Un equipo de científicos rastreó durante cinco años la salud de adultos mayores pertenecientes a las comunidades indígenas Tsimané y Mosetén, en la Amazonía boliviana, y los resultados fueron inesperados. Menos del 2% de los participantes padecían demencia, una cifra catalogada como “sorprendentemente baja” en comparación con la prevalencia en Estados Unidos y Europa, donde las tasas son entre tres y cuatro veces más altas.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona y la Universidad del Sur de California, hizo un seguimiento a 730 adultos que no presentaban síntomas en su evaluación inicial. Tras un lustro, apenas 22 de ellos desarrollaron la enfermedad, publica Science Alert.

“Esto significa que no se trata solo de que las personas no sobrevivan mucho tiempo después de desarrollar demencia; algo en el estilo de vida de los Tsimané da como resultado tasas de demencia más bajas que las que vemos en los Estados Unidos”, detalló el antropólogo y biólogo evolutivo Ben Trumble.

Los tsimané son un grupo de aproximadamente 17.000 personas que viven de la caza, pesca y agricultura a orillas de un afluente del Amazonas. En tanto, los mosetén (cerca de 3.000 habitantes) mantienen un sistema similar, aunque con mayor acceso a servicios básicos y alimentación en tiendas.

Localización de la población de Mosetén en Bolivia. ( Instituto Max Planck )

Estilo de subsistencia y el bajo riesgo de Alzheimer

La investigación, publicada en la revista científica Alzheimer’s & Dementia, identificó un patrón inusual: la mayoría de los cuadros de demencia documentados en ambas tribus no corresponden al característico desgaste de la enfermedad de Alzheimer, sino que presentan síntomas parkinsonianos ligados a cambios vasculares.

Margaret Gatz, gerontóloga y autora principal del estudio, señaló que “en la mayoría de los tsimané con deterioro cognitivo, el patrón de atrofia cerebral no es típico”. Los expertos teorizan que la casi nula existencia de obesidad, hipertensión y diabetes —factores comunes en países industrializados— actúa como un escudo protector silencioso para la salud cerebral de los nativos.

El misterio médico aún requiere nuevas evaluaciones. Actualmente, los académicos buscan desentrañar cómo interactúan el factor genético, la actividad física extrema y la alta exposición a patógenos para blindar el sistema neurológico. El objetivo a largo plazo es claro: traducir estos conocimientos selváticos en estrategias preventivas aplicables en el mundo occidental.