¿Cómo interactúan los jóvenes en el espacio público de la Ciudad de México? Desde encabezar protestas hasta reproducir expresiones virales, para sociólogos y urbanistas que la juventud haga uso de las plazas y parques para reunirse con amigos o replicar tendencias de internet es, en parte, un acto político y de resistencia frente a una urbe marcada por el aislamiento de las pantallas.

En entrevista con EL UNIVERSAL, el urbanista Guillermo Bernal resalta que muchos de los programas sociales, culturales y deportivos que se generan en la Ciudad están “supercalendarizados” en ferias o Utopías.

“Es lo que rige a la política pública actualmente y carece un poco de espontaneidad y libertad de creación”, señala.

A unas semanas de que se viralizaron las batallas de “farmear aura” —a las que incluso la jefa de Gobierno, Clara Brugada, dio la bienvenida en la capital— el especialista destaca que lo importante de esta tendencia que nació en redes sociales, como TikTok, es que se convirtió en una “forma espontánea de ocupación de los espacios públicos por los jóvenes”.

El gran reto es no perder la espontaneidad de este tipo de expresiones entre los jóvenes, indica experto. Foto: Fernanda Rojas

Explica que si bien la interacción de los jóvenes con el espacio público no es algo nuevo, en este caso particular viene de un contexto distinto, pues implica un salto de las pantallas del celular a las calles de la Ciudad. “Ya no es solamente consumir TikTok o videojuegos, lo que comparten es esta referencia hacia internet que convierte esta excusa para encontrarse físicamente, interactuar y crear comunidad”, dice.

Tras comparar este fenómeno con otro ocurrido hace aproximadamente una década que fue el juego de Pokémon Go, que llevó a los jóvenes a recorrer las calles de la Ciudad para atrapar estas figuras en distintos puntos, Guillermo Bernal destaca que en una Ciudad marcada por la soledad y el aislamiento de las pantallas, salir a bailar y reírse “es algo que celebrar”.

El gran reto, advierte, es no perder la espontaneidad de este tipo de expresiones entre los jóvenes, pues asegura que no se trata de hacer un programa de gobierno institucionalizado para generar estas dinámicas, sino de brindar los espacios y las libertades para que estos movimientos sigan surgiendo en las ciudades.

“No se necesita inventar actividades desde el gobierno, lo que se necesita es reducir las barreras para que las personas, en este caso los jóvenes, pero todas las personas, podamos organizar nuestras propias actividades. Tener espacios públicos disponibles y accesibles: parques, canchas donde se puedan reunir sin tener que consumir”, señala.

Indica que se deben cambiar las políticas públicas de los permisos para actividades pequeñas, es decir, “que juntar 50, 100, 200, 300 personas no implique semanas de trámites: ahí está la clave de la política pública, dejar de decirle permiso y más bien dar aviso.

“Carecemos de muchísima infraestructura básica para poder hacerlo, de baños para mujeres, iluminación, bancas, buen internet en las calles y la programación abierta es superimportante, y no sólo generadas por las instituciones. El Zócalo, por ejemplo, todo el tiempo tiene alguna cosa del Gobierno”, indica.

Para Odiseo Rodríguez, de 19 años, estudiante de Animación y quien a la salida de la escuela se reúne con sus amigos en la Alameda Central, comenta a este diario que para él es importante usar los espacios públicos de la Ciudad para actividades cotidianas como “comer en los pastos y hacer actividades recreativas”, pero lamenta que no existan las condiciones adecuadas en todas partes: “por ejemplo, las ciclovías no se respetan y falta seguridad, es pésima”.

Algunos jóvenes lamentan que no existan las condiciones necesarias para ellos en el espacio público. Foto: Fernanda Rojas

“Los jóvenes estamos saliendo”, subraya al ser cuestionado sobre tendencias virales como la de farmear aura, y lamenta que muchos pasaron tiempo encerrados por la pandemia y apenas se están recuperando los espacios; además, dice, “hace falta ver a más jóvenes afuera de sus casas y menos metidos en el celular”.

Leonardo, de 17 años, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considera que apropiarse del espacio público, es “cualquier cosa”, desde salir a platicar con amigos en las calles hasta hacer uso del mobiliario urbano. “Ahorita está mucho de moda lo de las batallas de aura, pero puede ser cualquier cosa, hasta esperar en una banquita en un parque”.

Movimientos juveniles siempre son políticos

Marcela Meneses del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, señala que es importante diferenciar entre la “dimensión cotidiana” en la que están los jóvenes en las calles, por ejemplo, al realizar actividades deportivas en canchas; de otro tipo de acciones más organizadas o colectivas, como pueden ser mítines.

“Puede ser a través del deporte, hay un fenómeno reciente que son, por ejemplo, las fandom de K-pop que se congregan en el Monumento a la Revolución o en la Zona Rosa, se congregan para ensayar las coreografías de sus grupos favoritos”.

Considera que si bien este tipo de actividad no es disruptiva e, incluso, puede ser menos evidente, es otra manera de ocupar el espacio público de la capital.

Por su parte, César Rebolledo González, investigador de la Universidad La Salle y especialista en Ciencias Sociales, señala a esta casa editorial que los movimientos juveniles “siempre son políticos”, pues se trata de luchas por el reconocimiento en el espacio público; por ello, considera que independientemente de si existe o no la invitación de una figura política, las expresiones de la juventud deben considerarse políticas.

“Este tipo de expresiones están dando una serie de mensajes que es necesario decodificar, creo que lo que está en juego es que hay una especie de teatralidad ante lo absurdo; es una manera de habitar en la farsa en estos tiempos de visibilización”, explica.

El especialista considera que de manera histórica, las juventudes han manifestado rupturas de orden simbólico.

“Lo que podemos observar con estas resistencias adultas es precisamente que los jóvenes están de alguna manera politizando el deber ser; haciendo evidente la necesidad de ocio y la necesidad de espacios donde el hedonismo esté presente”, indica.

Rebolledo González, señala que lo que llamamos “apropiación del espacio público” es siempre de orden simbólico, un concepto que sirve para entender la situación de exclusión de ciertos grupos y, en este caso, obliga a repensar hasta qué punto los jóvenes encuentran en las instituciones espacios acordes a sus propios intereses.

“La apropiación simbólica de los espacios siempre se ha dado y no se hace a partir de mandatos o instrucciones políticas”, precisa el investigador.

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