Desde hace cinco días, la madre de Wilber Garcés Pérez, Flor Pérez, ha tenido la tensión arterial alta y dolores de cabeza de saber que su hijo está detenido, todavía con la bala en la espalda que le disparó un agente migratorio el domingo. Al mismo tiempo, busca explicaciones que darle a su nieto de siete años, que insiste en que quiere hablar con su padre.

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