Envejecer no significa querer solamente hacer rompecabezas, bordados o pintura, como muchas veces se supone. Hay otro lado de la vida adulta del que poco se habla y que quizá sólo se comprende cuando toca llegar ahí.
“La vida secreta de los viejos”, obra escrita y dirigida por Mohamed El Khatib, pone justamente esa conversación sobre el escenario.
Con humor, amor e incluso momentos que podrían incomodar a algunos, la pieza hace pensar en nuestros padres, en los abuelos y, por qué no, en nosotros mismos dentro de algunos años.
Durante 70 minutos, personas mayores hablan de amor, deseo, compañía, divorcios, nuevas relaciones y sexualidad con una libertad que rompe con muchas de las ideas que solemos asociar con la vejez.
Testimonios reales en escena: Del origen en Europa a la adaptación en México
Y ahí está una de las particularidades más fuertes del montaje, pues quienes aparecen en escena no son actores profesionales. El Khatib buscó a personas mayores dispuestas a compartir sus propias experiencias y construir desde ellas una obra teatral.
Para desarrollar la propuesta original realizó más de cien entrevistas con personas de entre 75 y 102 años en Francia y Bélgica.
La versión mexicana llevó un proceso similar; es decir, reunió a gente de distintos contextos sociales para hablar, desde su propia experiencia, de aquello que en la mayoría de los casos permanece oculto.
Esto dio como resultado historias que van desde el recuerdo del primer encuentro sexual hasta relaciones que nacieron después de un divorcio o una viudez.
Funciones en el Festival Internacional Cervantino y el Centro Cultural Universitario
La obra se presentó el pasado fin de semana en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario y ahora viajará al Festival Internacional Cervantino, donde tendrá funciones el 3 y 4 de octubre en el Teatro Principal de Guanajuato.
En nuestra sociedad, con frecuencia miramos a las personas mayores desde la enfermedad, la dependencia o la fragilidad, “La vida secreta de los viejos” propone otra visión: personas que todavía desean, se enamoran, recuerdan, buscan compañía y siguen encontrando nuevas formas de vivir la intimidad.
Llegar a viejo quizá transforme la manera de amar, pero no necesariamente las ganas de hacerlo.




