Hay una frase que oigo cada vez con más frecuencia cuando una pareja atraviesa una crisis: «Si tu relación ya no te aporta lo que necesitas, ahí no es». Como si dudar de lo que estamos viviendo juntos fuera necesariamente una señal de que hemos elegido mal, o como si una pareja que no se parece a lo que esperábamos fuera irrevocablemente un error. **Las relaciones, como la vida misma, nos exigen algo más que respuestas sencillas.** A veces queremos profundamente a nuestra pareja, reconocemos todo lo que nos une y, aun así, sentimos una profunda decepción. Miramos nuestra vida y pensamos: «¿Esto era lo que yo imaginaba? ¿De verdad pensaba que a estas alturas estaríamos aquí?». Quizá esperábamos viajar más, compartir más intereses, tener una vida social diferente, divertirnos más o vivir esta etapa de una determinada manera que finalmente no está teniendo lugar. Y, poco a poco, podemos empezar a mirar a nuestra pareja desde esa distancia entre lo que imaginábamos y lo que nos sucede. Entonces, vale la pena que nos hagamos una pregunta incómoda: **¿estoy decepcionado de la persona que tengo a mi lado o de la vida que creía que iba a tener con ella?** La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia radicalmente la manera de comprender lo que nos está pasando. @professional(2052310) ## Cuando nos enamoramos también proyectamos una vida Cuando elegimos una pareja no elegimos únicamente a una persona. También podemos proyectar, consciente o inconscientemente, una vida posible a su lado. Imaginamos cómo será nuestra casa, nuestras vacaciones, la familia que construiremos, los amigos que tendremos, la manera en que nos acompañaremos cuando seamos mayores. Incluso podemos imaginar quiénes seremos nosotros dentro de esa relación. Esto forma parte del enamoramiento. Al principio no conocemos todavía todos los matices de la persona que tenemos delante y, en ese espacio de desconocimiento, introducimos nuestros deseos, nuestras expectativas y nuestras propias imágenes de futuro deseado. Con el tiempo, la persona real empieza a ocupar el lugar de la persona que habíamos imaginado y ahí pueden aparecer algunas decepciones. No es necesariamente que el otro haya cambiado; a veces, simplemente empezamos a ver con mayor claridad quién es, qué quiere, qué puede ofrecernos y qué no. **Y es posible que descubramos que, con la persona real que está a nuestro lado, la vida que deseamos no va a seguir el guion que habíamos delineado.** ## El duelo por la vida no vivida En ese momento puede aparecer un pequeño duelo: el de una posibilidad que durante mucho tiempo habíamos sentido como nuestro futuro, pero que ya no está disponible de la misma manera. Implica despedirnos de esa vida que habíamos construido en nuestra imaginación y hacer espacio para descubrir qué podemos construir juntos a partir de la realidad que tenemos delante. ## Cuando esperamos que nuestra pareja haga posible nuestra vida Parte de la dificultad está en que esperamos muchísimo de nuestras relaciones. Queremos cotidianidad y seguridad, pero también pasión y aventura. Queremos sentirnos comprendidos y apoyados, pero también que nos dejen a nuestro aire. Queremos compartir proyectos e intereses, pero que no se inmiscuyan demasiado en algunas cosas. Queremos que nuestra pareja sea amante, compañero de vida, apoyo emocional y, en muchos casos, una pieza fundamental de nuestra realización personal. **Y, con tantas expectativas, es normal que la realidad termine quedándose corta.** ¿Qué responsabilidad tengo yo en aquello que esperaba de mi pareja? Seguramente, la respuesta no sea literal ni lineal. Quizá atribuimos nuestra frustración a no salir tanto, pero, en realidad, puede que nuestra vida, tal y como es, necesite más espontaneidad. Quizá culpamos a la falta de muestras de romanticismo, pero, a lo mejor, necesitamos seguir sintiéndonos elegidos. Quizá sentimos que ya no admiramos a nuestra pareja, pero, tal vez, necesitamos valorar a la persona que tenemos delante más allá de aquella versión que nos enamoró al principio. Cuando conseguimos llegar a ese significado más profundo, algo puede cambiar. Ya no estamos únicamente ante la pregunta «¿por qué mi pareja no me da lo que necesito?», sino ante otra mucho más interesante: **«¿qué parte de lo que necesito puede construirse de manera activa entre los dos y qué es meramente mi responsabilidad?».** La idea es ampliar la mirada antes de tomar decisiones importantes desde la decepción que flota en la superficie. Aceptar que mi pareja no es quien imaginé no significa que me vaya a conformar, sino que voy a poder distinguir: * Lo que realmente necesito de aquello que pertenece a la fantasía que había construido. * Lo que esperaba que mi pareja hiciera por mí de aquello que me toca construir a mí. * Lo que puedo aceptar en silencio de aquello que necesito expresar, negociar o cambiar dentro de la relación. ## Cuando empezamos a ver a nuestra pareja como realmente es Quizá uno de los movimientos más difíciles, y también más liberadores, consiste en empezar a ver a nuestra pareja como la persona que es y no únicamente como la persona que necesitamos que sea para que nuestra vida se parezca a la que imaginábamos. **Esto no significa renunciar a nuestros deseos ni a lo que necesitamos en una relación, sino dejar de confundir a la persona que tenemos al lado con el proyecto de vida que habíamos construido alrededor de ella.** ## ¿Qué podemos construir? No se trata todavía de decidir si queremos quedarnos o marcharnos, sino de comprender qué estamos echando de menos y qué queremos hacer con ello. A lo mejor descubrimos que hay aspectos de nuestra vida en común que necesitamos transformar, conversaciones difíciles que llevamos tiempo posponiendo o deseos que todavía podemos explorar juntos. Puede que, al mirar nuestra relación con más perspectiva, comprendamos mejor qué nos une y qué necesitamos revisar. **Una relación madura no consiste en conseguir que todo permanezca como al principio, sino en ser capaces de adaptarnos a los cambios que la vida trae consigo.** Nosotros cambiamos, nuestras parejas también y, con el tiempo, la relación necesita encontrar nuevas maneras de sostenerse y crecer. Duele reconocer que algunas cosas no serán como esperábamos. La cuestión no es negar ese dolor, sino atravesarlo y descubrir qué posibilidades siguen abiertas. Seguramente, encontraremos nuevas formas de construir una vida satisfactoria juntos; otras, tendremos que reconocer que hay aspectos de nuestro propio bienestar que necesitamos recuperar y cultivar por nuestra cuenta. **Quizá amar de una manera más consciente implique precisamente eso: mirar con honestidad la relación que tenemos hoy y decidir, juntos y por separado, qué queremos y podemos construir a partir de allí.** @professional(2052310)