En la casa de Denisse Malebrán, cantar era como el agua. Una expresión que cruzaba no solo los almuerzos familiares, sino también las relaciones humanas. “Cuando iba a almorzar los domingos a la casa de mi abuelo, era un concierto”, dice la artista. “Mis abuelos paternos cantaban bien, mi mamá cantaba extraordinariamente bien. Tengo estos recuerdos de que estaba la tele prendida con el Jappening y estaba mi mamá cantando con mi tía Nelly, canciones de Cecilia, de Palmenia”.
La familia materna de la cantante es de la zona campesina de Viluco. Más aún, su madre ofrecía su casa para los ensayos del conjunto folklórico que integraba. Por eso, Malebrán se familiarizó desde niña con la tonada, la cueca, el chamamé y el trote. “Mientras yo estaba escuchando a Cocteau Twins en mi pieza, abajo mi mamá estaba haciendo folklore”, recuerda. “Yo creo que como buen adolescente uno siempre quiere separarse de los padres. Huir rápidamente de lo que ellos son como referente, pero tarde o temprano vuelven y yo siento que esta es la vuelta”.
La vuelta fue en forma de disco. Se llama Amor en la Niebla, y aunque es el sexto trabajo en solitario de la también cantante de Saiko, es en realidad su primera incursión a fondo en la música latinoamericana. Un álbum compuesto, grabado y mezclado durante la temporada invernal, entre mayo y agosto de este año. Pero en la realidad, la artista no tenía en sus planes lanzar nada. “Es lo que me nació nomás, siento que este disco como que se parió solo”, asegura. “No esperaba hacer otro disco este año”.

Todo sucedió a consecuencia de la retroalimentación. Malebrán simplemente empezó a escribir canciones a la guitarra acústica, sin mucho más, prescindiendo de mayores arreglos. Esas se las mostraba a Piero Duhart, el cantante y guitarrista del grupo De Saloon. “Yo le mandaba algo y automáticamente me decía, oye, pero qué lindo esto”. Así se dio cuenta que tenía un set de canciones acústicas que evocaban una sonoridad latinoamericana. “Una vez que ordené en mi mente lo que me estaba pasando emocionalmente, le dije al Piero, ¿tú crees que resulte un disco acústico de esta forma? Y me dijo: ‘yo creo que ya lo tienes’”.
Sin proponérselo, Denisse se encontró con un cuerpo de canciones. Siguió el consejo de Duhart y se reunió con Ignacio Barrientos, actual guitarrista en Saiko y su habitual colaborador en su proyecto solista. Una mañana desayunaron y ella le mostró su material. Así comenzaron a trabajar aprovechando el tiempo que tenían antes de que la banda volviera a la carretera. Pocos días después ya estaban trabajando en los estudios Fresco Fresco y La Salitrera. Un trabajo que sacaron adelante sin demasiada complicación. “Para este disco no hay demos. Todo lo que está ahí son canciones que llegué a grabar al estudio. Son temas que se hicieron desde una toma, muy a la antigua. Casi no hay intervención en nada, porque la verdad nunca pensé que iba a hacer un disco así”.
La influencia y la voz de Duhart también se escucha en Ay Amor, la única canción que evoca una sonoridad más pop en el trabajo. Una decisión contraintuitiva, a consideración de que solo hace unos meses, en julio, Saiko y De Saloon lanzaron Frente a Frente, un tema en conjunto. “De hecho, el Piero no pensaba cantar, solo quería hacer unas guitarras que se le ocurrieron, que era como la parte más country folk del disco y en algún momento le digo, ya bueno, cántalo conmigo”.
El tono latinoamericano del disco se expande hacia otros recovecos. Malebrán explora el lenguaje del bossa nova en Qué pena que no, una canción que de inmediato remite a Insensatez, la clásica pieza de Tom Jobim. “Antonio Carlos Jobim es mi compositor favorito latinoamericano”, dice. “Todo lo que ha hecho, desde Aguas de Marzo, que es lo que la gente conoce popularmente, hasta su trabajo en el jazz y con Frank Sinatra, llevó este ritmo a lo popular. Eso es algo que yo siempre he admirado, cuando los músicos sacan algo desde ahí y lo llevan a otra parte. Y quizás por eso yo también lo traigo hasta acá”.
Algo similar se escucha en Por ti, una canción que se abre y se contrae con sus guiños hacia el tango en un dramático acordeón tocado por Ignacio Hernández. En realidad, Malebrán deseaba tenerlo tocando en el disco, pues se conocen desde la niñez. Precisamente, porque tocaba junto a su madre. “Él es un músico excepcional, no porque toque conmigo, te lo digo porque es así. Él formó la primera academia de acordeón en Chile, siempre le tuve mucha admiración y mucho cariño”, dice. Por eso, al planear la inclusión del acordeón, trazó de inmediato la referencia. “Al tiro me lo imaginé desde el tango. Si yo hubiese sido cantante de esos años, probablemente yo hubiese hecho tango, bolero, tango. Me hubiese encantado dedicarme a cantar ese tipo de música. Pero finalmente lo que quería era darme esta libertad de jugar a contar historias desde otro acento. Lo que nos atrae es que la gente sufra, que sufra de una manera bonita, pero lamentablemente la balada lo diluyó. Siempre he sentido que la balada como que aguó el sentido dramático del romance de los años anteriores. Una cosa como sí, estoy sufriendo, pero estoy sufriendo como con unos arreglos de timbal, una cuestión demasiado grandilocuente y se perdió esa cosa más de cantina del dolor de puerto”.

La artista subraya que este repertorio de alguna forma la reencuentra con una parte de su historia. “Yo igual soy fanática de Sabina, yo soy fanática del Pato Manns, soy fan del cantante que se defiende solo con la guitarra, lo que pasa es que no me había atrevido a hacerlo nomás. Cuando me estaban enseñando a tocar guitarra, ¿qué tocaban mis compañeros en guitarra?Silvio Rodriguez. Eso era lo que sonaba en esos años”.
-Existe un creciente interés en el bolero y la canción latinoamericana. Con la experiencia que tienes, ¿cómo ves ese nuevo interés? ¿Hay efectivamente mejor disposición a escuchar el repertorio?
Cuando veo este boom de estos chicos, que todos podrían ser mis hijos fácilmente, yo me reencanto absolutamente con lo que ellos atrevidamente están haciendo, porque hay un atrevimiento. Es muy punky lo que está pasando hoy en día y yo creo que el padre es El Macha. Me enamora mucho que hayan chicos que hayan logrado encontrar esta música y quieran dedicarse a hacer boleros, de verdad que lo encuentro admirable. Soy súper fanática de ellos. Cuando puedo los voy a ver, me encanta la Milena Antonia, me encanta la Catalina Plaza, para mí es de las mejores voces que existen en la música popular hoy en día, y estoy fascinada con que de verdad hayan querido hacer esta música. Y al mismo tiempo me gusta ver mujeres haciendo otro tipo de cosas; me encanta María y Los Templos, que haya también esta versatilidad de chicas. No todo el mundo quiere ser Karol G, qué bueno que hayan chicas que quieran hacer otras cosas.





