continua por años de años; las inversiones duran más de cuatro años en rendir frutos. Esos cuatro años en que la política está maximizando sus intereses particulares choca con aquellos que necesitan los chilenos para maximizar los suyos.

Me anima también que dos representantes de posiciones políticas discrepantes llamen al diálogo y al consenso para enfrentar unidos, con una política exterior soberana, de Estado, los enormes desafíos que nos plantea un mundo exterior cambiante, convulso y de potencias amenazantes. Su llamado comparte esa visión de Estado y largo plazo con que la carta de los dos alcaldes se plantea. Es política como la que Chile necesita para sortear presiones inocultables y cambios mundiales colosales.

En cambio, que dos expresidentes se unan en carta para criticar decisiones de política exterior del Presidente en ejercicio, invocando nada menos que “la defensa de nuestra soberanía y autonomía”, es una imprudencia muy riesgosa. Recordé el caso del cable submarino entre Chile y China propuesto por Xi Jinping a Michelle Bachelet en La Moneda, noviembre de 2016; visado por el ministro sectorial de Boric en enero de 2026 y su decreto anulado apenas dos días después luego de amenazas “explícitas” de EE.UU. mencionadas por el Presidente Boric. ¿Nos embarcamos en pedir explicaciones de por qué consintió presiones que hoy denuncia en otros? Abominemos de la polarización especialmente en política exterior. El nuevo “orden” mundial nos exige, como nunca antes, prudencia y unidad nacional; creamos en el patriotismo de nosotros mismos. Es más fácil ser patriota en un imperio que en un país pequeños y vulnerable. A diferencia de las otras dos, la lógica de esta carta no es la de una política de Estado, de consistencia de largo plazo y unidad nacional.

Por Óscar Guillermo Garretón, economista