Justin Verlander se preparó durante meses para lanzar por última vez en Grandes Ligas, pero nadie le contó cómo terminaría su despedida. Después de retirar al primer bateador de la sexta entrada ante los Piratas de Pittsburgh, su hija Genevieve, de siete años, corrió hacia el montículo para abrazarlo. El pitcher de los Tigres de Detroit rompió en llanto frente a sus compañeros y una afición que lo ovacionó de pie.

A.J. Hinch, manager de los Tigres, había planeado la sorpresa con Kate Upton, esposa de Verlander. El lanzador esperaba la visita habitual de su dirigente para entregarle la pelota. En cambio, vio llegar a Genevieve, quien se lanzó a sus brazos mientras los jugadores de Detroit se reunían a su alrededor.

Verlander contó después que la aparición de su hija lo tomó completamente por sorpresa. La emoción fue tanta que tuvo que explicarle a Genevieve que lloraba de felicidad. Un día antes, ella le había lanzado la primera bola ceremonial como parte de los homenajes que el equipo organizó para despedirlo. Esta vez regresó al montículo para acompañarlo en su salida definitiva.

Una despedida en familia

Verlander abandonó el terreno tomado de la mano de Genevieve. Antes de entrar al dugout, se reunió también con Upton y con su hijo Bellamy. El derecho dijo que terminar su carrera junto a ellos fue tan bueno como podía haberlo soñado.

El pitcher, de 43 años, todavía ofreció una última actuación competitiva. Trabajó cinco entradas y un tercio, permitió dos carreras y recetó seis ponches, pese a que habían pasado seis meses desde su anterior aparición en un juego de Grandes Ligas.

Los Tigres remontaron y vencieron 4-3 a los Piratas con un jonrón de Eduardo Valencia que dejó tendido al rival. El triunfo evitó que Verlander cargara con la derrota en su última apertura, aunque el resultado ya había pasado a segundo plano desde el momento en que su hija apareció en el campo.

Verlander puso fin a 21 temporadas en Grandes Ligas con 266 victorias, 3,560 ponches, tres premios Cy Young y una efectividad de 3.33. Comenzó su carrera con los Tigres y volvió a Detroit para cerrarla.

Su siguiente parada apunta a Cooperstown. Por sus números y reconocimientos, Verlander será un candidato de enorme peso para ingresar al Salón de la Fama del Beisbol cuando sea elegible. Antes de que llegue ese momento, se llevó una última imagen de su carrera: caminar fuera del campo de la mano de Genevieve.