Las Fiestas Patrias ya terminaron, pero sus consecuencias aún pueden seguir junto a nosotros. El consumo indiscriminado de empanadas, carnes, embutidos, preparaciones ricas en grasas y bebidas alcohólicas suele hacernos felices durante el 18, pero luego se convierte en varias molestias como distensión abdominal, pesadez, acidez, reflujo, náuseas, diarrea, estreñimiento y dolor de estómago.

Pero ¿cuánto debería tardar el organismo en volver a la normalidad? El Dr. Sebastián Berroeta, nutriólogo del Centro Médico Nueva Estoril, explica que no existe un plazo único, ya que la recuperación depende de cuánto se comió y bebió, la cantidad de días de celebración y las condiciones de salud previas.

“En una persona sana, después de unos días de excesos, gran parte de las molestias debería mejorar en horas a pocos días una vez que vuelve a su alimentación, hidratación, sueño y actividad habituales. No existe un número exacto: depende de cuánto se comió y bebió, durante cuántos días y de las enfermedades previas. Si los síntomas son intensos, empeoran o persisten, ya no corresponde asumir que es simplemente consecuencia del 18”.

Dos o tres kilos más no necesariamente son grasa

Además de las molestias digestivas, otra preocupación frecuente después de Fiestas Patrias es el aumento repentino de peso. Sin embargo, el especialista del Centro Médico Nueva Estoril aclara que una variación rápida en la balanza no corresponde necesariamente a un incremento equivalente de grasa corporal.

“Si después del 18 la balanza marca dos o tres kilos más, eso no significa que hayamos ganado dos o tres kilos de grasa. Una parte importante puede corresponder a agua retenida, mayor almacenamiento de glucógeno y mayor contenido dentro del tubo digestivo. Para ganar varios kilos de grasa en pocos días se necesitaría un excedente energético muy importante. Por eso tampoco tiene sentido entrar en pánico y comenzar una dieta extrema el lunes”.

El consumo abundante de sodio y carbohidratos puede favorecer la retención de líquidos, mientras que la mayor cantidad de alimentos dentro del tubo digestivo también se refleja temporalmente en el peso. Por eso, la recomendación no es recurrir a medidas drásticas, sino retomar progresivamente los horarios y hábitos habituales.

Cuando no es solamente una indigestión

La Dra. Carolina Figueroa, gastroenteróloga del Centro Médico Nueva Estoril, señala que el cuadro más habitual tras varios días de comidas abundantes es la dispepsia o indigestión, que puede manifestarse como pesadez, sensación de saciedad, distensión, náuseas, eructos o dolor en la parte alta del abdomen. También pueden aparecer acidez, reflujo y alteraciones del tránsito intestinal.

La indigestión suele presentarse después de una comida abundante, no genera fiebre ni un deterioro importante del estado general y tiende a mejorar en algunas horas o al día siguiente. En cambio, una intoxicación alimentaria es más probable cuando se presentan diarrea reiterada, vómitos, fiebre, cólicos o decaimiento, especialmente si varias personas que consumieron los mismos alimentos desarrollan síntomas similares.

La especialista advierte que, aunque son menos frecuentes, los excesos también pueden favorecer complicaciones de mayor gravedad, como un cólico biliar, una pancreatitis aguda o un sangrado digestivo, especialmente entre personas con enfermedades o factores de riesgo previos.

“Un consumo importante de alcohol puede desencadenar una pancreatitis aguda, aunque el riesgo depende de la cantidad, el patrón de consumo y la susceptibilidad individual. También puede irritar el estómago, favorecer erosiones o sangrado y, cuando provoca vómitos intensos, producir lesiones en la unión entre el esófago y el estómago”.

Las señales para consultar

Ante molestias leves, Figueroa recomienda suspender temporalmente el alcohol, beber líquidos en cantidades pequeñas y frecuentes y preferir porciones reducidas, evitando frituras, comidas muy grasas, picantes y aquellos alimentos que empeoren los síntomas. No es necesario ayunar si la persona puede tolerar alimentos.

Una diarrea que no comienza a mejorar después de 48 a 72 horas debería ser evaluada, especialmente si es frecuente o existe riesgo de deshidratación. La acidez, distensión o dolor leve que persiste durante varios días, se repite o no mejora al retomar la alimentación habitual también justifica una consulta.

“No se debe esperar ese plazo si el dolor es intenso o progresivo, si hay fiebre alta, vómitos persistentes, sangre en las deposiciones o vómitos, deposiciones negras, coloración amarilla de la piel, desmayo, confusión o signos de deshidratación. Tampoco si el dolor se localiza en la parte superior del abdomen y se irradia hacia la espalda, porque podría corresponder a una pancreatitis”, recomienda la Dra. Figueroa.