Hace pocos días una delegación compuesta por parlamentarios, representantes de ministerios, academia, ecosistema I+D+i, empresas y organizaciones civiles fue invitada por el Chile California Council a recorrer San Francisco y Silicon Valley, el principal polo mundial de la IA, y a conocer en primera persona las tendencias actuales de esta revolución tecnológica: IA agéntica y física, robots en nuestra vida cotidiana, energía y cómputo como recursos críticos, IA y datos como motor del estado, la ciencia y la exploración espacial.
Fue una misión llena de contenido, diálogos profundos, y un genuino espíritu de colaboración y compromiso para que Chile no sólo conozca y adopte la IA, sino que realmente capture su valor, y la convierta en un motor de desarrollo justo. Regresé con una frase grabada, que sintetiza muchas de las lecciones aprendidas: “ownyour intelligence”. La clave está en adueñarnos de nuestra inteligencia, humana y artificial.
Con distintos sabores y énfasis, grandes tecnológicas y organizaciones como Open AI, Google, Microsoft, Runway, NVIDIA, TESLA y NASA presentan un escenario común, donde los sistemas multi-agente están acelerando y transformando la ciencia, la economía, la educación y el diseño, y los LLMs evolucionan hacia modelos de mundo: sistemas de IA entrenados en base a data multisensorial para comprender la dinámica del mundo real, incluyendo la física y las propiedades espaciales. En estas nuevas revoluciones, el éxito depende de nuestra capacidad de transformar formas de trabajo para integrar a la IA y humanos en un círculo virtuoso, del talento, datos, y poder de cómputo.
La IA, como una herramienta de propósito general, requiere innovación complementaria. Haciendo el paralelo con la revolución industrial, las grandes transformaciones requieren tanto innovación técnica (electricidad, generadores, motores eléctricos, ampolletas) como sociales (regulaciones, nuevos procesos industriales).
En otras palabras, para desbloquear el valor de la IA, no basta con fomentar que todos los integrantes de una organización conozcan, accedan y adopten herramientas de IA para realizar sus tareas de manera más eficiente. Este es un primer paso necesario, pero aún insuficiente. El secreto es que innovemos alrededor de ella, de forma que todos pasemos a ser “product managers” de nuestro propio quehacer. Este concepto heredado de la ingeniería de software se puede aplicar a cualquier ámbito: la IA nos interpela a revisar continuamente nuestras formas de trabajo para descubrir y especificar oportunidades de mejora, evaluar posibilidades tecnológicas, experimentar rápidamente, integrar y escalar las soluciones exitosas.
En esta profunda transformación que estamos viviendo, la educación y el conocimiento cumplen un rol crucial. Desbloquear el valor de la IA requiere que tanto trabajadores como líderes sean ampliamente capacitados en ella, pero debe acompañarse además de fluencia técnica en nuestros respectivos roles, pensamiento estratégico, solución de problemas, y capacidad de priorización. Para quienes formamos a los profesionales del futuro, esto nos desafía a potenciar tanto la alfabetización transversal en IA, como el desarrollo de competencias de innovación y de experticia disciplinar profunda.
La clave, finalmente, es apropiarse de la IA: refinarla con nuestros datos, desplegarla en nuestra infraestructura, e integrarla con la inteligencia experta sobre nuestros propios procesos para convertirla en un valor que transforma y escala, con los humanos siempre al centro de la cadena.
Por Paula Aguirre Aparicio, Vicerrectora de Inteligencia Digital, Universidad Católica de Chile.





