Quienes creyeron que Donald Trump salvaría a México de la 4T se equivocaron. Mientras Trump esté en la presidencia, no hay razones para suponer que actuará contra el proyecto político de Morena.

Claudia Sheinbaum ha deslindado a Trump de algunas ofensivas y analistas afines a su administración advirtieron que sectores de la ultraderecha estadounidense buscan utilizar a México como instrumento electoral rumbo a las legislativas de noviembre de 2026.

Una confrontación que beneficia a ambos

La aparente tensión entre ambos gobiernos es funcional para los dos. En Estados Unidos, la retórica contra México y el narcotráfico moviliza a sectores republicanos y en México, esas amenazas externas alimentan el discurso de unidad nacional y defensa de la soberanía.

Puro teatro, aunque la relación bilateral también incluye conflictos reales, la simulación les ha dado buenos resultados. Habría que ver cuánto de la confrontación responde a diferencias sustantivas y cuánto se convierte en espectáculo político.

La relación entre López Obrador y Trump tuvo un antecedente en 2002, cuando AMLO gobernaba la Ciudad de México, contrató los servicios de Giuliani Partners, la empresa de Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York y posteriormente aliado de Trump, para asesorar al gobierno capitalino en seguridad pública. El contrato que fue anunciado junto con Marcelo Ebrard, entonces secretario de Seguridad Pública, muestra que AMLO fue capaz de contratar a un asesor asociado con sectores conservadores estadounidenses.

Otra de las alianzas políticas de López Obrador se dio con el Partido Republicano y el gobierno de George Bush vía la influencia de Giuliani después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Cables diplomáticos filtrados por WikiLeaks revelaron que AMLO sostuvo reuniones privadas con el entonces embajador de EE. UU., en México, Tony Garza.

De la retórica a las concesiones

Durante la campaña presidencial estadounidense de 2016, AMLO se prestó para realizar un ataque sistemático y publicó su libro Oye, Trump, luego en la visita que realizó Trump como candidato presidencial a México, AMLO prácticamente se convirtió en su vocero cuestionando al presidente Enrique Peña.

Después, para mantener su discurso crítico a las políticas antimigrantes del republicano, en 2017 recorrió ciudades estadounidenses para defender los derechos de los migrantes, mientras en las reuniones con los connacionales promovía el voto latino en favor de Trump, trasmitiendo las políticas de Peña que Trump cuestionaba.

Ya en el gobierno, la relación tomó otro rumbo. López Obrador mantuvo una relación pragmática, aceptó negociar frente a las amenazas arancelarias y desplegó a la Guardia Nacional para contener la migración hacia Estados Unidos. Es decir, ya no eran “rivales” ahora eran “amigos” y AMLO cedió todo el tiempo a las peticiones del estadounidense, al grado de no reconocer el triunfo electoral de Biden y legitimar las protestas convocadas por el republicano.

Con Joe Biden hubo diferencias. En agosto de 2024, López Obrador declaró una pausa en la relación con la embajada de Estados Unidos, después de las críticas de Ken Salazar a la reforma judicial y lo presentó como defensa de la soberanía.

Otro episodio fue el caso del general Salvador Cienfuegos, quien fue detenido en Los Ángeles el 15 de octubre de 2020, bajo los cargos de narcotráfico y lavado de dinero. Sin embargo, en noviembre, tras un acuerdo entre ambos gobiernos, el Departamento de Justicia solicitó retirarlos para que fuera investigado en México. AMLO denunció que la detención se había realizado sin informar a las autoridades mexicanas, calificó su captura como una prueba de la corrupción de los gobiernos anteriores y sostuvo que la DEA le fabricó los delitos para debilitar al Ejército mexicano.

La relación con Biden fue rota por AMLO luego de cuestionar de forma muy dura temas como el supuesto financiamiento a Mexicanos contra la Corrupción y el papel de las agencias de seguridad, sobre todo después de la captura de el Mayo Zambada.

Usar la soberanía como instrumento político

Episodios como el Culiacanazo de octubre de 2019, cuando López Obrador ordenó liberar a Ovidio Guzmán, muestran los costos de las decisiones de seguridad y que la política exterior y la cooperación bilateral no quedan al margen de las decisiones internas.

Aunque Trump y Sheinbaum tienen intereses distintos, comparten una retórica capaz de movilizar a sus respectivas bases y el gobierno mexicano, se mantiene dócil cediendo a las presiones estadounidenses mediante concesiones negociadas a la par que predica sus discursos de soberanía.

La oposición no puede asumir que Trump será su aliado y salvará a México de Morena, es un problema que tendrán que enfrentar por ellos mismos.

X: @diaz_manuel