Hablar con una inteligencia artificial sobre nuestros problemas se ha vuelto cada vez más común, y hay razones para que esto pase: un chatbot está disponible a cualquier hora, no se cansa, responde de inmediato y, quizá lo más interesante es que difícilmente nos hace sentir juzgados.

El problema comienza cuando esa herramienta deja de ser un apoyo y ocupa el lugar que antes tenían un amigo, la pareja o incluso un profesional de la salud mental.

“Un chatbot nunca va a poder reemplazar el contacto humano”, advierte Marina Mammoliti, psicóloga clínica, creadora del podcast Psicología al desnudo y autora de Frena tu cabeza, en entrevista con Excélsior.

La preocupación no es solamente de la especialista. Una encuesta realizada en 2026 por la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) entre más de mil 200 psicólogos encontró que 77% había tenido pacientes que hablaron sobre utilizar inteligencia artificial para buscar un diagnóstico, recibir apoyo emocional o simplemente conversar.

Más de una tercera parte reportó pacientes que habían recurrido a la IA como una especie de profesional adicional de salud mental.

La APA advierte que los chatbots de inteligencia artificial de uso general no deben considerarse sustitutos de la atención psicológica profesional, aunque pueden ser útiles para determinadas tareas complementarias.

Entonces, ¿por qué podemos sentir que ChatGPT o cualquier otro chatbot nos entiende tan bien? ¿Y en qué momento buscar consuelo en una inteligencia artificial puede alejarnos de la ayuda que realmente necesitamos?

¿Por qué las personas usan ChatGPT como psicólogo?

Mammoliti no juzga a quienes recurren a una inteligencia artificial cuando necesitan hablar de algo que les preocupa. Por el contrario, considera bastante comprensible que estos sistemas resulten atractivos.

“Los chatbots no te van a juzgar nunca. Están 24/7 disponibles. Si yo tengo un pensamiento terrible a las tres de la mañana, no puedo llamar a mi terapeuta o probablemente no llamo a mi mamá porque se va a preocupar o mi amiga va a estar durmiendo. Entonces, ¿qué me queda? Voy al chat”.

La disponibilidad no es la única ventaja. A diferencia de una conversación con otra persona, el usuario puede dirigir el intercambio e incluso pedir una respuesta distinta cuando la primera no le gusta.

“Si a mí no me gusta la respuesta que me da el chat, entonces yo le digo: ‘No me gusta esto que me respondiste, dame otra respuesta’. Los chatbots de IA eliminan la fricción propia de encontrarme con otro ser humano”.

Ese espacio aparentemente seguro puede producir una sensación inmediata de acompañamiento. Sin embargo, ahí comienza una de las principales diferencias entre conversar con una máquina y establecer una relación terapéutica.

¿ChatGPT puede reemplazar a un psicólogo?

Para Mammoliti, la respuesta es no. Una inteligencia artificial puede ofrecer información, ayudar a organizar pensamientos o sugerir herramientas prácticas, pero eso no equivale a un proceso terapéutico.

La propia Mammoliti decidió experimentar con estos sistemas para comprender por qué tantas personas recurren a ellos cuando atraviesan problemas personales.

“Lo vengo usando yo misma para contarle mis problemas porque quiero entender qué es eso que todo el mundo tanto busca”, explica.

Su experiencia no fue completamente negativa. De hecho, reconoce que encontró utilidad en determinadas respuestas.

“Es muy bueno como consejero, si se quiere, de herramientas prácticas que podés usar”, señala. Pero inmediatamente marca la diferencia: “El usar los chatbots no nos entrena para el vínculo humano”.

¿Cuál es el riesgo de contarle todos tus problemas a una inteligencia artificial?

Una de las principales diferencias está precisamente en aquello que a primera vista hace tan cómodo hablar con un chatbot: la ausencia de posibles conflictos.

Una relación humana implica desacuerdos, silencios, límites, incomodidad y momentos en los que la otra persona no responde como esperamos.

“Un chatbot nunca va a poder reemplazar el contacto humano. No puede hacerlo justamente por esto que te digo: sí nos puede dar respuestas muy útiles, pueden ser útiles, pero usar los chatbots no nos entrena para el vínculo humano”, explica Mammoliti.

Y continúa: “El chatbot nunca me va a decepcionar, nunca me va a generar malestar. Probablemente no me va a contradecir. Eso no nos entrena para el vínculo humano”.

Para Mammoliti, esa experiencia puede volverse especialmente atractiva cuando una persona ya se encuentra aislada o no siente que tiene a quién recurrir.

“Como además nos da la ilusión de que nos está escuchando del otro lado, entonces ya me quedo ahí y no busco animarme a sentir la incomodidad que implica ir con una persona en quien confío y decirle: ‘Vos sabés que la estoy pasando muy mal. Me está pasando esto y esto otro’”.

El riesgo, explica, está en que esa sensación termine reemplazando la búsqueda de contacto real.

Para la especialista, hay una diferencia que ninguna respuesta inmediata puede sustituir: “No hay nada más sanador que hablar con otro ser humano”.

¿La inteligencia artificial siempre da la razón?

No necesariamente en todas las conversaciones, pero la tendencia de los chatbots a ser complacientes y validar al usuario es una preocupación que también aparece en investigaciones recientes.

Mammoliti lo experimentó durante sus propias conversaciones con inteligencia artificial.

“Yo le digo: ‘Sé más frontal conmigo’, y no lo hace. Me endulza, todo lo que vos hacés está bien”, relata.

La APA advierte precisamente sobre esta característica: una inteligencia artificial puede reforzar la perspectiva de quien consulta en lugar de desafiar pensamientos problemáticos, algo especialmente delicado cuando se utiliza para hablar de salud mental.

En su encuesta de 2026, 97% de los psicólogos consultados expresó preocupación porque los chatbots pudieran reforzar involuntariamente conductas negativas o creencias delirantes.

¿Cuándo puede ser útil ChatGPT para la salud mental?

La respuesta tampoco tiene que ser “nunca”. Mammoliti reconoce que estas herramientas pueden aportar ideas y recursos prácticos. La diferencia está en utilizarlas como herramienta y no convertirlas en nuestro terapeuta, diagnóstico o principal vínculo emocional.

La APA considera que la inteligencia artificial puede ayudar, por ejemplo, a organizar pensamientos, preparar preguntas para una próxima consulta o realizar ciertos ejercicios como complemento de un tratamiento profesional.

Lo que no recomienda es utilizar un chatbot como única fuente para aliviar síntomas de salud mental o pedirle que establezca un diagnóstico.

¿Cuáles son los riesgos de usar ChatGPT como terapeuta?

La dependencia también empieza a ser estudiada. Entre los psicólogos encuestados por la APA cuyos pacientes habían desarrollado algún tipo de relación con un chatbot, 36% reportó haber observado cierto nivel de dependencia y 25% señaló comunicaciones que consideraba poco saludables.

Los datos no significan que esos efectos ocurran en todas las personas que utilizan IA para conversar sobre sus emociones, pero muestran por qué los especialistas piden cautela.

Mammoliti señala otro riesgo menos evidente: acostumbrarnos a una interacción construida alrededor de nuestras necesidades y después encontrar mucho más difícil tolerar las relaciones reales.

“Necesitamos de lo humano para ser felices. Con lo cual yo diría que no nos pasemos de uso de los chatbots, porque vamos a terminar súper encapsulados con alguien que nos adule y nos dé la razón constantemente y después, cuando salgamos a la vida, a los vínculos reales, eso no va a pasar”.

Por ejemplo, un amigo no está disponible a las tres de la mañana. Una pareja puede estar en desacuerdo, un psicólogo puede plantearnos una pregunta incómoda. Ninguno responderá exactamente lo que queremos escuchar todo el tiempo.

Y son precisamente esas relaciones las que también nos obligan a aprender a escuchar, tolerar el malestar, poner límites, conciliar y convivir con perspectivas diferentes.

La inteligencia artificial puede acompañar algunas partes de ese proceso, pero Mammoliti insiste en no confundir disponibilidad con vínculo.

Porque recibir una respuesta en segundos puede hacernos sentir menos solos durante un momento. El riesgo aparece cuando dejamos de buscar a las personas que pueden escucharnos de verdad.