La confianza ciudadana en las principales industrias exportadoras de Chile registró una caída transversal en 2026, luego del repunte en 2025. Sin embargo, el retroceso no es un quiebre en su valoración, sino un ajuste de expectativas en un contexto marcado por las dificultades para recuperar el crecimiento económico y generar empleo.
Esa es una de las conclusiones de la cuarta edición de Valor Productivo, estudio desarrollado por Criteria, Universidad Adolfo Ibáñez y GS Consulting que analiza la percepción ciudadana de cinco industrias estratégicas: cobre, litio, fruta, forestal y salmón. “La evaluación de las principales industrias primario-exportadoras venía mejorando desde 2023 y en 2026 vemos un retroceso. Pero no estamos frente a una debacle: los niveles siguen por sobre los de 2023 y 2024. Más que un quiebre, lo que vemos es un ajuste”, explicó Matías Chaparro, de Criteria.
El investigador señaló que la caída refleja un debilitamiento de la percepción sobre el aporte económico de estas industrias, principalmente en regiones. “La sostenibilidad por sí sola no alcanza para construir confianza”, dijo, apuntando a que esta tiene un límite, y es cuando las personas no perciben generación de empleo, oportunidades y desarrollo territorial.
Según Elisa Giesen, de GS Consulting, esto se vincula con las expectativas instaladas en 2025. “Las expectativas en torno a la capacidad de crear empleo, de crecer económicamente y de que haya más desarrollo tecnológico, no están siendo cumplidas, y por eso la ciudadanía le resta confianza a estas industrias en estos tres ámbitos”, señaló. La recuperación dependerá de que las inversiones anunciadas se concreten y se traduzcan en actividad económica y puestos de trabajo.
En esa misma línea, Richard von Appen, presidente de Ultramar, indicó que el desafío empresarial es demostrar que la actividad productiva se traduce en beneficios concretos. “La confianza se construye con hechos. Por eso, el primer desafío es que el crecimiento y la inversión se traduzcan en buenos empleos, oportunidades y mayor bienestar para las personas. Creo que ahí hay una responsabilidad muy importante del sector privado, especialmente en un momento en que el desempleo es una de las principales preocupaciones del país”.
El estudio identifica también una tensión en el modelo de desarrollo basado en la producción y exportación de materias primas. Aunque la mayoría de la población todavía considera que Chile puede alcanzar el desarrollo mediante esta estrategia, esa convicción cayó de 62% en 2025 a 58% en 2026. Este cambio se acentúa en la élite santiaguina -personas de la Región Metropolitana, de clase ABC1 y con educación universitaria-, donde por primera vez predomina la postura crítica: un 47% considera que mientras Chile siga exportando materias primas no logrará ser un país desarrollado, frente a un 44% que dice que sí es posible.
La percepción sobre las capacidades productivas también retrocedió. Quienes consideran que las industrias exportadoras tienen un alto desarrollo tecnológico bajaron de 61% a 51%. En la élite santiaguina, la caída fue de 16 puntos: 46% percibe un bajo desarrollo tecnológico y 39% considera que es alto.
Aún así no existe un rechazo generalizado a las actividades primarias. El 64% de la población y el 62% de la élite santiaguina respaldan que las políticas estatales fomenten las industrias productoras de materias primas. Según dijo Chaparro, “los chilenos creen que es posible producir y exportar materias primas protegiendo el medioambiente y mejorando la vida de las comunidades. El problema es que, cuando se ofrece una alternativa basada en fábricas y manufacturas, esa opción resulta más atractiva”.
El desafío, agregó, es que los recursos naturales sean una base para más desarrollo territorial, innovación y sofisticación productiva. Von Appen coincide en que esto no supone abandonar las ventajas del país. “Chile no tiene que elegir entre sus recursos naturales y el valor agregado. Tenemos fortalezas extraordinarias en minería, energía, alimentos, industria forestal y otros sectores, y el desafío es construir sobre ellas incorporando más tecnología, innovación, conocimiento y mejores capacidades”.
Empleo y vinculación: condiciones de legitimidad
La caída en la percepción del aporte económico es uno de los resultados más relevantes. En generación de empleo regional, las industrias retrocedieron entre ocho y 14 puntos. La minería del cobre registró la mayor caída, de 73% a 59% entre quienes evalúan con nota 6 o 7. En el desarrollo de empresas regionales, la valoración disminuyó entre ocho y 11 puntos, mientras que el aporte a las economías locales cayó entre siete y 12 puntos.
El retroceso contrasta -sorpresivamente- con la evaluación ambiental. Aunque la reducción del impacto medioambiental sigue siendo el ámbito peor evaluado, su caída fue menor que la observada en las dimensiones económicas y laborales. Además, el 81% cree posible producir y exportar materias primas protegiendo el medioambiente.
Otro hallazgo es la mayor estabilidad de la valoración entre quienes tienen un vínculo biográfico con las industrias, ya sea por trabajo, experiencia laboral previa o la relación de un familiar directo. En estos grupos, la confianza supera entre nueve y 16 puntos a la de la población general. En la minería del cobre, un tercio declara algún vínculo, proporción que en la industria frutícola alcanza cerca de un quinto.
Para Giesen, esta relación permite comprender las actividades desde una experiencia concreta. “El vínculo biográfico es una variable que en lo personal me gusta mucho porque da cuenta de varias cosas: primero, que las industrias tienen una vinculación, una relación con la ciudadanía que trasciende el territorio geográfico”. Quienes conocen estas actividades por dentro tienen información más directa sobre su funcionamiento y tienden a ser menos sensibles a las fluctuaciones de expectativas y noticias.
Von Appen plantea que ese vínculo debe traducirse en una relación permanente con los territorios. “El estudio muestra que cuando las personas conocen de cerca una industria, trabajan en ella o ven concretamente las oportunidades que genera, tienden a valorarla mejor. Por eso el vínculo con los territorios no puede ser algo accesorio a la operación”. En esa línea, sostiene que el crecimiento tiene que acompañarse de empleo, proveedores locales, desarrollo de capacidades y diálogo con las comunidades.
Para el director ejecutivo de 3xi, Camilo Herrera, los resultados muestran la importancia de construir relaciones permanentes con las comunidades, en vez de reforzar la comunicación corporativa. “La confianza no se construye con discursos, se construye en el encuentro. Quien conoce una industria por dentro, porque trabaja en ella o porque un familiar lo hace, la ve con rostro humano: personas con esfuerzos, dificultades, sueños y propósitos reales. Cuando hay distancia, en cambio, ese espacio se llena de prejuicios”.
El desafío, explicó, es pasar de una lógica transaccional a una relacional. “Eso implica escuchar antes de decidir, incorporando a las comunidades desde el diseño de los proyectos y no solo cuando aparece el conflicto”. También apuntó a la responsabilidad de gerentes generales y directorios, señalando que la relación con los territorios no puede quedar exclusivamente en manos de las áreas de sustentabilidad o comunicaciones.
La cadena que sostiene la producción
La discusión sobre confianza también alcanza a las actividades que hacen posible la operación de las industrias exportadoras, como energía, agua, puertos y logística. Estas cumplen un rol clave en la producción, inversión y comercio exterior, pero también deben responder a los impactos que generan en sus territorios. “Los puertos, la energía y la logística hacen posible que otras industrias crezcan, innoven y generen empleo. Tenemos el desafío de reconocer ese ecosistema y sus aportes. Pero una actividad puede ser fundamental para el país y generar dificultades para sus vecinos. Construir legitimidad exige hacerse cargo de ambas realidades”, señaló Herrera.
Von Appen sostuvo que ampliar la mirada permite comprender las condiciones que hacen posible el desarrollo productivo. “Las industrias productivas no se desarrollan de manera aislada. Detrás de ellas existe un ecosistema de puertos, logística, energía, transporte y servicios que es fundamental para que Chile pueda crecer y competir”.
En una economía abierta, agregó, la eficiencia de esa cadena incide en la capacidad de atraer inversión y aprovechar las ventajas productivas. “El desafío para quienes somos parte de estas industrias habilitantes es seguir elevando nuestros estándares, invertir, innovar y anticiparnos a las nuevas exigencias del comercio global. Porque fortalecer este ecosistema no es solo mejorar la logística: es ampliar las posibilidades de desarrollo de Chile y de sus regiones”, terminó diciendo.




