Conoce cómo detectar y abordar el malestar emocional en el cáncer de mama, acompañar a las familias y cuidar al equipo sanitario.
«Del 0 al 10, ¿cuánto malestar ha sentido durante la última semana, incluido hoy?». La pregunta cabe en una hoja con el dibujo de un termómetro y se responde en segundos. Sin embargo, puede ser la primera vez que alguien, en mitad de analíticas, mamografías y calendarios de quimioterapia, pregunta a una mujer con cáncer de mama cómo está ella, y no solo cómo está su tumor. En una consulta oncológica conviven el miedo al diagnóstico, la tristeza por los cambios del cuerpo, la rabia, el cansancio, la preocupación por los hijos y, a veces, el alivio de una buena noticia. También el silencio: muchas pacientes se concentran en la siguiente prueba y aplazan todo lo demás.
La atención emocional ha ido ganando terreno en las recomendaciones oficiales, pero su llegada a los hospitales ha sido desigual. En España, un informe del Observatorio del Cáncer de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) publicado en 2019 señaló que **el 48 % de los hospitales públicos analizados no ofrecía atención psicológica especializada a las personas con cáncer, y el resto lo hacía de forma insuficiente**. El mismo informe describía cómo muchas pacientes acababan recurriendo a entidades sin ánimo de lucro. Entre lo que recomiendan las guías y lo que se encuentra una paciente al cruzar la puerta del hospital sigue habiendo, en muchos lugares, una distancia considerable.
Esa distancia tiene nombre en la literatura científica: malestar emocional o distrés, un sufrimiento psicológico que puede acompañar a la enfermedad en todas sus fases y que, con frecuencia, pasa desapercibido. En este artículo veremos qué es, cómo puede detectarse, qué aporta la psicooncología durante y después de los tratamientos, cómo se puede acompañar a las familias y por qué el propio equipo sanitario también necesita cuidado. Empecemos por el principio.
## ¿Qué es el malestar emocional en el cáncer de mama?
El término distrés, adoptado por la psicooncología para evitar etiquetas que estigmaticen, describe un malestar emocional que va desde reacciones esperables, como la preocupación o la tristeza, hasta síntomas de ansiedad o depresión que interfieren en la vida diaria. El [documento de Recomendaciones de mejora de la Atención Psicológica al Cáncer en el SNS](https://www.infocop.es/wp-content/uploads/2025/03/Recomendaciones-mejora-atencion-psicologica-cancer.pdf), elaborado por el Ministerio de Sanidad con sociedades científicas, asociaciones de pacientes y comunidades autónomas, recoge que **este malestar puede aparecer desde el diagnóstico, mantenerse durante los tratamientos y prolongarse una vez terminados, y que también afecta a familiares y acompañantes**. El mismo documento cita trabajos según los cuales la prevalencia de depresión en personas con cáncer es de dos a tres veces mayor que en la población general.
Las cifras de necesidad son considerables. El Observatorio del Cáncer de la AECC calcula que unos 181.000 pacientes y 90.000 familiares necesitarían atención psicológica en España. Detrás de esos números hay experiencias muy diversas: el miedo a la recurrencia, los cambios en la imagen corporal y la sexualidad, la reincorporación al trabajo o la incertidumbre ante el futuro. Ninguna de estas reacciones es, por sí misma, un signo de enfermedad mental. Lo que preocupa a los especialistas es que, cuando el malestar se intensifica o se cronifica, puede pasar inadvertido si nadie pregunta por él.
## ¿Cómo se detecta?
La respuesta del Ministerio de Sanidad es preguntar de forma sistemática, y no esperar a que la paciente pida ayuda. Su recomendación se apoya en un informe de 2023 de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (RedETS), que comparó herramientas validadas en español y concluyó que **el uso conjunto del Termómetro de Distrés y la Escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión (HADS) es el método de cribado más adecuado para detectar precozmente el malestar emocional**. El primero es una escala visual de 0 a 10; la segunda, un cuestionario de 14 preguntas que se agrupan en una subescala de ansiedad y otra de depresión.
Los umbrales orientativos son concretos. Una puntuación igual o superior a 5 en el termómetro, o igual o superior a 13 en la HADS, orienta hacia una valoración por profesionales de la atención psicológica, aunque el propio documento reconoce que no existe consenso sobre el punto de corte de la HADS, que en la literatura oscila entre 13 y 16. El cribado se recomienda en momentos clave, como el diagnóstico, el inicio y el final de los tratamientos, una recurrencia o los ingresos hospitalarios, para no repetir cuestionarios innecesariamente.
Conviene subrayar un matiz: **estos instrumentos detectan malestar, no establecen por sí mismos un diagnóstico**. Una puntuación alta abre una conversación y, si la paciente está de acuerdo, una derivación; no pone una etiqueta. El Ministerio reconoce también que hacen falta estudios metodológicamente más homogéneos, aunque considera que la evidencia disponible respalda la utilidad del cribado de malestar emocional en personas con cáncer.
## ¿Qué aporta la psicooncología?
Detectar el malestar solo sirve si existe un camino claro para atenderlo. La [psicooncología](https://psicologiaymente.com/clinica/psicooncologia), la especialidad que se ocupa de los aspectos psicológicos del cáncer en pacientes, familias y profesionales, ofrece ese camino. Las recomendaciones españolas proponen que la psicóloga o el psicólogo clínico forme parte del comité de tumores y de la unidad multidisciplinar, que exista un plan individualizado consensuado con cada paciente y que el equipo cuente también con trabajo social. No todas las personas necesitarán el mismo acompañamiento, ni durante el mismo tiempo, y esa flexibilidad forma parte del modelo.
### Durante los tratamientos
En 2025, Teodora Anghel y sus colegas publicaron en la revista *Medicina* una revisión de 20 ensayos clínicos aleatorizados sobre intervenciones psicoterapéuticas en personas con cáncer. La psicoterapia centrada en el sentido se asoció con menos depresión, ansiedad y desmoralización, y la terapia de grupo de apoyo expresivo con menos estrés traumático y más apoyo social. **Las mejoras en calidad de vida y bienestar emocional fueron consistentes, mientras que los posibles beneficios sobre la supervivencia aparecieron de forma irregular**. Solo nueve de los estudios alcanzaron una alta calidad metodológica, y no todos se centraban en el cáncer de mama, lo que obliga a leer los resultados con prudencia.
### Cuando terminan los tratamientos
El final de la cirugía, la quimioterapia o la radioterapia no siempre coincide con el final de las preocupaciones. Muchas mujeres describen esta etapa como un vacío: desaparecen las citas frecuentes y, con ellas, la sensación de estar vigiladas, mientras aparecen el miedo a la recurrencia, la adaptación a un cuerpo distinto o la vuelta al trabajo. En la revisión de Anghel, la terapia cognitiva basada en la atención plena se asoció con reducciones significativas del miedo a la recurrencia. El acompañamiento psicológico puede, por tanto, prolongarse más allá del alta oncológica cuando las necesidades de la persona lo requieren.
*Te recomendamos leer: El Acompañamiento Psicológico ante el diagnóstico de Cáncer*
Este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Si tienes cáncer de mama o acompañas a alguien que lo tiene, puedes pedir en tu unidad que valoren tu malestar emocional. También puedes llamar a Infocáncer, el servicio gratuito de la AECC, en el 900 100 036, disponible las 24 horas. Si el malestar es muy intenso o aparecen ideas de no querer seguir viviendo, llama al 024; ante una emergencia, al 112.
## ¿Cómo se acompaña a la familia y se comunican las malas noticias?
El cáncer de mama no ocurre solo en el cuerpo de una persona: reorganiza agendas, tareas domésticas, economías y conversaciones de toda una familia. Al mismo tiempo, cada visita a la consulta puede traer información difícil de asimilar. Ambos frentes, la comunicación dentro del hospital y la que continúa en casa, forman parte del cuidado emocional, y las recomendaciones españolas incluyen la formación de los profesionales en habilidades de comunicación como una pieza central.
### Las malas noticias
Comunicar una recurrencia, un cambio de pronóstico o una modificación del tratamiento es uno de los momentos más exigentes de la práctica oncológica. Uno de los protocolos más utilizados es SPIKES, propuesto en 2000 por Walter Baile, Robert Buckman y otros oncólogos en *The Oncologist*. Plantea seis pasos: preparar el entorno, averiguar qué sabe la paciente, preguntar cuánta información desea, darla con claridad, responder a las emociones y acordar los pasos siguientes. Se basa sobre todo en el consenso clínico más que en ensayos sobre resultados en pacientes, pero ha servido de guía para la formación de muchos equipos. La empatía, en este marco, no consiste en suavizar la verdad, sino en ofrecerla de forma que pueda escucharse, evitando tanto los tecnicismos innecesarios como las promesas que todavía no pueden hacerse.
### Los hijos
Para muchas mujeres, una de las preguntas más difíciles no llega en la consulta, sino en casa: qué contar a los hijos. Un equipo de la Universidad de Fudan, en Shanghái, publicó en 2023 una [revisión sistemática en Supportive Care in Cancer](https://link.springer.com/article/10.1007/s00520-023-07630-9) que sintetizó siete estudios cualitativos sobre la comunicación entre madres con cáncer de mama y sus hijos menores. **Las madres describían un auténtico dilema sobre si contarlo, influido por la edad de los niños, el momento de la enfermedad o el deseo de protegerlos, además de dudas sobre cómo y cuánto explicar**. La revisión tiene límites claros: incluye pocos trabajos, recoge solo la perspectiva materna y apenas aborda las diferencias culturales. Aun así, sugiere algo práctico: preguntar en la consulta si hay niños en casa y ofrecer orientación puede aliviar una de las cargas más silenciosas de la enfermedad.
## ¿Quién cuida al equipo?
Trabajar a diario con el sufrimiento, la incertidumbre y las malas noticias tiene un coste para quienes lo hacen. Las recomendaciones del Ministerio de Sanidad citan estudios según los cuales **aproximadamente un 30 % del personal de enfermería de oncología presenta un alto riesgo de desarrollar fatiga por compasión**, y piden que los centros sanitarios, a través de sus servicios de salud laboral, impulsen iniciativas de prevención y detección del malestar entre sus profesionales. La [fatiga por compasión](https://psicologiaymente.com/psicologia/fatiga-por-compasion-cuando-cuidar-de-los-demas-empieza-a-agotarnos) describe el desgaste emocional asociado a la exposición continuada al sufrimiento ajeno, aunque no es un diagnóstico clínico y su definición sigue en debate.
Una revisión sistemática publicada en 2017 en la revista *Psicooncología* por María del Carmen Hernández García encontró que la fatiga por compasión se relacionaba con el síndrome de burnout, que era más frecuente en enfermería y medicina, y que se asociaba con factores como el autocuidado y las condiciones laborales. Las estrategias de prevención identificadas pasaban por la formación, el empoderamiento de los profesionales y la posibilidad de periodos de descanso. La responsabilidad, en cualquier caso, no recae solo en cada profesional: la carga de trabajo, los espacios de apoyo y la supervisión dependen también de la organización. Cuidar al equipo es, en último término, otra forma de cuidar a las pacientes.
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## Más allá del protocolo
¿Quién cuida las emociones en una unidad de mama? La respuesta que proponen las recomendaciones actuales es que no debería depender de la suerte, de la sensibilidad individual de un profesional o de la existencia de una asociación cercana, sino de un sistema: preguntar de forma rutinaria, detectar, derivar, coordinar y acompañar también a las familias y a quienes cuidan. La evidencia sobre cada pieza es desigual. Los instrumentos de cribado tienen puntos de corte discutidos, los ensayos sobre intervenciones psicológicas varían en calidad y buena parte de la investigación no procede de España.
Lo que este campo enseña sobre la experiencia humana de la enfermedad es, quizá, algo sencillo: el diagnóstico de cáncer no solo pone a prueba un cuerpo, sino también una biografía, una familia y unos planes de futuro. Una unidad de mama puede tener la mejor tecnología y, aun así, dejar sin respuesta la pregunta más básica. A veces, cuidar empieza por algo tan modesto como un termómetro dibujado en un papel y alguien dispuesto a escuchar lo que hay detrás del número.
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Fuente: PSICOLOGIAYMENTE. Contenido publicado originalmente por el medio.