Los Ángeles.— Un estómago de ballena hecho de silicón se contraía alrededor de Austin Abrams. Fuera de cámara había marionetistas manipulando la estructura para simular los movimientos del enorme animal.

Este fue uno de los escenarios que el equipo de La caída de la ballena construyó para hacer creíble la historia de un hombre atrapado dentro de un cachalote en la cinta que se encuentra en cartelera.

La historia sigue a Jay Gardiner (Abrams), un joven buzo que se sumerge frente a California para recuperar los restos de su padre (Josh Brolin), cuya relación fue difícil.

El animal se lo traga y Jay dispone de apenas una hora de oxígeno para escapar. En su lucha por sobrevivir deberá recurrir también a las enseñanzas de su padre fallecido.

Todo nació de una pregunta del escritor Daniel Kraus: ¿puede una ballena tragarse a una persona? La posibilidad ha alimentado relatos durante siglos, desde la historia bíblica de Jonás hasta Pinocho, pero Kraus quiso averiguar qué ocurriría realmente dentro del animal.

“La idea surgió en 2020, en plena pandemia, cuando vi un video en YouTube en el que dos kayakistas quedaron atrapados durante unos segundos en la boca de una ballena jorobada”, contó a EL UNIVERSAL durante un recorrido por los foros de Studio City, en Los Ángeles, donde se construyeron los escenarios para el rodaje de la película.

Kraus, autor de la novela Whalefall (2023), ganador del Pulitzer de Ficción 2026 por Angel Down y colaborador de Guillermo del Toro en La forma del agua, investigó la anatomía de los cetáceos con ayuda de la divulgadora científica Mary Roach.

Mientras escribía la novela, Kraus perdió a su hermana y encontró consuelo en el fenómeno conocido como “caída de ballena”: cuando uno de estos animales muere y su cuerpo se hunde en el océano, sus restos sirven de alimento a otros organismos y permiten que la vida continúe.

Enorme desafío

Para llevar el relato al cine, la producción construyó un tanque de cinco metros de profundidad y capacidad para 650 mil litros de agua. Un mecanismo mantenía el líquido en movimiento sin enturbiarlo, mientras rocas y plantas recreaban el fondo marino.

También fabricaron una réplica de nueve metros de la parte frontal del cachalote. El rodaje duró 62 días e incluyó escenarios naturales.

Abrams, con licencia de buceo, pasó hasta 12 horas diarias de rodaje mojado, entre paredes de silicón manipuladas por marionetistas.

“Tuvimos que combinar el rigor científico con nuestra propia imaginación”, explicó Ramsey Avery, diseñador de producción.

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