En pocos años, Morena organizó una base social, conquistó el poder y atrajo liderazgos de todas las procedencias. Fuera de sus filas, el sistema de partidos se caía a pedazos. El éxito llegó con un precio. Uno que se pagó arriba y otro que se pagó abajo. Cuanto más rápido crece un partido, más difícil resulta conciliar las ambiciones de quienes aspiran a dirigirlo con las expectativas de quienes confiaron en él. Ahí está el nudo que se fue amarrando con las recientes encuestas.