«Siempre me ha dolido, solo que de alguna manera lo normalicé y no dejé que eso afectara tanto mis relaciones». Gabriela (nombre ficticio de nuestro testimonio) lo dice tímidamente, como si todavía le costara poner esas palabras en voz alta. Tiene 32 años y el dolor ha formado parte de su experiencia desde que inició su vida sexual. Pero **esa no es la única razón por la que hablar de salud sexual se le hace difícil.** A los 20 años tuvo una primera consulta que recuerda como traumática. «Me dolía mucho, y el doctor fue muy poco empático. Aunque le dije que me dolía, él no dijo ni hizo nada para ayudarme, simplemente me insinuaba que aguantara, y estaba como apurado en salir del examen. La pasé tan mal que no me dieron ganas de volver ni a ese ni a otro ginecólogo». Pasaron ocho años antes de que regresara. «Yo sabía que estaba mal no ir. Dicen que uno debe hacerse su chequeo cada año, pero de verdad no quería volver a sentirme así». Cuando lo hizo, se encontró con una ginecóloga que, según recuerda, hizo comentarios que ella percibió como racistas. Según su relato, durante el examen la profesional le dijo que eso pasaba mucho en mujeres negras, que «apretaban muy fuerte» y que «se cerraban». Luego, **cuando expresó su preocupación por el dolor que sentía al ponerse unos óvulos**, la respuesta que recuerda haber recibido fue, en esencia, que si por ahí podía salir un bebé, también podía entrar un óvulo. Así que, en lugar de encontrar un espacio para hablar del dolor, volvió a sentirse avergonzada. Hoy tampoco tiene una respuesta demasiado clara. **Nunca ha recibido un diagnóstico de vaginismo**. Fue leyendo por su cuenta cuando encontró una descripción que le pareció familiar. Más adelante conoció a una nueva ginecóloga y todo cambió. Esta vez alguien le explicó cada paso del procedimiento, tomó en cuenta su dolor y utilizó un espéculo más pequeño para hacer el examen más llevadero. «Con la nueva ginecóloga fue otra historia». Aunque el nombre de Gabriela no es real, su experiencia sí lo es, y lo que cuenta va más allá de su historia personal. **El vaginismo se caracteriza por una contracción involuntaria de los músculos que rodean la entrada vaginal ante la penetración o su anticipación.** En el DSM-5-TR, sus manifestaciones se integran dentro del trastorno de dolor genitopélvico/penetración, que también contempla la dificultad para la penetración, el dolor, el miedo o la ansiedad ante esta y la tensión del suelo pélvico. Sin embargo, llegar a entender qué ocurre no siempre es sencillo. **El dolor sexual puede normalizarse, ocultarse por vergüenza o quedar reducido a una explicación exclusivamente psicológica**, aunque también pueden intervenir factores físicos. A esto se suman las desigualdades estructurales en la atención de la salud femenina y las barreras económicas y sociales que pueden dificultar el acceso al diagnóstico y al tratamiento. En este artículo hablamos de los tabúes sexuales y de género, de por qué algunas mujeres tardan tanto en encontrar respuestas y de qué nos dice el vaginismo sobre la manera en que todavía escuchamos el dolor femenino. ## El doble tabú: hablar de sexo y hablar del dolor Hablar de dolor durante las relaciones sexuales ya puede resultar difícil. Si a esto se suma **la vergüenza de hablar de los genitales, el miedo a ser juzgada** o la idea de que determinadas molestias forman parte de «lo normal», pedir ayuda puede convertirse en una decisión que se posterga durante años. O nunca se da el paso. **El vaginismo puede dificultar o impedir la penetración vaginal y también hacer que procedimientos como una exploración ginecológica o la inserción de un tampón sean dolorosos o imposibles**. Esto no implica necesariamente que haya falta de deseo o de excitación: una persona puede experimentar deseo sexual y disfrutar de otras formas de intimidad aunque la penetración sea problemática. Normalizar el dolor sexual puede retrasar la búsqueda de ayuda y hacer que una persona llegue a consulta después de años de adaptarse a algo que le causa malestar. * Te recomendamos leer: "[Dolor en las relaciones sexuales: causas, síntomas y soluciones](https://psicologiaymente.com/sexologia/dolor-relaciones-sexuales)" La historia de Gabriela muestra otra capa del problema: la experiencia dentro del propio sistema sanitario. **Una consulta en la que el dolor se ignora, se minimiza o se convierte en motivo de vergüenza puede afectar la disposición a volver a buscar atención**. No hace falta atribuirle a una sola experiencia la totalidad de un diagnóstico tardío para reconocer que la calidad del vínculo con el personal sanitario forma parte de la experiencia de atención. Una reciente [investigación de *Frontiers in Global Women's Health*](https://www.frontiersin.org/research-topics/79305/from-clinic-to-culture-social-determinants-of-health-influencing-vaginismus-and-gpppd) plantea precisamente que el vaginismo y el trastorno de dolor genitopélvico/penetración permanecen infrarreconocidos y que el silencio, la normalización y la moralización del dolor sexual pueden influir en la forma en que se perciben y comunican los síntomas. También señala que factores como el nivel socioeconómico, la etnia, la edad, la discapacidad, la orientación sexual, la migración y las normas de género pueden modificar las barreras para buscar y recibir atención. ## No es «todo psicológico» ni «todo físico» Durante mucho tiempo, hablar de problemas sexuales femeninos desde la psicología podía llevar a una simplificación: **si una mujer tenía dificultades con la penetración, había que buscar el origen en su miedo, su ansiedad, su educación sexual o alguna experiencia traumática**. Estos factores pueden formar parte de la historia, pero no agotan las posibilidades. El trastorno de dolor genitopélvico/penetración puede involucrar factores físicos y psicológicos. Entre los físicos se encuentran algunas infecciones, enfermedades dermatológicas, endometriosis, alteraciones hormonales, cicatrices o problemas del suelo pélvico. En el plano psicológico y relacional pueden influir el miedo anticipatorio, la ansiedad o antecedentes de experiencias dolorosas o traumáticas. El [Manual MSD](https://www.msdmanuals.com/es/professional/ginecología-y-obstetricia/función-y-disfunción-sexual-femenina/trastorno-de-dolor-genitopélvico-trastorno-de-penetración) señala que la evaluación debe descartar otras causas físicas y valorar tanto el dolor como la tensión de la musculatura pélvica y la respuesta emocional ante la penetración. **El vaginismo no puede reducirse a una condición puramente psicológica: su evaluación debe contemplar también posibles factores físicos**. Esto importa porque la explicación que recibe una persona puede condicionar el camino que sigue después. Si el problema se interpreta exclusivamente desde una dimensión emocional, pueden pasar inadvertidas condiciones físicas que requieren otro tipo de evaluación. Y si ocurre lo contrario, una atención centrada únicamente en el cuerpo puede dejar fuera el miedo, la ansiedad, las experiencias previas o el contexto relacional. La evidencia disponible apunta, por tanto, hacia una mirada multidisciplinar. **La fisioterapia del suelo pélvico, las intervenciones psicológicas o sexológicas y el tratamiento de las condiciones físicas** que puedan estar presentes forman parte de las alternativas que pueden utilizarse según cada caso. ## ¿Y qué pasa con el diagnóstico? Aquí aparece otra dificultad. **El término «vaginismo» no siempre se utiliza de la misma manera en la práctica clínica**. El DSM-5-TR integra sus manifestaciones dentro del trastorno de dolor genitopélvico/penetración, una categoría que contempla diferentes combinaciones de dolor, miedo o ansiedad y tensión de los músculos pélvicos. Para establecer el diagnóstico también deben descartarse otras explicaciones posibles y los síntomas deben persistir durante al menos seis meses y generar malestar significativo. Una [revisión publicada en *Balkan Medical Journal*](https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10767778/) en 2024 también señala dificultades importantes para identificar y definir el vaginismo de forma consistente. Los autores citan estudios en los que existe una baja coincidencia entre las manifestaciones descritas por las pacientes y los hallazgos durante la exploración, así como una importante variabilidad entre profesionales al establecer el diagnóstico. Esto ayuda a entender **por qué una persona puede pasar mucho tiempo buscando una explicación sin encontrar una respuesta clara**. En el caso de Gabriela, incluso después de reconocer su experiencia en una descripción del vaginismo, todavía no existe un diagnóstico formal que confirme que esa es la condición que presenta. Que una persona se reconozca en una descripción sobre vaginismo no sustituye una evaluación clínica, pero puede ser el primer paso para poner palabras a una experiencia que llevaba años sin nombre. ## ¿Por qué el diagnóstico puede llegar tan tarde? No existe una única explicación para los diagnósticos tardíos. En algunos casos **intervienen el desconocimiento, la vergüenza o la normalización del dolor**. En otros, las dificultades para acceder a especialistas o el temor a repetir una experiencia desagradable en consulta. También puede haber problemas en la propia definición y reconocimiento clínico de estas condiciones. Pero existe un contexto más amplio que hay que tomar en cuenta: durante décadas, la investigación médica ha tenido problemas de representación de las mujeres. Una [revisión sistemática de alcance realizada por Lea Merone y colaboradores](https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8812498/) en 2022 y publicada en *Women's Health Reports* documentó una histórica exclusión de mujeres de investigaciones médicas y una tendencia a generalizar resultados obtenidos principalmente en hombres. Los autores sostienen que esta brecha puede traducirse en desventajas para las pacientes. Esto no significa que todos los retrasos diagnósticos de las mujeres tengan el mismo origen ni que puedan explicarse únicamente por discriminación de género. Sin embargo, es una pieza clave para entender que **la medicina no se desarrolla fuera de la sociedad**: las preguntas que se investigan, las poblaciones que participan en los estudios y las variables que se consideran relevantes también forman parte de cómo se construye el conocimiento médico. La Organización Panamericana de la Salud plantea que **las desigualdades de género en salud están relacionadas con diferencias en necesidades, acceso y control de recursos**, y que estas pueden interactuar con factores como el nivel socioeconómico, la etnia, la edad, la discapacidad o la ubicación geográfica. En el caso del vaginismo, esta información es especialmente pertinente porque el acceso a la atención no termina cuando una persona consigue una cita. También importa qué profesional encuentra, cuánto puede pagar, qué tratamiento tiene disponible y si puede mantenerlo en el tiempo. ## El tratamiento también tiene un precio Una de las intervenciones que puede formar parte del tratamiento es la fisioterapia del suelo pélvico. Su objetivo, entre otros, puede ser ayudar a reconocer y relajar la musculatura pélvica cuando existe tensión, además de trabajar otros componentes físicos según la evaluación. El problema es que una recomendación clínica no siempre equivale a una posibilidad real para quien consulta. Una persona puede necesitar varias sesiones, desplazarse hasta un centro especializado, disponer de tiempo para asistir y asumir costos que no siempre están cubiertos por su sistema de salud. * Te recomendamos leer: "[Cuando el sexo duele: por qué te pasa (y por qué "relájate" no soluciona nada)](https://psicologiaymente.com/social/cuando-sexo-duele-por-que-pasa-relajate-no-soluciona)" El acceso al tratamiento también forma parte del problema de salud: una terapia recomendada pierde alcance cuando su costo o disponibilidad la vuelve inaccesible. **Esta dimensión económica suele quedar fuera de las conversaciones sobre sexualidad**. Se habla de buscar ayuda, hacer terapia, acudir a fisioterapia o consultar a especialistas como si todas las personas tuvieran las mismas posibilidades de hacerlo. Pero el nivel de ingresos, el acceso geográfico, el tiempo disponible y la cobertura sanitaria condicionan qué opciones están realmente al alcance. En ese sentido, pensar en soluciones no significa únicamente decirle a una persona que consulte. También implica preguntarse qué tipo de atención existe, quién puede acceder a ella, cuánto cuesta y qué formación tiene el personal que recibe a quienes consultan por dolor sexual. ## Una atención que empiece por escuchar La historia de Gabriela también deja algo más sencillo y, al mismo tiempo, muy concreto. Una ginecóloga que explica cada paso, toma en cuenta el dolor, adapta el examen y utiliza un espéculo más pequeño no ha resuelto por sí sola todas las preguntas sobre el vaginismo, pero sí ha cambiado la experiencia de una persona que durante años había asociado la consulta ginecológica con el miedo y la vergüenza. El propio [Manual MSD](https://www.msdmanuals.com/es/professional/ginecología-y-obstetricia/función-y-disfunción-sexual-femenina/trastorno-de-dolor-genitopélvico-trastorno-de-penetración) recomienda a los médicos explicar cada paso del examen cuando existe dolor o anticipación del dolor, precisamente porque estas exploraciones pueden ser difíciles. Una atención respetuosa no sustituye al diagnóstico ni al tratamiento, pero sí puede hacer que una persona tenga mejores condiciones para explicar lo que le ocurre y continuar buscando ayuda. **La respuesta tampoco pasa por encontrar una única causa del vaginismo ni por atribuirle una explicación psicológica universal**. Hay personas con experiencias diferentes, factores físicos distintos y necesidades que tampoco son idénticas. Por eso, una evaluación que contemple el cuerpo, la experiencia psicológica, la sexualidad y el contexto puede ofrecer una comprensión más completa. También hace falta seguir investigando. **La salud sexual femenina todavía convive con vacíos de conocimiento, dificultades para definir algunas condiciones y diferencias en el acceso a la atención**. Mientras tanto, hablar del tema con más precisión puede ayudar a desmontar la idea de que el dolor durante las relaciones sexuales es algo que una mujer simplemente debe aprender a soportar. Gabriela tardó años en volver a una consulta. También tardó años en encontrar palabras para algo que llevaba mucho tiempo formando parte de su vida. Quizás una de las preguntas que deja su historia no sea solamente cuánto tardamos en diagnosticar el vaginismo, sino cuánto tiempo dejamos pasar antes de tomar en serio el dolor sexual de una persona. **Si te sientes identificada:** si sientes dolor durante las relaciones sexuales, al usar un tampón o en las revisiones ginecológicas y esto persiste, no tienes que resignarte. Puedes consultarlo con un profesional de ginecología, fisioterapia de suelo pélvico o sexología. *Este artículo tiene fines informativos y educativos. No sustituye una evaluación médica, psicológica ni un tratamiento.*