Está por cumplirse el tercer aniversario de los ataques perpetrados en la Franja de Gaza, donde el grupo islamista palestino Hamás salió a las calles para secuestrar a 251 israelíes y matar alrededor de 1,200 personas. A esa distancia, los sobrevivientes conservan el trauma de los maltratos y las humillaciones sufridas durante esos días.
Una de estas sobrevivientes es la mexicana-israelí Ilana Gritzewsky, quien pasó 55 días secuestrada en Gaza. Tres años después, sigue trabajando para ella misma, para vencer al terrorismo que pretende infringir Hamás en todas sus víctimas.
“Desde ahí la gente nos ve liberados y piensan que ya se acabó. Desgraciadamente muchos no salieron vivos. Yo fui de los afortunados. Pero el trauma y lo que viviste en cautiverio no es un switch que haces on-off”, compartió en entrevista con Pascal Beltrán del Río para Imagen Radio.
El trauma “está en las noches cuando te vas a dormir, está en las pesadillas, está en cada ruido fuerte que te espanta. Y es algo con lo que tienes que aprender a vivir, porque no sé si pueda superarlo; pero tampoco puedo dejar que me gane, porque Hamás me estaría ganando”.
Hoy, Ilana sigue buscando no sólo sobrevivir a las huellas que le dejó la guerra en la Franja de Gaza, sino también mostrar la realidad que ella vivió y defender los derechos humanos de todos, “no importa el color, la religión, no importa de dónde seamos”.
“Ilana está concentrada en su rehabilitación. Ilana está intentando regresar a ser la repostera y la agrícola que era. Todavía no puede regresar a eso. Y también se va formando algo nuevo de Ilana. El hecho de que estoy viva, hay mil 200 que no regresaron vivas”, dijo.
Y es justamente este sentimiento de sobrevivencia que impulsa a Ilana a “alzar la voz” para que se haga justicia al nombre y a la realidad que representa Hamás.
“Si el mundo entendiera que un grupo terrorista no puede dirigir un país. Tiene que involucrarse un gobierno democrático, donde niños son educados como debe ser, con respeto, no con odio a alguien más por la religión, por ser judías.
“Entonces, eso es también lo que Ilana está intentando hacer, y llegar a una igualdad de paz tanto para los judíos, como para que el pueblo palestino pueda vivir en paz y seguro. Que todo el mundo entienda que somos personas, somos seres humanos, todos tenemos caras, tenemos vidas, tenemos voz, tenemos familias”.
Ilana se enfrenta a un mundo diferente que la obliga a ver con otros ojos su propia religión e identidad, una que la expone a vivir con miedo antes de asumirse como lo que es: una mujer israelí y judía.
“Es difícil, algo que no sentía antes. El hecho de siempre tener que esconder tu identidad, esconder tu estrella por un conflicto que mucha gente ni siquiera lo entiende bien. Es un grupo terrorista y nos atacan. Lo puedo decir yo que estuve en un hospital de Gaza: nos usan como escudo humano”.
Por ello, cuestionó por qué no todos los fondos económicos destinados a la creación de túneles usados por Hamás, o en la compra de armamento, son dirigidos en la atención del pueblo palestino, en la creación de escuelas, en la educación, incluso en su seguridad. Que no sea el dinero usado para fomentar miedo entre los pueblos.
“¿Por qué el miedo a hablar? ¿Por qué yo tengo que estar ocultando mi identidad?”, manifestó.
Ese es el miedo que la obliga a sólo identificarse como mexicana sin agregar o explicar su origen israelí ni su religión. “¿Por qué no puedo sentirme libre?”.
“Es volverme a sentir en cautiverio, que tengo que estar todo el tiempo en miedo, en ver qué va a pasar, en voltear a ver si me reconocen”.
Y es que no es sólo una situación que permee en Oriente Medio, sino que también es un sentimiento de discriminación que siente en México. “Me afecta porque no es el pueblo mexicano que yo conozco”.
“El pueblo mexicano que yo conozco es el que siempre da amor, que no hace discriminación, que siempre está al pendiente uno del otro, y que no había la diferencia por religión, por ser cristiana, ser judía, por ser musulmana, por si eres negro, si eres blanco. No existía eso. ¿Cómo hemos llegado y nos hemos deteriorado a tanto en tan poco tiempo?”.
A Ilana Gritzewsky las fuerzas armadas no la levantaron en la calle, de compras o en una calle sola con escasa iluminación, como cuentan los estigmas sobre seguridad. Según su recuerdo, se encontraba en su casa, preparando todo lo que necesitarían para seguir su rutina, una que se vio colapsada por las alarmas del ataque.
“Empecé mi día normal cuando empezaron las alarmas. En esa zona estamos acostumbrados a que todo el tiempo hay alarmas, pero esa vez fue muy diferente, fue una tras otra. Desperté a mi pareja, Matan. Empezamos a escuchar disparos y granadas, gritos en árabe afuera de mi ventana. Empezaron los grupos a correr la voz de que estaban en la parte de atrás del kibutz. Y fue como una ruleta rusa”.
En Iros, donde yacía el kibutz en el que vivía Ilana, fue uno de los más afectados por el ataque perpetrado en el marco de las fiestas judías. Ahí uno de cada cuatro habitantes fue asesinado o secuestrado.
Ese fue sólo el inicio de su secuestro. La joven fue obligada a subir a una moto que la llevó a Gaza.
“En el camino yo pasé por abusos sexuales, me rompieron la cadera, me dislocaron la mandíbula, me quemaron la pierna, me explotaron unas granadas en el oído. Me desperté ya en Gaza con siete terroristas arriba, yo medio desnuda rogando que no me violaran, y me empezaron a golpear más y me dijeron ‘Bienvenida a Gaza, a tu nueva vida’”.
A partir de este punto, Ilana fue llevada a diferentes viviendas mientras era víctima de los maltratos de las fuerzas islamistas.
“Cada vez que te mueven de lugar te dicen que vas a ser liberada. Después me pasaron a los túneles. El hecho de no saber si es de día o de noche, y el que no duermes por el miedo de qué te pueden hacer, en los túneles es peor. Me volvieron a decir que me iban a liberar, que ya tenía que salir a los dos o tres días. Fui la última en liberarse por el primer tratado que hubo de rehenes del conflicto”.
Ilana fue liberada el 30 de noviembre de 2023. Dos años y seis días después, Matan logró ser liberado también.




