¿Por qué ignoramos las señales de agotamiento hasta que necesitamos parar?
Vivimos rodeados de estímulos, responsabilidades y tareas pendientes. El trabajo, la familia, las relaciones, los compromisos… Siempre parece haber algo más urgente que atender.
Hasta que el cansancio, la irritabilidad o la falta de motivación dejan de ser algo puntual y empiezan a formar parte de nuestra manera habitual de vivir.
**Lo curioso es que muchas veces no llegamos ahí de repente. Antes hemos recibido señales, pero nos hemos acostumbrado a convivir con ellas.**
## Cuando estar cansado se convierte en «lo normal»
«Es que tengo mucho trabajo»; «Ya descansaré el fin de semana»; «Estoy un poco saturado, pero se me pasará».
Son explicaciones habituales que pueden ayudarnos a seguir adelante un tiempo. El problema aparece cuando se convierten en la respuesta automática ante cualquier señal de sobrecarga.
Dormir y levantarse sin sensación de descanso, tener menos paciencia de la habitual, tener dificultad para concentrarse o perder interés por actividades que antes disfrutábamos no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Pueden tener causas muy diferentes y, en cualquiera de los casos, son una oportunidad para preguntarnos qué está ocurriendo.
## Piloto automático: cuando funcionar sustituye a vivir
Una de las señales menos evidentes es el piloto automático. Entramos en ese modo gradualmente:
Seguimos trabajando, cumplimos nuestras obligaciones, contestamos mensajes y hacemos lo que toca.
Desde fuera, aparentemente todo funciona. Internamente, a la vez, puede aparecer una sensación de desconexión: hacemos muchas cosas, pero disfrutamos de pocas.
**Algo parecido ocurre cuando buscamos constantemente estímulos para no quedarnos a solas con nuestros pensamientos: redes sociales, series, compras, comida, trabajo o cualquier otra actividad que nos permita mantener la atención ocupada.** A veces por inercia, a veces por no enfrentarnos.
No toda distracción es evitación, por supuesto. **El problema aparece cuando necesitamos escapar constantemente de lo que sentimos.**
En psicología, la **evitación experiencial** describe la tendencia a intentar escapar o controlar pensamientos, emociones o sensaciones internas que resultan incómodas (Hayes et al., 1996). La **evitación experiencial** se refiere a los intentos de evitar o controlar determinadas experiencias internas —pensamientos, emociones o sensaciones—, aunque hacerlo pueda terminar generando dificultades a largo plazo.
## La irritabilidad también puede ser una señal
Cuando estamos sometidos a una carga elevada durante demasiado tiempo, nuestro margen para responder con calma tiende a reducirse. Un pequeño contratiempo adquiere entonces una dimensión desproporcionada.
**Aprender a entender y gestionar nuestras emociones puede ayudarnos a reconocer qué está ocurriendo antes de reaccionar automáticamente.**
No significa que la irritabilidad tenga una única causa. Pero cuando aparece junto a cansancio, tensión, dificultades para desconectar o pérdida de motivación, merece la pena parar y observar qué está pasando.
Porque quizá el problema no sea ese último correo, esa reunión o ese comentario. **Eso es solo la gota que colma el vaso de tareas y «malestares» acumulados.**
## Escucharse antes de llegar al límite
Aprender a detectar estas señales no significa convertir cada molestia en una alarma ni buscar una explicación psicológica para cualquier síntoma físico. Significa desarrollar una mayor capacidad de observación sobre uno mismo.
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué necesito y estoy dejando para después?
¿Estoy descansando o simplemente cambiando de estímulo?
¿Esta forma de vivir y trabajar es sostenible para mí?
**El autoconocimiento no consiste en tener todas las respuestas. A veces empieza simplemente por dejar de ignorar las preguntas.**
Y esta es una de las decisiones más importantes porque, posiblemente, la pregunta no sea cuánto más puedes aguantar, sino cuánto tiempo llevas necesitando escucharte.
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Fuente: PSICOLOGIAYMENTE. Contenido publicado originalmente por el medio.