Durante décadas, la ciudad de Gwangju (Corea del Sur) estuvo asociada a la violencia de la masacre conocida como Movimiento Democrático de 1980, cuando los ciudadanos se levantaron contra la dictadura de Chun Doo-hwan, pero fueron vencidos.
Hoy, esta urbe es uno de los principales centros de arte contemporáneo de Asia, cambio impulsado en parte por la creación de su bienal de arte en 1995.
La edición 16 de la Bienal de Gwangju, que se exhibe hasta el 15 de noviembre en el Pabellón de Exposiciones, reúne a 43 artistas y colectivos de Asia, Europa y América, bajo la dirección artística de Ho Tzu Nyen, junto con los curadores Che Kyongfa, Park Gahee y Brian Kuan Wood.
Su título, Debes cambiar tu vida, retoma el último verso del poema Torso arcaico de Apolo (1908), del escritor austriaco Rainer Maria Rilke (1875-1926), y propone pensar el cambio como autorreflexión.
En lugar de prescribir una dirección específica, la frase abre la transformación como un campo de posibilidades, un enfoque que guía la concepción curatorial de esta edición.
La exposición explora el cambio no como un evento singular, sino como un proceso continuo que se desarrolla a través de diferentes temporalidades, desde momentos de ruptura hasta las transformaciones más silenciosas y continuas inherentes a la vida cotidiana.
Pocas ciudades encarnan los ideales y la experiencia del cambio con tanta fuerza como Gwangju, cuya historia de lucha democrática sigue resonando a nivel mundial. Aquí, el cambio no es abstracto, sino historia vivida”, ha declarado Ho Tzu Nyen.
Los participantes exploran esa idea en cinco salas, cada una dedicada a una forma de transformación.
La primera, “Moléculas y yo”, parte de cambios fuera de nuestra percepción. En Perpetuum Mobile (40 Kg), de Nina Canell, una vasija con agua y un generador ultrasónico producen bruma junto a cemento. Con el tiempo, la humedad endurece el material y vuelve visible un proceso imperceptible.
“Cuerpos y vínculos”, la segunda sala, aborda la intimidad y las relaciones humanas. La instalación May Mothers House reúne 322 pinturas realizadas por mujeres afectadas por la represión de 1980, convirtiendo la memoria colectiva en parte central de la muestra.
La tercera sala, “Paisajes y aprendizaje”, explora cómo el conocimiento, el territorio y las estructuras de poder moldean nuestro entendimiento del mundo.
Aquí, Disculpas, de James T. Hong, reúne disculpas públicas de jefes de Estado de distintos países y épocas para revelar patrones en la manera en que el poder expresa remordimiento.
En “Cosmos y cambio”, obras como DOKU, de Lu Yang, exploran la impermanencia del cuerpo y la identidad vinculadas con sueños y ciclos, planteando que la transformación ocurre también más allá de nuestra propia existencia.
La última sala, “Aire y articulaciones”, cierra el recorrido con una instalación de Jacqueline Kiyomi Gork. No Exactamente BPM crea un laberinto de tubos inflables con bocinas que reproducen fragmentos de tecno. Al desinflarse las paredes, aparecen sonidos antes ocultos y la composición se revela por completo.
Después de recorrer sus cinco galerías regresamos a la reflexión de Rilke: cambiar es inevitable. Tal vez por eso esta edición tiene tanto sentido en Gwangju, una ciudad marcada por la violencia de su pasado que ha encontrado en el arte una forma de transformarlo.
Una característica distintiva de esta edición es su formato deliberadamente concentrado, que presenta al menor número de artistas en la historia de la Bienal.
La próxima edición está prevista para septiembre de 2028.



